Columnas publicadas por el escritor Julio Trujillo (1969-2025) en mayo y julio de 2024, en su sección “Entre paréntesis” del periódico ‘La Razón’.
Columnas publicadas por el escritor Julio Trujillo (1969-2025) en mayo y julio de 2024, en su sección “Entre paréntesis” del periódico ‘La Razón’.
Me levantó la saya y metió la mano por un costado del blúmer, directo a la vagina.
A veces, el socialismo parece ser sólo una larga lista de todo lo que no puede hacerse.
TikTok no es un lugar para conectar con otros. Es un sitio donde perder el tiempo.
“Mana, me voy del país. Venderé la casa con todo adentro. Haré la travesía hacia los Estados Unidos. Ya no resisto más…”.
El entramado de la prostitución trasciende al mero trabajador sexual para terminar involucrando a toda la sociedad.
Un halo de tristeza y esperanza para aquellos que se encuentran en la Isla y quienes han buscado un futuro allende los mares.
Sólo dos detalles han impedido que el presidente cubano Miguel Díaz-Canel sea un invitado de honor en el Congreso estadounidense.
Ahora que se divisan vacunas en lontananza, acaso una candileja al final del túnel, he regresado con energías renovadas a mi novela en proceso, cuasi lista desde los tiempos inmemoriales. Ya no me atrevo a anunciar que la daré por concluida en el transcurso del presente año. Ay, amiguitos, si solo dependiera de mi voluntad…
Concluida su fase institucional, el movimiento MAGA se revela como lo que siempre ha sido: una apelación a la violencia. Para darle visos de legitimidad, el escenario que presenta es una ficción distópica, un mundo posdemocrático y totalitario donde ellos son víctimas, en tanto han sido privados de libertad de expresión.
“Creo en las ciudades, pero no en los estados-nación. Cuba es solo un paso más en una jerarquía que incluye a San Nicolás de Bari, el Caribe, Latinoamérica, el planeta Tierra. Y no es que no sea importante ser de Cuba, pero en lo que respecta a mi trabajo, tiene la misma significación que el hecho de llamarme Yonlay”.
Yo no podía y no quería volver a Cuba, y no me iban a admitir después, ni aunque quisiera. Así que, cuando me fui, sabía que no volvería más. Ya sabes que tienes que adaptarte a lo que sea, con más razón si tienes un pasaporte que, donde quiera que te pares, dice que eres un exiliado político.