La pérdida de otra vida en la más absurda cotidianidad de una nación sin rumbo y sin destino.
La pérdida de otra vida en la más absurda cotidianidad de una nación sin rumbo y sin destino.
En nuestras latitudes, tales maravillas botánicas son hijas del descuido y la desidia, que no del esfuerzo mancomunado o la mano de obra esclava.
El Vaticano bloquea las propuestas de los obispos alemanes sobre la aprobación de las relaciones homosexuales y la ordenación de mujeres sacerdotes, reafirmando las doctrinas tradicionales.
“Una protesta contra la dictadura autoritaria de un sistema anacrónico y contra el mundo libre y su demagógico discurso de ‘igualdad, libertad, fraternidad’”.
“Una de las cuestiones más interesantes fue que el profesor culminara su disertación afirmando que nuestro país no había sido fruto de un proceso de conquista, sino solamente de la transculturación”.
Desde el momento de su muerte, como un desprendimiento total, categórico y nacional, una frase inundó el ambiente: “Yo soy Fidel”.
… es una ollita de presión: / el que entra duro se ablanda, / el que entra blandito se desbarata…
Cuánto desamor. El que se pira se convierte en una definida indefinición.
En Cuba, la política cultural es vista e instrumentalizada como una extensión de la administración social y para el mantenimiento del orden político.
Legna Rodríguez Iglesias lee a Lleny Díaz.
A propósito de la publicación del poemario Se miran los caballos (Hypermedia, 2018).
¿Cómo un país que se ha preciado de poseer cifras oficiales de educación formal elevadas ha podido generar líderes con actitudes públicas y privadas tan lamentables, que se reflejan en los resultados de su pobre accionar gubernamental?
“Cuba es un gran limbo, un no lugar. Una especie de zona franca donde las leyes físicas funcionan con otra dinámica. Una anomalía”.
‘Ulises’, como ya se ha dicho, es el laberinto de una ciudad, una mente y un corazón. El laberinto de una persona que ama. Y es, además, Molly Bloom: la mujer que dice, al final de la obra: “sí quiero sí”.
Vernos ella y yo sigue siendo (aunque haya dejado de serlo, porque logramos vernos en Madrid) imposible. Una imposibilidad que dejó de ser lezamiana para ser, como cualquier palabra, solo lo que significa.