Luz Escobar es periodista y fotógrafa. Durante su trayectoria, ha recibido múltiples reconocimientos, incluido el Premio Libertad de Prensa del diario español ‘El Mundo’.
Luz Escobar es periodista y fotógrafa. Durante su trayectoria, ha recibido múltiples reconocimientos, incluido el Premio Libertad de Prensa del diario español ‘El Mundo’.
Datos de la Oficina del Censo revelan un aumento significativo de la inmigración, lo que la convierte en el factor clave para el crecimiento global de la población de Estados Unidos.
El aumento de los cruces ilegales por la frontera sur desafía las políticas estadounidenses, mientras el Congreso y la Casa Blanca estudian importantes límites al asilo.
“Nuestros hijos nos salvan; desde nuestros pedazos, nos rehacen”.
“La patria existe donde esté mi hijo, donde estén él y mi esposa, donde la angustia sea expulsada por el cariño y la paz”.
Nos enfrentamos a una paradoja inquietante: mientras que la ciencia nunca ha sido tan accesible, la desinformación y la incultura científica proliferan.
Viajar, también, es perder. Abandonar lo último que las manos de tu madre han tocado.
Los cubanos hemos experimentado una mutilación silenciosa y sostenida, que uno viene a descubrir totalmente cuando el estupor se ha disipado.
No hay puentes sanos. Se ha hecho inconcebible el diálogo entre Ana de Armas y los cubanos.
Nada más revolucionario que la literatura de los marielitos en el sentido más esencial del término, más radical, más rebelde. Porque Mariel más que un grupo de escritores con una estética o historia común, es una actitud.
Estos son los cambios vitales y urgentes que necesita el pueblo ahora, por justicia y para impedir que se siga consumando el cambio fraude.
La escena del árbol con Carlos Massola y Mariana Alom tiene menos de dos minutos en pantalla y tardó seis días filmarse debido a la luz.
Como en el final del cuento “El muñeco” de Virgilio Piñera (durante décadas censurado por Virgilio Piñera en Cuba), los cubanos aguardamos ahora estúpidamente ser despedazados por las manos de nuestra propia inocencia.
“En la biblioteca de la Casa de las Américas había un cuaderno colgado de un armario con un lápiz incluido. Allí debían anotar su nombre y sus datos los que quisieran leer ‘Tres tristes tigres’”.