Sin embargo, sí hay un Castro en quien te reconozco. Te hablo de Sandro Castro, que al igual que tú, ‘my President’, es un malentendido.
Sin embargo, sí hay un Castro en quien te reconozco. Te hablo de Sandro Castro, que al igual que tú, ‘my President’, es un malentendido.
Los días de San Valentín de hoy, no son los mismos de antes, en La Habana del asombro, en La Habana-regazo.
Esta coalición incluye a Rusia, Corea del Norte (RPDC), Cuba, Irán, Siria y Venezuela, países bajo sanciones económicas y políticas, especialmente de Estados Unidos y la Unión Europea.
“Donde antes había mártires, hay cuadros de ‘Hello Kitty’. Donde antes había discursos épicos, hay suspiros”.
La compañía presenta seis obras de Tennessee Williams que exploran la represión, la soledad y la fragilidad humana.
Un viaje a La Habana en 1997 revela una isla de contrastes, donde la vida cotidiana desafía tanto el mito como la propaganda.
Fue testigo de una época sin testimonios y enfrentó el cáncer que lo mató con su habitual sarcasmo.
La defensa del acceso a Internet no es solo una demanda técnica; es una batalla por el derecho a pensar, crear y disentir en libertad.
Al movilizar unilateralmente a la Guardia Nacional, Trump apuesta por la fuerza para sostener su agenda migratoria, a pesar de las consecuencias.
‘Plaza sitiada’ es un libro exasperante: no se sabe dónde termina la ingenuidad y dónde empieza el cinismo.
“La presencia en Latinoamérica se constituye mediante la experiencia vital. Aquí, el ser es un acontecer, un estar. Una experiencia que no sólo se vive, o precisamente porque se vive, se siente y se piensa”.
Entre una Habana tan singona y despatarrada como la de ahora mismo y el netsuke shunga hay una distancia cada vez más corta.
La exposición del pene del hombre negro resulta ya una especie de ritual en el que su imagen no logra liberarse del mito racista.
Imaginar que nunca hubo Revolución, por ejemplo, en aquel paisajito incivil en el que cada cubano era feliz durante sus quinquenios de fama. Olvidar el 11 de Julio para redescubrirlo, por fin, en toda su majestuosidad magnicida.