El pasado 25 de septiembre de 2026, en el edificio del Estado Mayor del Museo del Hermitage, en San Petersburgo, los ministerios de Cultura de Rusia y Cuba firmaron el protocolo correspondiente a la sexta sesión del Grupo de Trabajo sobre Cultura y Deporte de la Comisión Intergubernamental bilateral. El documento fue suscrito por los viceministros Andréi Málishev y Lizette Martínez Luzardo en el marco del XII Foro Internacional de Culturas Unidas, celebrado bajo el lema “Culturas unidas, valores comunes”.
La edición de este año reunió a 44 delegaciones extranjeras y representantes de 70 países. En su intervención, la presidenta del foro y viceprimera ministra rusa, Tatiana Golikova, destacó el cambio de orientación experimentado por el espacio desde 2022, con un énfasis creciente en su función como plataforma para promover “valores espirituales, culturales y tradicionales” entre los países participantes. En este contexto, el ODC interpreta el fortalecimiento de estas zonas de cooperación como parte de la construcción deliberada de una plataforma de diplomacia cultural que articula a gobiernos con modelos políticos autoritarios y que puede contribuir a ampliar su alcance e influencia en el ámbito cultural internacional.
Firma de acuerdos entre Rusia y Cuba. Imagen: Prensa Latina (2026).
Protocolo y celebraciones en el cortejo autoritario
La sección cubana tuvo un protagonismo particular en el evento. Entre las actividades presentadas, destacó la gira del Ballet Nacional de Cuba, iniciada con Giselle en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo, que continuó en el Teatro Bolshói de Moscú, así como en escenarios de Nizhni Nóvgorod y Samara. El programa también puso de relieve resultados concretos de la cooperación cultural bilateral; entre ellos, la celebración de la 34.ª Feria Internacional del Libro de La Habana, dedicada a Rusia, y la presencia de estudiantes cubanos en la Universidad Estatal de San Petersburgo.
De acuerdo con este acercamiento, lo afirmado en ruedas de prensa sobre el protocolo del encuentro da cuenta de futuros intercambios de arte circense, proyecciones cinematográficas, archivos entre el Gosfilmofond ruso y el ICAIC, así como entre el Museo Ruso y el Museo Nacional de Bellas Artes, proyectos de animación con el estudio Soyuzmultfilm, la continuidad de la formación de estudiantes cubanos en instituciones artísticas rusas y el refuerzo del vínculo deportivo. Entre otros acuerdos a futuro, se incluyen en concreto becas estudiantiles en el Conservatorio de Moscú, además de coproducciones artísticas y literarias.
En paralelo, instituciones estatales concretas refuerzan la cooperación bilateral; por ejemplo, el Museo de la Victoria de Moscú y el Centro Fidel Castro de La Habana acordaron intercambiar exposiciones históricas y coordinar proyectos en la red rusa de museos militares con el fin de “promover proyectos expositivos conjuntos y reforzar los lazos culturales e históricos entre Rusia y Cuba”. La estrategia comprende, en suma, una amplia gama de intercambios financiados por el Estado que evidencian la institucionalización de los vínculos culturales. Con estas medidas, la viceministra Martínez describió la relación cultural Cuba–Rusia como “ese puente de amor, de educación, de cultura”.
Convenios y relaciones Cuba–Rusia: una actualización
Al menos desde las últimas dos décadas, los acuerdos entre Cuba y Rusia se insertan en una relación bilateral sostenida y extendida a múltiples ámbitos. Desde 2009, ambos gobiernos han desarrollado un entramado que abarca las esferas cultural, educativa, mediática, jurídica, científica, económica y energética. Esta continuidad permite situar los convenios culturales más recientes dentro de una arquitectura institucional más amplia, caracterizada por la celebración periódica de comisiones intergubernamentales y por la creciente participación directa de organismos estatales de ambos países.
- El ámbito de la educación es uno de los pilares de esta relación. En 2010, Cuba y Rusia suscribieron un acuerdo para el reconocimiento mutuo de diplomas académicos y grados universitarios, mientras que las sucesivas comisiones intergubernamentales han incorporado convenios de educación superior, formación profesional y docencia médica. A ello se suma la presencia de estudiantes cubanos en universidades rusas y, más recientemente, la decisión anunciada por el Ministerio de Educación ruso de introducir este idioma como primera lengua extranjera en las escuelas cubanas a partir del curso 2026-2027.
Celebración del Día de la Victoria por activistas del proyecto sociocultural “Amigos de Rusia” con la presencia de estudiantes de escuelas del municipio Jagüey Grande. Fuente: Facebook: Embajada de Rusia en Cuba (2026).
- En el ámbito mediático destacan mecanismos de cooperación que medios e instituciones cubanas han establecido con agencias rusas como Sputnik. Por ejemplo, Cubadebate y el Instituto de Información y Comunicación Social han suscrito acuerdos orientados a la cobertura conjunta de acontecimientos bilaterales y a la difusión de contenidos relacionados con asuntos considerados de “trascendencia global”. Estos acuerdos se producen, además, en paralelo a la cooperación audiovisual entre instituciones rusas y cubanas, lo que configura canales institucionales para la circulación de contenidos, profesionales y marcos interpretativos entre ambos países.
- La cooperación se extiende, asimismo, al ámbito jurídico y judicial, aunque este componente resulta menos visible dentro de la relación bilateral. En 2012, el Tribunal Supremo Popular de Cuba y el Tribunal Supremo de Rusia suscribieron un convenio de cooperación. A partir de 2017, se desarrollaron programas de formación para jueces y fiscales cubanos auspiciados por la Universidad Estatal de Justicia de Rusia. En 2023, se establecieron nuevos mecanismos de cooperación entre el Tribunal Supremo Popular y el Servicio Federal de Alguaciles ruso, así como un memorando entre los respectivos ministerios de Justicia. En abril de 2024, las fiscalías generales de ambos países aprobaron un programa de cooperación para el período 2024-2026, que incluía asistencia jurídica en materia penal, protección de menores, tecnologías digitales y lucha contra el terrorismo. En 2025, se añadió un acuerdo entre la Fiscalía General rusa y la Contraloría General de Cuba centrado, entre otros aspectos, en la prevención y el combate de la corrupción. En conjunto, estos instrumentos muestran que la cooperación bilateral alcanza también a instituciones encargadas de la administración de justicia, la formación de funcionarios y la aplicación de la ley.
Presidente del Tribunal Supremo Popular participa en Foro Jurídico Internacional de San Petersburgo. Imagen: Cuba Minrex (2026).
- En el terreno económico y energético, la relación cuenta igualmente con mecanismos institucionalizados. En abril de 2026 tuvo lugar en San Petersburgo la XXIII sesión de la Comisión Intergubernamental para la cooperación comercial, económica y científico-técnica, que comprende 14 grupos de trabajo. La reunión coincidió con la llegada a Matanzas del petrolero Anatoly Kolodkin, con aproximadamente 100 000 toneladas de crudo, en un contexto de dificultades energéticas para la Isla. Durante ese período, también se anunciaron iniciativas vinculadas al transporte, el suministro de alimentos y la participación de empresas rusas en instalaciones industriales cubanas. En agosto, Moscú reiteró su disposición a mantener la cooperación con La Habana pese al endurecimiento de las sanciones estadounidenses. Aunque estos aspectos exceden el foco estrictamente cultural de este análisis, muestran que los intercambios culturales se desarrollan dentro de una relación estratégica que posee componentes económicos, energéticos y políticos.
Otros acercamientos específicos dentro del terreno cultural y comunicacional
La cultura y los medios de comunicación aparecen cada vez más integrados al acercamiento de las últimas décadas, que combina intercambio institucional, circulación de contenidos y construcción de espacios de afinidad política. Esta tendencia se inserta, además, en una estrategia rusa de proyección internacional mediante instrumentos de diplomacia cultural y mediática, dentro de la cual Cuba ocupa un lugar particularmente receptivo gracias a la estructura centralizada del sistema cultural y comunicacional cubano; procesos que el ODC ya ha interpretado como parte de una arquitectura más amplia de influencia rusa en la Isla.
Uno de los ámbitos más visibles de este acercamiento es el sector audiovisual cultural. En abril de este año, el ODC reportó que el Canal Habana y una televisora de San Petersburgo suscribieron un acuerdo bilateral que contemplaba el intercambio de programas culturales, la producción conjunta de programas y documentales, así como pasantías, clases magistrales y otras actividades de formación profesional. El acuerdo institucionaliza, por tanto, una relación que no se limita al intercambio de productos culturales, sino que incorpora la formación de profesionales, la producción de contenidos y la creación de redes permanentes entre los actores de ambos sistemas mediáticos.
Este nuevo modelo de cooperación cultural no ocurre entre ecosistemas comunicativos equivalentes. Mientras que la parte cubana ofrece acceso prácticamente incondicionado a medios y audiencias nacionales, así como otros beneficios para la circulación de narrativas, la contraparte rusa aporta entrenamiento, tecnología, distribución y contenidos. En este esquema, la colaboración profesional puede producir a la par transferencia de capacidades y establecimiento de relaciones de dependencia entre profesionales, como se observa en la colaboración mediante talleres y programas de capacitación asociados a medios rusos como RT y Sputnik, incluidos aquellos dirigidos a periodistas, trabajadores de medios e influencers latinoamericanos.
La importancia de esta estructura reside en el carácter acumulativo del periodo estudiado. Los intercambios y convenios en diferentes esferas no constituyen mecanismos equivalentes entre sí ni persiguen necesariamente los mismos objetivos. Sin embargo, su desarrollo paralelo genera una red cada vez más extensa de contactos institucionales, profesionales y educativos. Se trata de la formalización y ampliación de intercambios que ya contaban con antecedentes, pero que adquieren una nueva dimensión al quedar integrados en una relación bilateral sostenida de modo directo por los aparatos estatales de ambos países. Desde esta perspectiva, el acercamiento cultural ruso-cubano resulta más significativo cuando se observa en relación con el conjunto de la arquitectura bilateral.

Miguel Díaz-Canel en una de sus visitas al Kremlin. Imagen: Minrex (2023).
Soft power y coaliciones culturales entre autocracias
De manera global, el ODC identifica varias tendencias en el avance de las relaciones bilaterales con enfoque en la diplomacia cultural dignas de ser detalladas acá:
- Opacidad sistemática: Casi ninguno de los acuerdos analizados publica textos completos, anexos, presupuestos o cláusulas de rescisión, ni menciona independencia editorial, protección de datos o evaluación de impacto en Derechos Humanos.
- Asimetría en sistemas cerrados: Estos pactos se firman entre sistemas mediáticos controlados por el Estado, sin regulador independiente ni alfabetización mediática suficiente, de modo que la mayor oferta cultural formal puede coexistir con una recepción más estrecha. Contrasta, por ejemplo, con Chile, donde RT en Español fue clausurada en abril de 2026 por un riesgo al pluralismo tras un debate regulatorio y político, revisión impensable en el contexto cubano.
- Patrimonio y legitimación: Se normaliza la metodología dentro de regímenes patrimonialistas autocráticos, donde diferentes expresiones del patrimonio cultural operan a la vez como recurso de legitimación, tecnología de orden simbólico y campo de disputa sobre memoria y participación.
- Soberanía cultural del Estado frente a derechos culturales: La retórica de la cultura como “derecho humano esencial” convierte derechos individuales y colectivos en soberanía cultural del Estado, de modo que una crítica al Gobierno se presenta como agresión a la cultura nacional.
En este sentido, el ODC avisa sobre la profundización de un ecosistema cultural cerrado ya establecido en Cuba. Entre las principales consecuencias previsibles se encuentra la normalización del modelo de control donde Cuba reproduce y transfiere prácticas e instrumentos represivos mediante cooperación jurídica, fiscal y mediática. El Observatorio apunta a un aspecto obvio pero relevante: los acuerdos estatales no incluyen a creadores independientes, sino que los interlocutores son ministerios, canales y agencias estatales. Artistas, cineastas, periodistas y editores independientes quedan fuera de las becas, festivales, coproducciones y pasantías, o dentro solo si se alinean. Ello consolida una “ciudadanía cultural” condicionada por afinidad política.
Asimismo, el ODC advierte sobre los peligros de la reeducación creciente de audiencias sobre generaciones con acceso limitado a información alternativa y a canales de información realmente plurales. Las tendencias acá analizadas consolidan un mecanismo violatorio de la libertad de creación y expresión, aunque muy bien engranado, ya que no requieren censura explícita para restringir. Las propias vías de financiación, distribución, formación y legitimación establecen “legalmente” la exclusión y el filtrado de contenido. Por último, llama la atención sobre cómo estos pactos y la crisis multifactorial presente en el país aumentan la dependencia y reducen el margen de negociación de una autocracia tropical ya con mínima voluntad gubernamental para cambiar el precario destino del pueblo cubano.

‘En la Voz de Ellas’
Por Jorge De Armas
Una conversación con Iris María Mariño y Daily Fortún sobre periodismo, activismo y la vida de las mujeres en la Cuba actual.












