El 24 de octubre de 2026, la Embajada de Francia en La Habana condecoró a Susana Molina, exvicepresidenta de Relaciones Internacionales del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y actual directora de la Escuela Internacional de Cine y TV (EICTV), con la Orden de las Artes y las Letras de Francia “por sus aportes a la cultura y al diálogo” franco-cubano. El embajador francés, Raphaël Trannoy, destacó que este lauro “distingue a creadores que desde sus espacios contribuyen a la promoción del arte, la cultura y el pensamiento”, mientras enfatizó el valor del “vínculo entre ambas naciones” y la promoción de la cultura francesa en el extranjero. A modo de agradecimiento, Molina destacó su impulso al cine galo poniendo como ejemplos la organización del Festival de Cine Francés (27.ª edición en 2026) y la participación de proyectos de la EICTV en muestras en Francia.
La Ordre des Arts et des Lettres es una distinción honorífica que, instituida en 1957 por el Ministerio de Cultura de Francia, goza de gran prestigio en el ámbito cultural internacional. Por ello, el Observatorio de Derechos Culturales considera oportuno repasar las consecuencias que estos atributos oficiales cargan para el estado de los derechos culturales en el país, sobre todo en el mandato de Molina, caracterizado por varias polémicas sobre censura y opacidad institucional.


Ceremonia de premiación de Susana Molina en la Embajada de Francia. Imagen: página oficial de Facebook de Cubacine ICAIC (2026).
Conflictos y polémicas en la gestión de la EICTV y otros
Aunque la cobertura oficial ha resaltado los méritos profesionales de Susana Molina, es conveniente retomar el estudio de casos que este Observatorio ha venido desarrollando sobre cuadros culturales en posiciones de poder en Cuba, ya que esta directora ha sido cuestionada en numerosas ocasiones por ser “ficha de cambio” ante reparación de daños en el ICAIC, así como por su pobre gestión ante incidentes que tuvieron lugar en la EICTV.
Entre julio y noviembre de 2023, Molina ejerció como presidenta en funciones del ICAIC en sustitución interina de Ramón Samada Suárez, tras la censura al documental de Juan Pin Vilar, La Habana de Fito, que generó una fuerte polémica en el gremio y la escisión entre los cineastas cubanos. Su desempeño en ese período fue visto como un recurso de contención institucional dictado por el Ministerio de Cultura, que no solucionaba el problema estructural de la censura estatal.
En marzo de 2024 se hizo pública una investigación realizada por el medio independiente El Estornudo que denunciaba abusos sexuales perpetrados en la EICTV entre 2018 y 2019.[1] Los testimonios incluían violaciones consumadas por profesores y alumnos sin que hubieran enfrentado represalia alguna; de hecho, en la investigación se cuestionaba a las autoridades, señalando que muchos habían sido de su conocimiento. La misma Molina admitió públicamente que, “a título personal”, había actuado con lentitud ante esos casos.
Aunque más tarde se aprobó en la institución un protocolo contra la violencia de género, las víctimas lo consideraron tardío e insuficiente, más encaminado a rescatar la imagen de la escuela por conveniencia que a abolir una tendencia asentada en la dirección de corte personalista y machista de muchas instituciones culturales y educativas del país, que han optado históricamente por la inacción, la revictimización o la protección de los agresores. Pese a las denuncias mencionadas, Molina fue posteriormente condecorada por la Federación de Mujeres Cubanas; una muestra más de cómo el sistema político cubano ha minimizado el activismo fuera de sus fronteras oficiales y jugado a conveniencia, mientras grupos de estudiantes son silenciados.
Exteriores de la EICTV. Imagen: Prensa Latina (2023).
En 2025, con motivo de la graduación de la Generación 30 de la EICTV, la función pública que proyectaría los cortometrajes de tesis en el cine Acapulco de La Habana fue “suspendida por problemas técnicos”, sin fijarse fecha alternativa. Alumnos y familiares en el sitio constataron que no había directivos presentes. Ante las llamadas de los dirigentes estudiantiles a la dirección de la Escuela, Molina cortó la comunicación sin explicaciones coherentes.
En suma, durante los tres años previos al reconocimiento francés, la gestión de Molina ha estado marcada de forma directa e indirecta por el irrespeto no solo de la autonomía artística y académica, sino de la integridad y dignidad del estudiantado a su cargo.
Estudiantes reunidos afuera del cine. Imagen: CiberCuba (2025).
Otro ejemplo del escaso aterrizaje en la gestión de la directiva fueron las denuncias de alumnos del curso regular 2024-2025 de la EICTV sobre el deterioro alarmante de las condiciones de vida y estudio en la institución, que atribuyeron a la falta de atención y compromiso de la actual administración. Señalaron problemas de insalubridad, deficiencias en la alimentación y atrasos salariales de varios meses que afectan hasta hoy día al personal. Los estudiantes también cuestionaron la falta de diálogo y transparencia de las autoridades, sin que estas respondieran públicamente.
Legitimación simbólica de cuadros políticos en autocracias
La premiación de rigor puede enmarcarse en una dinámica de legitimación simbólica, propia de los regímenes autoritarios. El empleo de la diplomacia cultural como herramienta de poder blando ha sido abordado en varias ocasiones por el ODC. En este sentido, los funcionarios culturales de alto nivel reciben galardones que luego son usados en la propaganda doméstica. Estos reconocimientos externos les brindan tanto capital simbólico como aval público, contribuyendo a consolidar su autoridad interna.
El ODC también ha señalado cómo estos regímenes bajo presión internacional tienden a usar la cultura como soporte ideológico financiando eventos que refuerzan la narrativa oficial y la legitimidad político-cultural. Dichas estrategias incluyen la promoción de una “marca-país” oficial, exhibiendo logros culturales como prueba de estabilidad y resiliencia frente a sanciones.
Un ejemplo más puntual es la política de “reconocimiento mutuo” de patrimonio cultural, donde Cuba, Irán, Rusia y otras autocracias han firmado acuerdos recíprocos que oficializan entre sí sus símbolos culturales, validando internamente su perspectiva ideológica como escudo mediático ante críticas externas. En el plano internacional, aparecen casos comparativos: por ejemplo, la diplomacia rusa o china enfatizan premios o distinciones concedidas a intelectuales afines, mientras ocultan las denuncias de censura interna. El régimen de Xi Jinping ha registrado sus monumentos históricos ante la UNESCO, resaltando la “identidad nacional” china, a la par que reprime la expresión cultural tibetana o uigur; e Irán exalta festivales internacionales que incluyen obras religiosas del Gobierno, a la vez que castiga a músicos sufíes y otros artistas disidentes.
En el caso cubano, recibir la orden francesa le proporciona a Molina, y al aparato cultural oficial al que sirve, un aura internacional que el régimen puede explotar para reforzar su gestión. Desde esta perspectiva, la condecoración no es solo un honor cultural, sino un mensaje político: valida simbólicamente a la directora y, por extensión, avala la narrativa oficial de la EICTV. De tal modo, la “diplomacia pública autoritaria” llega a otorgar prestigio, aun si ocurre en medio de conflictos domésticos no resueltos.
El premio francés a Molina ilustra esta paradoja: en lo simbólico, apunta a celebrar el intercambio cultural; pero en lo político, reaviva conflictos internos. Así, el realce internacional de la directora como cuadro cultural funciona como un lavado de imagen de la institución, incluso ante demandas legítimas planteadas por los mismos estudiantes a los que se debe. Por tanto, el ODC considera pertinente replantear la pregunta de si el elogio diplomático contribuye al fomento cultural o más bien apuntala a actores cercanos al poder sin resolver los problemas de base, a la vez que prolonga la cortina de silencio sobre las tensiones culturales internas.
En conclusión, el ODC destaca que los premios extranjeros no deben servir de justificante a la política autoritaria. El honor concedido a Molina magnifica su legitimidad pública, pero también subraya la urgencia de atender las denuncias de su propia comunidad. Por ello, es imprescindible continuar la vigilancia del estado de los derechos culturales y el debate sobre gestiones pendientes en el gremio audiovisual, más allá de lo que se permite ofrecer la propaganda oficial.
[1] https://revistaelestornudo.com/abusos-sexuales-e-impunidad-en-la-escuela-internacional-de-cine-y-television-de-san-antonio-de-los-banos/.

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