En las costas donde se siembra el mangle rojo, / no hay agua dulce. / Cada vez que llega el agua dulce, en una barcaza,/ hay una fiesta.
En las costas donde se siembra el mangle rojo, / no hay agua dulce. / Cada vez que llega el agua dulce, en una barcaza,/ hay una fiesta.
El evangelio de un béisbol que es patrimonio de nuestra nación desaparecida.
En medio de la intensificación de los ataques aéreos contra Gaza, Israel libera a dos rehenes estadounidenses retenidos por Hamás, lo que aumenta las tensiones.
“Es el territorio del zahorí. Hace muchos años yo quise formar parte de ese mundo y me entregaron un péndulo”.
“No estamos aquí para hacer un estudio general de la prostitución intelectual; sino para denunciar la represión”.
El Confidencial: “La buena y la mala suerte siguen contando más en nuestras desgracias que los —a menudo— ilusorios sistemas de prevención”.
Gaztelu, el llamado “cura de Orígenes”, que había tenido numerosos contactos con los ‘barbudos’, era de los que apostaban por mantener el apoyo al gobierno revolucionario.
¿Por qué, a pesar de la popularidad de algunas de sus narrativas, Rusia ha fracasado en su guerra informativa contra Occidente?
“Cuba se ha plegado excepcionalmente a los designios del Kremlin, en busca de un socio clientelista de mayor peso financiero ante la crisis multifactorial que padece”.
Thomas Ligotti: una figura oscura e inquietante, alguien que se ha agazapado en las sombras durante décadas y comienza a emerger ahora como uno de los artistas indispensables para la comprensión del pensamiento contemporáneo.
Últimamente tengo el cuerpo cubierto de morados, heridas, postillas, dolor de huesos torcidos. Mientras estuve contigo no tuve ni un solo morado que mostrar. Un dolor tan profundo y ni huella en la superficie. Nada.
Desde el comienzo de este milenio, la Bienal es solo un nombre: se hace cada tres años o más, según dicten los títeres subordinados al Consejo de Estado y a sus manos “ocultas”, hoy visibles.
“Los cubanos de Miami, toda esa primera generación de la emigración, iban a ver qué hacía la hija de Elena Burke, porque a ella era a la que conocían. Iban comentando, seguro que no va a ser tan buena como la madre”.
El crítico de arte, lo mismo que cualquier otro intelectual de la cultura, ha de ser a la vez un animal reaccionario y revolucionario, viviendo en el límite, por fin, entre el instinto de conservación y el placer por la tragedia.