“Al siguiente día de mi primer encuentro y conversación con Reinaldo Arenas, llegué a la casa de la doctora Elia Calvo de Stalin”.
“Al siguiente día de mi primer encuentro y conversación con Reinaldo Arenas, llegué a la casa de la doctora Elia Calvo de Stalin”.
Mientras Kcho se codea con la curia pontificia, en Cuba hay artistas presos por intentar ejercer su creatividad y sus derechos.
Hamás libera a un tercer grupo de rehenes en un intercambio con Israel, mientras Estados Unidos espera una prórroga de la tregua en medio del actual conflicto de Gaza.
Oscar Grandío Moráguez es historiador y politólogo. Autor, entre otros, del libro, ‘Mejor no me callo. Notas ante una transición en Cuba’ (Hypermedia, 2024).
“Puede que no nos dirijamos hacia un colapso general, sino hacia una época tan horriblemente estable como los imperios esclavistas de la antigüedad”.
No estoy incitando al pueblo hastiado de tanta miseria a armarse. Aunque, pensándolo bien, ¿y si cada cubano se construyera una…?
La locura es un territorio al que han sido desterrados millones de seres divergentes del constructo cultural conocido como “normalidad”.
Ya mi país-hogar, tal como lo recordaba, se esfumó. También emigré, aunque mi cuerpo permanezca.
No hay peor astilla que la del mismo garrote. Y después se preguntan por qué las campanas han doblado por Trump.
A propósito de la lectura de Juan Manuel Tabío de Los años de Orígenes, de Lorenzo García Vega.
Celebrar una bienal de arte organizada por un Ministerio de Cultura que es cómplice del miedo y la represión es una gran pantomima.
Mi tío, Herminio Pérez, lo dio todo por la Revolución, hasta la vida. En realidad, si me da por ponerme específica, la Revolución le reventó la vida a patadas.
Que Dios perdone a los artistas que separen el arte de la vida y la vida en sociedad es política, es condición humana, es solidaridad. Apoyar la Bienal es vetar y obviar el sufrimiento de los cubanos.
Las narrativas a propósito del 11J destilan el fervor de las manifestaciones, la crudeza de la represión que les sucedió, la fragilidad de los cuerpos participantes; pero, ¿dónde ubicar lo humano en ese contexto?, ¿qué lugar otorgar a los derechos?