La desintegración del orden internacional tiene una causa tan simple como profunda: los Estados-nación no caben en el espacio digital.
La desintegración del orden internacional tiene una causa tan simple como profunda: los Estados-nación no caben en el espacio digital.
Carlos González Arenal (La Habana, Cuba, 1970) es director de cine, guionista y fotógrafo. Ha dirigido y escrito cortometrajes y documentales. Reside en Madrid.
Zelenski parece perfectamente adecuado para la alta concentración de poder y la arbitrariedad en la toma de decisiones que son intrínsecas al liderazgo en tiempos de guerra. ¿Pero qué pasará cuando regrese la paz?
La Revolución es tan grande que, en oportunidades de absoluta obnubilación, llega uno a la ausencia de lastre. Eso se llama ingravidez.
Cómo la URSS recurrió al comercio en la sombra y al espionaje industrial para eludir las sanciones occidentales.
Hay algo profundamente violento en un maniquí moderno.
La gente de ‘la cultura’ suele ser estúpidamente esnob y, mucho más, cierta izquierda latinoamericana que sufre complejos de inferioridad.
Lo que llamamos ‘pasado’ son nuestros recuerdos. Lo que llamamos ‘futuro’ son nuestros deseos.
La líder opositora Svetlana Tijanóvskaya analiza la oposición democrática de Bielorrusia y lo que necesita para ganar.
Capítulo 3
Patio interior del Ministerio de Cultura. Patíbulo intimidatorio del Ministerio del Interior: espacios estériles para Orlando Luis, metáforas miserables del Ministerio de la Verdad.
Lo que más trabajo le dio fue conseguir que la considerara su discípula más aventajada en la Stasi, alguien en quien tuviera resonancia su lucha a muerte por la Causa.
La relación de Lezama con la joven cultura revolucionaria fue compleja. Concibió la absurda idea de que la destrucción revolucionaria del Antiguo Régimen de la cultura cubana no implicaba por fuerza su propia destrucción.
La lectura es la forma en que un escritor escoge sus prioridades, las califica y establece. Independientemente de los dictámenes de la academia, los vaivenes de la fama, las opiniones de los críticos y las regulaciones del tiempo.
Esto sí es teatro del absurdo. Andar peleados entre cubanos por una ideología cuyos objetos, además, son sublimes, no empíricos.