El periodismo con agenda “guiada” de ‘Belly of the Beast’

Unas semanas atrás, el medio independiente estadounidense Belly of the Beast publicó una nueva serie fotográfica: Words for this moment, como parte del capítulo “Historias desde dentro” que conduce la realizadora Monik Molinet sobre Cuba. En ella se entrevistaba a cubanos sobre sus principales anhelos y temores en medio de la crisis multifactorial que atraviesa el país. Mientras distintas personas escribían en una pizarra pequeña sus contribuciones, la narración volvía una y otra vez sobre los daños que ocasiona el embargo estadounidense a la Isla y la importancia de la resistencia en estos tiempos difíciles. Desde diferentes escenarios, cubanos declaraban frases como: “Vivo acorde al momento, no tengo frustraciones”; “No hay corriente, me compré una lámpara, no hay gas, me compré carbón”; “Yo viví el capitalismo y de él no quiero saber nada”; “Aunque estemos cansados, no nos podemos rendir”.

La producción apuesta por una filmografía de la resistencia. Desde el paso de la covid-19, ha venido narrando de forma acumulativa el quehacer de los cubanos dentro de la contracción económica, la escasez de energía y medicamentos, el deterioro del sistema sanitario y las tensiones geopolíticas. A pesar del creciente deterioro del país registrado por el propio proyecto, su política editorial ha mantenido la misma matriz explicativa: el cerco económico estadounidense vs. la capacidad cubana de resistir, inventar, cuidar o sobrevivir como contrapunto moral.



Words for this moment. Imagen: Belly of the Beast (2026).


La agenda instructiva de Belly of the Beast

Belly of the Beast se presenta como un medio independiente dedicado a contar historias sobre Cuba y las relaciones entre La Habana y Washington desde una perspectiva “auténtica” y deliberadamente situada. Surgido alrededor de 2020 y dirigido por el periodista y documentalista estadounidense Reed Lindsay, el proyecto nació con una premisa crítica tanto hacia la prensa estatal cubana como hacia el periodismo estadounidense sobre la isla. Por ejemplo, según su creador, el nombre Belly of the Beast remite al conocido alegato de José Martí sobre “las entrañas del monstruo” estadounidense, que con los años se ha convertido en expresión antimperialista. En ese espíritu, el proyecto elogia las formas en que los cubanos encuentran soluciones de supervivencia ante las sanciones estadounidenses, descritas como el único origen a sus problemas.

El proyecto afirma que los equipos mixtos de periodistas y cineastas cubanos y estadounidenses con los que trabaja deben ajustarse a la comprobación factual, pero que sus valores progresistas orientan la selección de historias. Expone, además, que su principal función educativa está dirigida a los centros de poder de Estados Unidos, ya que su audiencia prioritaria se encuentra en sus predios. No obstante, aunque su manifiesto sostiene que ambas orillas producen propaganda, intenta modificar la cobertura periodística de este país “para entender la sociedad cubana”, ya que su público meta es estadounidense. Entre otros recursos, Belly of the Beast desarrolla campañas de distribución, encuentros comunitarios y presentaciones destinadas a acompañar sus películas e incidir en el espacio público.

Este periodismo de incidencia parece dejar fuera, sin embargo, varios elementos necesarios para entender realmente el devenir de los cubanos. En su afán por “educar” a los estadounidenses evita factores que, lejos de anular lo expuesto, enriquecerían la valoración, pero que serían desventajosos para la narrativa unilateral que intenta promover. Por ejemplo:

  • The War on Cuba inicia la gramática en torno a la isla asediada por el imperio. La serie documental, de seis episodios —con Oliver Stone y Danny Glover como productores ejecutivos, y Liz Oliva Fernández como presentadora—, examina la realidad cubana a partir de la “la guerra económica” de Estados Unidos contra Cuba y sus efectos sobre la vida cotidiana de los cubanos. Aborda también el endurecimiento de las sanciones durante la administración Trump, la relación Cuba-Venezuela y el acceso al petróleo; incluso las protestas del 11 de julio de 2021, si bien desde una perspectiva del malestar ciudadano como efecto acumulativo de las sanciones estadounidenses.


Cartel promocional. Imagen: LatinoRebels (2021).


  • En Uphill on the Hill y en Hardliner on the HudsonBelly of the Beast investiga por qué la administración de Joe Biden mantuvo buena parte de la política del primer mandato de Donald Trump hacia Cuba y qué intereses políticos la sostenían. El segundo documental se centra en el entonces senador Bob Menendez y en las redes político-electorales cubano-americanas de Nueva Jersey. El reporte incluyó entrevistas a figuras estadounidenses como el congresista James McGovern, el exsecretario de Comercio Carlos Gutierrez y el excongresista Albio Sires, e interrogó públicamente al portavoz adjunto del Departamento de Estado Vedant Patel sobre la inclusión de Cuba en la lista estadounidense de países patrocinadores del terrorismo. 

En esta ocasión, se pone el foco en la denuncia de la política exterior estadounidense sobre Cuba, refiriéndose de forma tendenciosa a los ejes de poder en Washington y en la Florida, a la par que criminaliza los intereses de la diáspora cubana en ese país. Estos materiales tuvieron una estrategia de promoción amplia que incluyó más de 70 actividades en 15 Estados y unas 40 ciudades, con encuentros organizados por sindicatos, iglesias y centros comunitarios.



Cartel promocional. Imagen: Reading the World film (2024).


  • Harsh US Sanctions Push Cuba’s Healthcare System to Breaking Point, producido para Al Jazeera People & Power, es el segundo gran ciclo de Belly of the Beast y está dedicado a la salud y la ciencia. En específico, desarrolla el argumento de que las sanciones estadounidenses han contribuido decisivamente al deterioro del sistema sanitario y a la dificultad para obtener tecnología, medicamentos e insumos en la Isla. 
  • Teresita’s Dream: Cuba’s Battle Against Alzheimer’s sigue a Teresita Rodríguez Obaya, investigadora vinculada al desarrollo de NeuroEPO contra el Alzheimer en el Centro de Inmunología Molecular de Cuba, y combina el recuerdo de la enfermedad de su madre con la investigación biomédica cubana y los obstáculos que las sanciones representarían para ensayos y cooperación científica.
  • From Cuba to Calabria: Medical Missions in Times of Crisis emplea una estructura parecida. Acompaña a médicos cubanos que dejan temporalmente sus hogares para trabajar durante una misión de dos años en Calabria, una región italiana cuyo sistema sanitario aparece debilitado por escasez de personal, austeridad y abandono. El documental presenta la misión como ventana hacia la solidaridad internacional y las desigualdades sanitarias globales.


Cartel promocional. Imagen: IG @genzxelcambio.


En estos y otros materiales como: How Does Cuba Keep Its Schools Open Under an Oil Blockade?U.S. Sabotages Cuba’s Hospitals — Then Calls Universal Healthcare a Failure y What Cubans Want to Say About Life in Cuba Today, coinciden los mismos elementos de antropología política que la describen como un Estado pasivo, sometido a presiones externas, cuyo resultado genera sujetos moralmente resistentes. La ausencia de un análisis más plural fundamenta la misma abstracción del embargo a la que el gobierno cubano ha recurrido por décadas en su mensaje hacia el exterior, pero en vez de estadísticas, a través de biografías de trabajadores y familias. La fiscalización resulta sesgada: reduce el espacio dedicado a la valoración de la gobernanza y de la responsabilidad sobre el modelo económico, así como la ausencia de contrapesos públicos dentro del gobierno cubano, en aras de una crítica dominante a Estados Unidos.

A la dicotomía de contenido se agrega la estructural, con desbalances en los privilegios del proyecto estadounidense:

  • Sus producciones no solo cuentan con la indulgencia y colaboración institucional, pues Oliva Fernández inició sus colaboraciones en el Sistema Informativo de la Televisión Cubana y era, por tanto, trabajadora del Instituto Cubano de Radio y Televisión, uno de los organismos más politizados y censores en el área cultural cubana. Además, la serie disfrutó de una visibilidad excepcional dentro de Cuba, siendo elogiada por el blog oficialista Cubadebate y exhibida en fragmentos en la Mesa Redonda, uno de los principales espacios de orientación política del sistema estatal. Asimismo, sus documentales fueron estrenados en varios cines de la capital.

Este es un grave contraste si de los realizadores nacionales se trata. Numerosos artistas audiovisuales reportados por el ODC[1] han debido abandonar el país en busca de oportunidades laborales y de superación tras años de silenciamiento institucional, viendo sus proyectos censurados, sus permisos de filmación cancelados, sus obras negadas dentro de programaciones oficiales y sus colaboradores perseguidos. Aun cuando varias de estas iniciativas compartieron temáticas y estéticas con Belly of the Beast, este último nunca ha experimentado las estrategias de asfixia que se aplican sobre sus homólogos cubanos.

  • Aunque el presupuesto de Belly of the Beast no es verificable de forma global ni desglosada, y solo se constata que proviene de donantes individuales, se entiende que forma parte de un presupuesto sujeto a intereses específicos. Resulta entonces un equipo extranjero que no solo está subvencionado y condicionado, sino que canaliza pagos hacia profesionales cubanos cuyos subcontratos deben pasar por las instituciones oficiales. Por muy loable que resulte la aclaración del proyecto —como crítica a las relaciones de poder dentro del propio periodismo internacional—, no reivindica la falta de libertad del periodismo doméstico para hacer algo semejante. 

Ahora bien, ninguna organización cubana ha podido recibir donaciones y contratar de manera legal a profesionales de la información para realizar productos independientes sin que haya sufrido consecuencias por ello. En los últimos seis años, se han firmado regulaciones jurídicas que condenan estrictamente la actividad periodística, de investigación y artística fuera de los predios oficiales. El artículo 143 del Código Penal castiga con entre cuatro y diez años de privación de libertad a quien, por sí o en representación de organizaciones, instituciones, asociaciones o personas nacionales o extranjeras, apoye, fomente, financie, provea, reciba o tenga en su poder fondos destinados a actividades consideradas “contra el Estado cubano y su orden constitucional”. 

  • El proyecto genera así un discurso guiado y, por tanto, fuertemente desbalanceado que incurre en la parcialización del juicio ante la realidad cubana. Por ejemplo, mientras existen estudios y observatorios como el Observatorio de Libertad Académica, el Observatorio de Derechos Culturales, Cuido60 o el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, que se dedican a denunciar de forma independiente las vicisitudes de todos los cubanos, con enfoque en edad, género, derechos educativos, entre otros, estos nunca fueron entrevistados por los realizadores de Belly of the Beast para sus materiales. En su defecto, el proyecto opta por la lógica romantizada del daño a los estudiantes, a los adultos mayores, a los cubanos afrodescendientes y demás, que provoca el embargo, sin nombrar el efecto directo de las políticas estatales al respecto; mucho menos el retroceso profundo de programas sociales de asistencia a estos grupos poblacionales.

Otro indicador de la crítica oblicua en la narrativa del proyecto es la omisión de las graves violaciones a investigadores de sectores relacionados debido a sus criterios políticos, como son las amenazas, procesos y expulsiones de centros de estudio y trabajo, mientras visualiza las potencialidades del sector biotecnológico en Cuba. Así, por ejemplo, omite la expulsión de Ariel Ruiz Urquiola del Centro de Investigaciones Marinas de la Universidad de La Habana (2016), del economista Omar Everleny Pérez Villanueva del Centro de Estudios de la Economía Mundial (2016), del bioquímico Oscar Antonio Casanella Saint-Blancard del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (2016), del ingeniero químico David Alejandro Martínez Espinosa de la Universidad de Ciencias Médicas de Cienfuegos (2021), entre muchos otros.



El científico Ariel Ruiz Urquiola en su finca de Viñales antes de ser condenado por “desacato”. Imagen: Página de Facebook Libertad para Ariel. El lado oscuro de Viñales (2018).


El ODC no intenta demeritar el potencial intelectual de los profesionales cubanos, todo lo contrario; pero sí ubica en igual peso la controversia jurídica y laboral con naturaleza política que es sistemáticamente invisibilizada en estos documentales en favor de la romantización de la resistencia y el halago a la virtud moral. Es lamentable que se proyecte este relato cuando las oportunidades laborales son condicionadas o negadas a colegas según su comportamiento político, donde los afectados son criminalizados y ninguneados dentro de dicha “meritocracia”. 

Esto llega a ser incluso evidente, a pesar de la celebración del internacionalismo médico, en From Cuba to Calabria, donde no se cubren de forma honesta los detalles extractivos del contrato de los colaboradores médicos cubanos en ultramar, sus restricciones de movimiento ni las desproporcionadas medidas de castigo si los médicos deciden no retornar a Cuba, que llegan hasta negar la entrada al país o la reunificación familiar por casi una década. Esta dicotomía también se profundiza en el privilegio de los colaboradores de Belly of the Beast, cuyos permisos de filmación no son prohibitivos, accediendo a entidades gubernamentales y siendo sus obras recibidas con agrado dentro del ecosistema cultural y mediático autorizado por el Estado cubano, mientras los homólogos sobre los que “narran” ven cerrados los mismos canales de producción y divulgación.

El ODC rechaza de pleno la discrecionalidad política con la que el gobierno cubano filtra proyectos en su favor con el objetivo de influir en votantes políticos hacia gobiernos extranjeros, mientras persigue y procesa jurídicamente aquellos proyectos domésticos, cuya agenda está sujeta a interpretaciones arbitrarias “contra la seguridad nacional”. Esta es una arquitectura legal diseñada para mantener a artistas, periodistas y demás ciudadanos cubanos bajo el riesgo inminente de su integridad física y, por tanto, como engranaje de amedrentamiento masivo.



Integrantes del proyecto audiovisual El4tico, quienes permanecen en prisión desde hace siete meses sin acusación formal. Imagen: ODC (2026).


Asimismo, advierte sobre la direccionalidad sistemática del contrapoder en Belly of the Beast, que formula preguntas agresivas a Washington, pero no inquiere igualmente al gobierno cubano sobre su responsabilidad pública. El desbalance en el relato asienta los polos verdugo vs. víctima, despejando la necesaria revisión de cuentas en el desempeño de las autoridades cubanas.

El Observatorio mantiene su vigilancia ante arcos de reinterpretación que desde la cultura laceren la dignidad de los cubanos bajo una supuesta resistencia romantizada evocada por iniciativas prohegemónicas y replicantes de políticas autocráticas. Y, si bien no busca anular un proyecto cultural en favor de otro, sí aboga por la igualdad de condiciones, donde los adversarios políticos puedan ser igualmente denunciados, la libertad cultural incluya la pluralidad de críticas desde el material audiovisual y los medios de trabajo puedan ser utilizados sin riesgo a la criminalización de sus usuarios. 

El ODC defiende el criterio de derechos culturales capaz de atravesar la polarización cubana y promover la diversidad de creación, al punto de que, una historia que incomode a quien concede el permiso de filmar, pueda ser filmada y proyectada.


[1] Ver algunos de los informes recogidos en https://www.4metrica.org/observatorio-de-derechos-culturales-infomes.






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