La L de lengua. La L de locos. La L de labios. La L de lamentación. La L de ʻlárguenseʼ.
La L de lengua. La L de locos. La L de labios. La L de lamentación. La L de ʻlárguenseʼ.
El índice de infectados con VIH-SIDA ha tenido en Cuba una tendencia al aumento en los últimos años, la cual no parece frenar.
Saúl Manuel (La Habana, Cuba, 1977) es músico, compositor y cantante. Combina su creación musical con el activismo en redes sociales. Vive exiliado en Miami.
La Fundación Ludwig y sus acólitos devienen en objeto de monitoreo del estado de los derechos culturales en Cuba.
La pujanza íntima de su obra, su estilo, esta magnífica fusión de sabiduría ancestral y conciencia contemporánea.
Lo que debes saber sobre las vacunas y el autismo, según el Centro de Educación Vacunal del Hospital Pediátrico de Filadelfia en 2019.
Existía en La Habana un espacio donde una mujer abría a cualquier hora las puertas de su pequeña casa para recibirnos a todos.
Estos tipos son como una tropita de choque, una avanzada de vanguardia para partirle las patas al ángel Orlando Luis. Para reventarle las bolas al demonio Pardo Lazo.
Este régimen me ha convertido en una mala persona, motivada por la venganza y los pensamientos más turbios. En un enemigo del perdón.
¿Son los reparteros cubanos los herederos de los negros curros, representantes especiales de ese proceso espectacular que es la transculturación?
Las autoridades revelan que los procesos de ‘parole’ para inmigrantes de Cuba, Haití, Nicaragua y Venezuela han reducido la migración irregular en un 89%.
Debido a la falta de educación cívica, el deterioro de la cultura, y la escasez en la Isla, llegar a Miami produce un desenfreno de consumismo y un deseo desmesurado de enriquecerse.
CARICOM insta a Cuba a enviar “cascos azules” a Haití bajo el auspicio de la ONU, con financiamiento parcial de EE.UU.
Nicaragua se encamina hacia la dictadura mientras el presidente Ortega y la vicepresidenta Murillo aprietan el cerco, subvirtiendo la democracia con la economía bendecida por el FMI.
Lloro porque hay un futuro en el que podremos regresar al arroz desgranado de nuestras madres, a los mambises descamisados y negros, a la Cuba judía y musulmana, a la conga donde no manda el CENESEX, sino la latica y el palo de mis primos más pequeños, mientras los mayores pueden, al fin, vivir de su salario. Lloro porque, en tierra orisha, se está arrimando un día de sol.
“Veo a mi generación como la de la resistencia, aquella que desde la más absoluta oscuridad del Periodo Especial, supo hacer florecer un arte nuevo, auténtico y vigoroso. Una generación que tuvo que tragar en seco y aceptar que es difícil, casi imposible, transformar nuestra realidad política y social desde el arte”.