El desmayo es una suspensión del yo. A eso hay que aspirar en la escritura, aunque se hable en primera persona.
El desmayo es una suspensión del yo. A eso hay que aspirar en la escritura, aunque se hable en primera persona.
“La realidad es que más dispositivos digitales equivalen a menos tiempo para concentrarse y, por supuesto, para pensar”.
“La democratización de la sociedad pasa también por otorgar verdadero rol ciudadano a quienes tejen sus vidas en los enclaves urbanos”.
La Isla de los Palestinos en el Golfo de América: Gaza convertida en balneario y Cuba en un condado de Florida.
Es agosto y el sol del mediodía seca la sabana con una luz blanca. El último vagón del tren se aleja por las vías.
La música de nuestro himno no tiene tambores batá, ni décimas guajiras, ni claves afrocubanas. Es una marcha europea. Blanca. Neoclásica.
Si me dieran a escoger entre haber sido un vástago de Rockefeller o la piedrita en el zapato que fue Ida Tarbell, ya se imaginan qué preferiría.
Una conversación con Víctor Hugo Pérez Gallo.
Tu erudición sin ética la enterraremos contigo: entérate a tiempo, Silvio, ahora que ya casi te estás yendo y sin pedirnos perdón.
Una lectura de El compañero que me atiende (Hypermedia, 2017).
El planteamiento de Trump pasa por gravar las cuantiosas dotaciones de las universidades privadas, inspirándose en su ley fiscal de 2017.
El castrismo existe antes de Fidel Castro, en la consagración de la teleología revolucionaria martiana desde fines del siglo XIX.
Eso no asegura que los gusanos no se darán el banquetazo, y más si vives en una isla enclenque y azotada por la mezquindad, la ruina y la pobreza.
Los civiles comienzan la evacuación de Gaza a Egipto tras los intensos bombardeos israelíes. Un acuerdo mediado por Qatar ofrece un atisbo de esperanza a la crisis.
La ONU exige un alto el fuego inmediato en Gaza; mientras, las relaciones entre Estados Unidos e Israel se tensan cuando Biden critica las tácticas israelíes.
No habrá solución sin desarrollo de los derechos humanos, la inclusión sociopolítica, el Estado de Derecho y un contexto internacional favorable, por medio de la distensión y el diálogo. A la vez todo esfuerzo fracasará sin la participación decisiva de la ciudadanía.
Desde el comienzo de este milenio, la Bienal es solo un nombre: se hace cada tres años o más, según dicten los títeres subordinados al Consejo de Estado y a sus manos “ocultas”, hoy visibles.