No existe otra parte del cuerpo que pueda causar tantos sentimientos encontrados.
No existe otra parte del cuerpo que pueda causar tantos sentimientos encontrados.
Alejandro Taquechel (La Víbora, Cuba, 1982) es fotógrafo. Su obra investiga la huella poscomuista. Vive exiliado en Miami.
La frontera sur estadounidense registra una afluencia récord de inmigrantes, lo que enciende las disputas políticas y domina el discurso de los medios de comunicación.
Las viejas estructuras de las escuelas Pías se resisten a desaparecer bajo las capas de la desidia en que la isla sucumbe.
Uno de los títulos de este año es sin duda ‘Cuchillo. Meditaciones tras un intento de asesinato’ (Random House, 2024), de Salman Rushdie.
En una de esas tardes de desesperación, la profesora me comenta la decisión: “Abandonaré el país, lo estoy vendiendo todo”.
Juanita Castro ha salido de su farmacia. Las turbas que suenan trompetas en las calles de la Ciudad la han sacado de su ensueño. Es una Bella Durmiente a quien sólo despierta, de vez en cuando, el hedor de un cadáver.
Había que mirar muy a fondo en mi primera casa norteamericana para descubrir que formaba parte de un sueño, el llamado “american dream”.
Thais Pujol Acosta (La Habana, 1970), es una activista y consultora que ha dedicado gran parte de su vida a la lucha por la libertad y los derechos humanos en Cuba.
“La codicia, la obsesión con las apariencias, y la soledad, definen una gran parte de la experiencia contemporánea. Y ni los políticos, ni la tecnología, ni la academia vienen al rescate. Y no vienen al rescate en parte porque lo que necesitamos es un espejo, y los espejos no surgen de esos orígenes”.
Estoy trabajando en una propuesta audiovisual donde confluyen dos elementos discordantes: un dron y la Plaza de la Revolución. En esta, la noche es el espacio que engendra ficciones. Escribo pequeños textos sobre las piezas, buscando captar más la vibra del proceso que la descripción en sí.
La batalla marcada aquel 27 de noviembre del año más infame que hemos vivido, es la primera gesta auténtica de mi generación, y encontrará otra vez la fuerza allí donde la Revolución hace tiempo no fija su esencia: entre la mayoría fatigada y silenciosa que incuba un pensamiento impredecible.
Un día llegaron unos jóvenes con nuevas ideas, con ganas de cambiarlo todo. No traspasaron la cerca, pero así y todo eran un peligro. Estaban en contra del maltrato animal, y rechazaban cualquier tipo de abuso de género. Representaban, en fin, todo lo contrario a lo que el jefe había establecido en su terrenito.