Palabras de José Martí (1853-1895):
Asan plátanos
y majan tasajo de vaca
con una piedra en el pilón
para los recién venidos.
Está muy turbia el agua crecida
del Contramaestre
y me trae Valentín
un jarro hervido en dulce
con hojas de higo.
Mayo regresó con sus “Orígenes”, la cena lista y empinando la botella de ginebra. Donde el machete, la pluma de Martí, el pico del gallo de Encina y las nuevas generaciones de jóvenes artistas insistieron en ser parte de la mesa. Alimentar la patria nunca ha sido fácil.
El pasado lunes 18 de mayo de 2026 quedó inaugurada la XVII Jornada Literaria “Orígenes” (fundada por el escritor Eduard Encina) en Contramaestre, municipio de la provincia de Santiago de Cuba, dedicada a los 40 años de la Asociación Hermanos Saíz.
Vino con un programa de recitales de poesía, con la peña literaria Café(con)cuerdas, con conferencias sobre el análisis del pensamiento martiano, con conversatorios y visitas a centros que han articulado la historia como la Casa del Azucarero y la comunidad rural de Los Pasos, por esa manía que tenía Eduard Encina de salvar el arte desde la comunidad y la gente de a pie. Con juegos para los niños con payasos. Con la buena trova, con presentaciones y donaciones de libros, estimulando la lectura y el pensamiento cultural a los residentes de la zona. También, con reconocimientos a personas que han sido activos en el evento durante años.
Además, estuvo el acto por el 131º aniversario de la caída en combate de José Martí en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895, que tuvo lugar en el cementerio de Remanganaguas, sitio donde descansaron sus vísceras. Y se hizo el Ritual del Corazón, moderado por el periodista Arnoldo Fernández, con la intención de “reflexionar y comprometerse con el pensamiento martiano y la paz”.
Sin el grano de maíz, a veces bajo un ineludible aguacero, con el fango en las suelas de los zapatos, pero apuntando con las espuelas, los jóvenes artistas y miembros de la Asociación Hermanos Saíz escarbaron la tierra sin prostituirla desde un arte atrevido a no pisar la piedra y con un Oriente empujado a la orilla.
Ellos reconstruyeron la ruta que agita al tiempo cada año de Dos Ríos a Remanganaguas. Un encuentro de diálogos, de renovación del pensamiento. Como un canto de gallo para no anestesiar la memoria, esa que prometieron preservar por mambises como Eduard Encina y José Martí, ambos muertos casi con la misma edad, sin ocultar nunca sus maneras de ser cubanos, siempre sin miedo al marabú o al ojo enemigo, soñando con bañarse desnudos en el agua del Contramaestre, que aún sigue turbia y sin libertad. La misma libertad inquieta donde sembraron un destino para escucharnos a nosotros mismos.
¡Mayo regresará con el canto del gallo, una, dos, tres y mil veces!
Palabras de Eduard Encina (1973-2017):
Pongo el oído en la tierra
entre bosta de vaca
la sístole,
la esencia de la patria
mitad para mí
mitad para el gallo
que muerde el oído con sorna
¿pico o no pico?

Los intelectuales de la Guerra Fría
- I. El liberalismo contra sí mismo
- II. Judith Shklar: Contra la Ilustración
- III. Isaiah Berlin: El Romanticismo y la plenitud de la vida
- IV Karl Popper: Los terrores de la historia y el progreso
- V Gertrude Himmelfarb: Cristianismo judío
- VI Hannah Arendt: La libertad blanca
- VII Lionel Trilling: Atrincherar el yo
- El culto a la supervivencia
Por Samuel Moyn









