Hombres con sus cuerpos flotando sobre balsas. O expuestos al sol, con el trasero al aire, en duchas.
Hombres con sus cuerpos flotando sobre balsas. O expuestos al sol, con el trasero al aire, en duchas.
La selección nacional de Rusia bate un récord al derrotar a Cuba por 8-0 con ocho goleadores diferentes, un acontecimiento inédito en el fútbol ruso.
En nuestras latitudes, tales maravillas botánicas son hijas del descuido y la desidia, que no del esfuerzo mancomunado o la mano de obra esclava.
El ODC denuncia el grave daño que significa para la cultura, la reescritura a conveniencia de la historia nacional.
“Ciento setenta y dos años parecen ser mucho tiempo para mantener vivo el recuerdo de una persona”.
Por la puerta-Mishima, el agujero negro-Mishima, entré al mundo del “lacio” erotismo japonés.
Mientras los avances científicos redefinen los límites de lo posible, el negacionismo científico crece como un fenómeno preocupante.
Capítulo del libro: ‘Rusia: el regreso de la potencia’, de David Teurtrie (Hypermedia, 2024).
¿Qué sucedió realmente el sábado 10 de octubre de 1868, una fecha clave en la historia cubana?
Camila Acosta (Isla de la Juventud, 1993) ha experimentado en carne propia casi todas las estrategias represivas que el gobierno cubano despliega contra los que intentan practicar un periodismo libre de ataduras ideológicas en la isla. A pesar de todo, apuesta por quedarse en Cuba y seguir trabajando en la prensa independiente.
¿En qué piensas? ¿Quién le teme a la lluvia? ¿Cómo te lleva la vida? ¿Cómo se está ahí en el campo? ¿Y qué haces ahora? ¿Eres feliz? ¿Sabes si la Revolución te quiere?
“El teatro te da libertad para vivir, para hacer, para decir, para sentir. Me interesa sobre todo porque hace que uno se cuestione y hasta cierto punto cambie. Es un medio para canalizar las cosas más viscerales. Esa comunicación que se genera entre el actor y los espectadores, cuando hay un mensaje concreto, es vital”.
Sentada en una habitación sin ventanas, leo una novela que dispone, desde la crueldad doméstica, la violencia primitiva de los sistemas afectivos y políticos. ‘Clausewitz y yo’, de Carlos A. Aguilera, suena como si existiera una banda punk astrohúngara que actualizara la obra de Edmund Burke.