“El opio es el mejor desayuno para no sentir el impulso de llorar por la luz que no ha llegado”.
“El opio es el mejor desayuno para no sentir el impulso de llorar por la luz que no ha llegado”.
El cartel de peleas contará, entre otros, con talentos como los medallistas mundiales Bazhamov y Abbasov, y los campeones olímpicos La Cruz y López.
Prorrogar la tregua en Gaza es una prioridad. Los mediadores presionan para que se produzcan más canjes de rehenes, equilibrando las necesidades de seguridad de Israel con la crisis humanitaria.
La victoria de Donald Trump ha dejado consternado a muchos que, desde distintas zonas del espectro político, lo denunciamos como un agitador con irreprimible vocación autoritaria.
Oscar Grandío Moráguez es historiador y politólogo. Autor, entre otros, del libro, ‘Mejor no me callo. Notas ante una transición en Cuba’ (Hypermedia, 2024).
“Puede que no nos dirijamos hacia un colapso general, sino hacia una época tan horriblemente estable como los imperios esclavistas de la antigüedad”.
No estoy incitando al pueblo hastiado de tanta miseria a armarse. Aunque, pensándolo bien, ¿y si cada cubano se construyera una…?
La locura es un territorio al que han sido desterrados millones de seres divergentes del constructo cultural conocido como “normalidad”.
Ya mi país-hogar, tal como lo recordaba, se esfumó. También emigré, aunque mi cuerpo permanezca.
La obra filosófica de Jorge Mañach tuvo su mejor momento entre mediados de los 40 y principios de los 50, cuando su permanente intervención en la vida pública de la isla, tan intensa durante las revoluciones de los 30 y los 50, fue menos protagónica. En esos años el pensamiento de Mañach se acercó más propiamente a una articulación filosófica profesional, sin una apuesta sistemática que, como veremos, era una renuncia básica de su proyecto de saber.
El esfuerzo decisivo de 1969 es el verdadero poema. Al decir poema quiero decir maldición.
“El mundo de los NFT también es una sociedad. Por cierto, mucho mejor que la del mundo tradicional”.
Solo plantearse la pregunta de si un acontecimiento de arte organizado por la institución —dígase Gobierno en este caso— debería suceder en medio de la violencia que esa misma entidad aplica sobre sus ciudadanos, es suficiente para negarlo.
“
El curador es un proyectista de puentes que proporciona un acceso creativo. Es un negociador y su arma fundamental es su estrategia, mientras que el artista es lo inesperado”.