Una Negra
de nación mandinga,
ágil para el servicio
de una casa,
en precio cómodo.
(La Habana, ventas dominicales)
Una Negra
de nación mandinga,
ágil para el servicio
de una casa,
en precio cómodo.
(La Habana, ventas dominicales)
El cine es el gran documento de los totalitarismos, su gran Capitolio, su Reichstag, su Palacio de Invierno. También su Hermitage, su Louvre, su Museo del Prado, su laberíntica galería de los horrores.
De algún modo Lucía/Emmanuelle, ciega absoluta, inducía a la visión de ciertas escenas de pesadilla. Provocaba la visión justo de lo que no podía ver.
“Deja a esa mujer”, dije. “Es ciega y comprende el amor de una forma tan ancestral que se aproxima a lo siniestro”, murmuró.
Necesitaba cierta lógica de ficción para empatar las dos imágenes que tengo de ella: primera y última cita.
De las muchas razones que alguien puede tener para desplazarse de la lengua materna a la lengua alterna, una de las más poderosas es el rencor. Escribir en inglés es o puede ser un acto de venganza —contra los padres, contra las patrias, contra uno mismo.
Viví en la planta alta poco más de tres décadas. Por vecino tuve a un escritor argentino. Ricardo Emilio Piglia Renzi, nacido en Adrogué, provincia de Buenos Aires, el 24 de noviembre de 1940, vivió allí la mitad del tiempo que yo.