Un avance sin precedentes en la comprensión del cerebro.
Estados Unidos se enfrentará a otro examen en Ginebra durante la reunión del Comité de Derechos Humanos sobre el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP).
El conflicto entre Israel y Hamás está reconfigurando el panorama del poder mundial, ofreciendo a Rusia y China una ventaja en medio de las distracciones de Estados Unidos.
WSJ: “El casi atentado en el mitin de Pensilvania es milagroso y podría ser un momento político redentor”.
POLITICO: “Los republicanos predicen que el tiroteo en el mitin de Trump facilitará el camino a la Casa Blanca”.
“Estas son las reacciones después de que Donald Trump recibiera un disparo en la oreja durante un mitin de campaña en Pensilvania el sábado”.
“Un espectador del mitin murió y dos resultaron heridos de gravedad en un ataque calificado de “enfermo” por el presidente Joe Biden. El autor de los disparos ha muerto”.
CJR: “‘Ahora tendremos que ir a buscarte personalmente, y sabemos exactamente dónde encontrarte’. El mensaje iba acompañado de una foto y un vídeo”.
“No pierdo la calma. Encontraré una de las nueve puertas. Luego, la estación. Luego, cuando llegue a Orte, el próximo tren. Y cuando ya esté en Assisi, la basílica”.
Una lectura de Un buen tío. Cómo el populismo y la posverdad liquidan a los hombres’ (Ariel, 2018), el último libro de Arcadi Espada.
Al final de una mañana de 1966 Calvert Casey llegó, probablemente desde Budapest, a la estación de trenes de Ginebra donde lo esperaba su amigo Juan Arcocha. Calvert iniciaba un último exilio que, como es sabido, terminaría con su suicidio en Roma.
Hay días, como hoy, en que me pesa más que otros la omnipresencia de mi Sombra. Esa mirada fría posada perennemente sobre mí. Ese atentado constante a mi intimidad.
Fragmento de la novela inédita ‘La sombra romana’, de Juan Arcocha (1927-2010).
Últimamente tengo el cuerpo cubierto de morados, heridas, postillas, dolor de huesos torcidos. Mientras estuve contigo no tuve ni un solo morado que mostrar. Un dolor tan profundo y ni huella en la superficie. Nada.
Desde el comienzo de este milenio, la Bienal es solo un nombre: se hace cada tres años o más, según dicten los títeres subordinados al Consejo de Estado y a sus manos “ocultas”, hoy visibles.