El muy parcial enfoque que se alienta desde los olimpos culturales hace dudar de la sinceridad del remordimiento blanco.
El muy parcial enfoque que se alienta desde los olimpos culturales hace dudar de la sinceridad del remordimiento blanco.
Como en 1958, este 2023 los cubanos nos enfrentamos a un año nuevo distinto. En la mayoría de los hogares de la Isla, flota una tristeza y una desesperanza que no se vivió ni en los peores momentos de los 90.
El líder opositor ruso Alexey Navalny, fue localizado en la prisión “Lobo Polar”, tras tres semanas desaparecido.
Un halo de tristeza y esperanza para aquellos que se encuentran en la Isla y quienes han buscado un futuro allende los mares.
Sólo dos detalles han impedido que el presidente cubano Miguel Díaz-Canel sea un invitado de honor en el Congreso estadounidense.
Deberíamos dejar a los basureros que nos gobiernen: peor que la actual dirigencia del país no lo van a hacer.
Esperar que a partir del 20 de enero las aguas vuelvan a su nivel y la retórica de perros ladrándose patio de por medio vuelva a ser lo corriente.
Me digas lo que me digas, baile contra quien baile, yo siempre voy a subir la apuesta y a trastocar la lógica del juego, maldita sea.
Una movida hueca, que sólo refuerza el trágico ciclo de las relaciones EUA-Cuba.
A propósito de En un rincón del alma, (Jorge Dalton, 2016), documental sobre el escritor Eliseo Alberto.
“Mi pregunta al próximo invitado sería: ‘¿dónde vive?’. A partir de ahí tendría otras preguntas. La pregunta al artista es: ‘¿Por qué sigue en Cuba?’.
Según Michael Gil, él no es más que un guerrero al servicio de la música, un ‘soundmurai’ para quien la única manera de saber a dónde lleva el camino del arte es caminándolo.
“Emprender es apostar por algo que se quiere o se necesita hacer y que casi siempre implica un cambio”.