“Larga vida a Alexey Navalny”, rezaba un mensaje en el sitio web pirateado, acompañado de una foto de Navalny y su esposa Yulia en un mitin político.
“Larga vida a Alexey Navalny”, rezaba un mensaje en el sitio web pirateado, acompañado de una foto de Navalny y su esposa Yulia en un mitin político.
Abraham Jiménez Enoa (La Habana, 1988). Es columnista en The Washington Post. Ganó el premio Libertad de Prensa Internacional del Comité para la Protección de Periodistas. ‘La isla oculta’ es su primer libro.
El diario desesperado de un Dédalo que aún no halla la solución para escapar de su prisión. El testimonio de un Ícaro que aguarda porque las alas florezcan y usarlas para escapar.
El cine cubano, que ganó popularidad y fama en el pasado, es cosa del pasado y que no es probable que se regrese a los “tiempos dorados”.
Sólo escribo. Cuando lo hago, soy libre. Es cuando único soy libre. Antes lo hacía para comer y era respetado. Escribía por encargo. Y sólo por encargo. Ahora lo hago porque soy libre.
Los puntos más conflictivos de la frontera pueden cambiar de la noche a la mañana, y tan rápido como se contiene una zona, aparece una nueva “zona cero”.
Líderes haitianos en Florida piden que se aborden las causas de la migración y critican que el Estado se centre en la militarización en lugar de en la ayuda humanitaria.
Lili Rentería (La Habana, Cuba. 1961) es actriz, directora, productora y maestra. Ha recibido numerosos premios por su trabajo teatral y cinematográfico. Debuta en el cine en 1978, en la película ‘Los sobrevivientes’, de Tomás Gutiérrez Alea. Vive exiliada en Miami.
El sábado es el mejor día / Fresco, diáfano / Como aquellas tardes / En que mordíamos almendras / A los pies de ese árbol / Que nos protegía y nos salvaba / Del miedo a morir
Para resolver el carnet del creador acudimos al hacedor de milagros que vive cerca de mi casa, en Marianao. Necesitábamos un milagro contra el Decreto 349. El tipo es un crack. Pude ver su propaganda en el Paquete Semanal, en la sección Religión, carpeta “Momentos Wao”.
“Me gustaría ganar un Oscar, porque me garantizaría, al menos, una película más, y una película da para desarrollar un discurso. ¿Y sabes qué? Lo voy a ganar”.
Cuando recibí la propuesta, mi primer impulso fue contestar que no. Pero lo pensé dos veces. A fin de cuentas, ¿cuál era la tarea? Nada del otro mundo: hacer un reportaje sobre una feria kink que se celebraría en San Diego.
Un amigo que tuvo por hobby infiltrarse en reuniones de cuadros, escucha la arenga del director de una excelsa institución de la cultura: “No podemos estar ociosos en la batalla, con esto de los espacios alternativos para el arte y con el financiamiento que reciben…”