Así comenzó todo. Éramos cuatro amigos alrededor de las nueve de la noche buscando un sitio donde pasar las horas de apagón. Después de haber pasado una dilatada lluvia debajo de un alero del anfiteatro frente al malecón, por el Morro fuimos a dar al Selva, casi empapados.
El Selva es un bar que se ha convertido en algo más que un simple instante de esparcimiento, sobre todo, por las limitadas opciones que han ido quedando en la ciudad habanera. Está en Prado 260, entre Trocadero y Ánimas, Centro Habana.
Todos los días, no importa si el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) se haya desconectado, desde las cuatro y veinte de la tarde hasta la una y un poco más de la madrugada se reencuentran los amigos sin más pretexto que divertirse, y otros por la necesidad de evadirse de la crisis que enfrenta el país.
Subimos una empinada escalera con las linternas de los celulares hasta tropezar con un pasillo que nos llevaba a otra escalera y de ahí ya estábamos en el Selva. Nos sentamos junto a una amplia mesa de rústica madera. La escasa iluminación de las bombillas de luces rojizas y amarillentas, colgadas de un cable a todo largo por las paredes del salón, separadas a unos cuarenta centímetros, que me pareció que estaban encendidas con alguna batería, creaban un entorno como de estar en un sueño donde la inhibición no toma partido o dentro de un cuento de Julio Cortázar donde ocurren cosas absurdas.
Dice un amigo que todo es realismo mágico y que somos más sucios que Pedro Juan Gutiérrez cuando estamos con cuatro cervezas en la cabeza.
Era como estar en esa ración minúscula de luz sin paisaje, donde todo alrededor se había quedado completamente a oscuras. ¿Acaso lo percibía solo yo o es que también nos han desposeído hasta de nuestro propio paisaje?
Al menos nos quedaba el sonido de las fichas de dominó, las risas por los forros que metía uno de mis amigos y las ocurrencias. En ocasiones, apenas se sentía en sordina el murmullo de otros clientes. Pero la magia insistía con la noche acuestas como solo en ciertos lugares suele rondar, junto a olores de cerveza importada, deliciosas croquetas, el olor de los árboles del Paseo del Prado, ese olor a madrugada que se acercaba como un olor antiguo, el humo de los cigarrillos con sus luces que parecían las luciérnagas con que jugaba cuando era niña: cocuyito, cocuyito, ¿cuántos hijos voy a tener?Y lo ponía boca arriba y saltaba una, dos, tres, cuatro, cinco veces, y esos eran los hijos que iba a tener.
Así jugábamos los niños de mi barrio en los portales, por las noches, cuando tampoco teníamos corriente. Se nos iba el tiempo hasta que nuestras madres nos llamaban para ir a dormir.
Suspiré. De pronto esos minutos y los recuerdos de infancia hicieron la noche menos dura, más ajena.
Cuando nos cansamos de jugar dominó, jugamos a la botellita, haciéndonos preguntas a responder con la verdad. Luego, otro amigo se hizo pasar por el cartomántico y nos tiró las cartas, ni que creyéramos en esas nimiedades de adivinar el futuro a través de una carta, pero nos servía para seguir sin relojes.
Hemos regresado varias veces al Selva por la misma razón de emigrar de la penumbra. Hace poco volvimos con otro amigo que vino de vacaciones de Canadá. Dicen que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver, pero yo soy obstinada y siempre vuelvo al lugar donde fui feliz.
En El Selva no hablamos de política ni de miseria, aunque sigamos sin paisaje. Allí, en estos días tristes donde ya no quedan ni luciérnagas, en una Habana cada vez más desértica y roída por el tiempo como una casa vacía, no nos pueden sacar de quicio.
En El Selva somos una noria de sueños moviéndose en círculos, donde fluimos como el cauce con sus aguas.

Del Estrecho de Florida como campo de exterminio (En respuesta a Néstor Díaz de Villegas)
De contar con pruebas de existencia de campos de exterminio cubanos nada me costaría denunciarlos en toda su responsabilidad.
Ponte dentro del campo de exterminio
El castrismo opera su emborronamiento último no solo entre los observadores más diligentes, sino en el mismo autor del sistema.













