La policía aprovechaba la ausencia de Reinaldo Arenas para desaparecerme asesinado de alguna forma.
La policía aprovechaba la ausencia de Reinaldo Arenas para desaparecerme asesinado de alguna forma.
Revisé los nombres enterrados de igual modo en los agradecimientos del segundo volumen de ‘Soplavientos’. Eran los nuevos entrevistados, cuyas palabras, ligeramente editadas, llegaron a formar el ecléctico estilo narrativo del periodista.
Javier Milei gana la presidencia de Argentina, poniendo fin a la era Kirchner y prometiendo drásticas reformas económicas y una vuelta a los valores liberales. ¡Viva la libertad, carajo!
Elio Rodríguez (1966) es un artista visual cubano radicado en Elche, España. Su práctica artística abarca una amplia gama de medios.
“Nunca le dije esto a nadie antes, pero se siente bien decirlo”.
El concepto de la polimatía ha encarnado una aspiración elevada del ser humano: la búsqueda del conocimiento en múltiples disciplinas.
“Censurar una revista da al traste con las ventajas que una actitud dialogante y abierta representa para la creación artística de cualquier país”.
A Lorena Gutiérrez le apasiona la anécdota que ha sido repetida hasta la saturación en la lírica oficial.
Me vuelvo a ver adolescente subiendo los 160 peldaños de metal de la antorcha, asomándome luego a unas ventanillas sucias por las que se veía una Nueva York “super cool” y hedionda.
El mundo de García Vega no sería el mundo de García Vega sin sus diarios.
Sin su dicción edípica, negativa, monstruosa, que gira siempre alrededor de un ajuste de cuentas y que por amarga e irónica, o mejor, por la mezcla que logra de ambas, deja irritados la mayoría de las veces a muchos, con deseos de bofetada.
Es el caso del volumen que acaba de editar Amargord en España: El cristal que se desdobla.
“Hoy muchos buenos cubanos son difamados mediáticamente y ven violentada la privacidad de sus casas en reprochables actos de repudio”.
“Me he dado cuenta de que no vale de nada quedarse callada, no vale de nada afrontar una condena por gusto. Si hice algo lo afronto, pero por gusto no. Por defenderme de un golpe de tres hombres, no”.
En ‘A la piña’, el ajiaco, y las frutas de Amelia Peláez se apela a la experiencia del placer imaginario de una imagen eterna de la fruta; en ‘La muerte del poeta’, lo podrido descompone el goce inherente del objeto frutal trocándolo en una colectividad agotada.