Las cuatro últimas palabras que papá me dijo, nunca se las había escuchado en cuarenta y dos años: “Vete al carajo, hijo”.
Las cuatro últimas palabras que papá me dijo, nunca se las había escuchado en cuarenta y dos años: “Vete al carajo, hijo”.
De las hábiles manos de Nicolás no sólo salían las piñatas para los cumpleaños de todos los chamas de la cuadra, sino también, ¡maravilla de maravillas!, modelos en madera de barcos y aviones, a escala y con lujo de detalles.
‘Distintos modos de contar ovejas’ es una entrega de la serie ‘Epizootia’, una columna de la artista Camila Ramírez Lobón en ‘Hypermedia Magazine’.
¿Es el desorden en Los Ángeles un hecho aislado? ¿O estamos ante el inicio de un verano de disturbios y represalias por parte del presidente Donald Trump, que no tiene paciencia con…
Pienso en los estudiantes. Pero no en los universitarios cubanos, faltaría más.
Serguéi Karagánov, director del Consejo de Política Exterior y de Defensa, suele ser presentado como el principal arquitecto de la política exterior rusa.
“¿Crees que la Revolución va a seguir permitiendo que vivas sin trabajar, escribiendo a máquina el día entero con la pinga parada?”.
La cirugía se transformó en un montón de complicaciones. Pasados varios meses, me llamaron como consultor para tomar una decisión terapéutica.
Cómo Trump saca provecho de su presidencia con criptomonedas, negocios familiares y alianzas extranjeras.
“Villa Marista es casi imposible de describir, es un sitio con características paranormales, pues precisamente está hecho para que no pueda ser descrito e ilustrado. En eso radica la tortura psicológica, en ello radica su especificidad controlada, en no dejar huella, no dejar rastro”.
Cuando empezaron a salir mis primeros pelillos, mi madre tuvo una seria conversación conmigo: “No te los toques porque te van a salir más y, sobre todo, no los afeites. Mira lo que le pasó a tu prima: se afeitó y ahora está cerrada en barba”.
Hay que advertir que, tras las protestas del 11J, quedó claro muy pronto que la delincuencia, la marginalidad, la indecencia y el anexionismo, para el Estado, tenían una geografía: la de los barrios.