Ketty Blanco, más que un libro de niños, ha escrito un libro de madres.
Ketty Blanco, más que un libro de niños, ha escrito un libro de madres.
Pareja detenida por traficar con dos mujeres cubanas para obligarlas a prostituirse y a trabajar diariamente bajo falsas promesas.
Uno vive en Cuba y el contexto horroriza. O desalienta. O estremece. O deprime.
El ODC llama a reflexionar críticamente sobre la manipulación de la infancia en el servicio de la agenda política cubana.
“Es probable que todos los miembros actuales del gobierno terminen en prisión o, al menos, pasen el resto de sus vidas en reuniones legales. ¿Por qué?”.
“Marta Elena Feitó Cabrera lo único que le explicó a nuestro unánime parlamento fue una verdad compartida por todos los cubanos”.
A estas alturas, cuanto declaró la ministra no me sorprende: ha sido enunciado como si del otro lado de la pantalla no hubiera vida inteligente.
Una entrevista sobre estudios sociorreligiosos, subordinación académica y exclusión intelectual en Cuba.
La máxima era atribuida al entonces general de Ejército, y todavía heredero de la finca privada que es Cuba: “El deber de todo buen soldado es escaparse. Y el deber de todo buen oficial es atraparlo”.
Esto sí es teatro del absurdo. Andar peleados entre cubanos por una ideología cuyos objetos, además, son sublimes, no empíricos.
Una pulsión de castigo, martirio y asesinato que pende sobre los cuerpos de las individualidades trans, condenadas —con o sin Código de las Familias— en sociedades como la nuestra.
Este artista echa por tierra el pastiche tropical y se aventura a desalojar referentes simbólicos que conecten con facilidad arquetipos insulares o latinoamericanos.
¿Qué cine ven los críticos cubanos? ¿Cuál es el mejor cine de los últimos tres años? ¿Existe un cine para cinéfilos? ¿Es la cinefilia un pecado?
Una comprensión matizada de las posturas de estos actores críticos y de las posibles ramificaciones para la seguridad mundial.