Tendencia electoral: ¡a estribor!


El triunfo de Flavio Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones generales de Brasil este pasado domingo y la convocatoria electoral para el 29 de noviembre que acaba de hacer el presidente del gobierno español —luego de la disolución de las cortes— parecen acentuar la reciente inclinación de los votantes en las democracias del mundo hacia agendas más conservadoras. O de derechas, si aceptamos una terminología engañosa.

Los conservadores han ganado elecciones recientemente en Chile, Colombia y Perú, luego de sus anteriores triunfos en Argentina, Ecuador y Bolivia. Los países de América del Sur, tierra franca hasta hace un tiempo para socialistas de todo pelaje, se alinean con Estados Unidos, su socio natural, y con Occidente. En toda la geografía latinoamericana solo sobreviven precariamente los regímenes comunistas de Cuba y Nicaragua y, en un segundo lugar, el socialismo bolivariano de Venezuela que parece encaminarse —si bien lentamente— a la extinción.

Este panorama merece ser festejado por los amantes de la libertad, la propiedad y el libre comercio, pero nada garantiza que no pueda cambiar mañana en sentido contrario si las nuevas políticas no complacen las expectativas de sus electores, las cuales siempre suelen ser muy difíciles de satisfacer. 

Ya esto ha ocurrido antes, el neoliberalismo de la última década del siglo pasado —luego de la desaparición de la Unión Soviética y de la caída de todo el bloque comunista de Europa Oriental— pareció haber enterrado para siempre la retórica socialista, solo para verla renacer con nuevo vigor pocos años después —particularmente en América Latina—luego de que las democracias neoliberales no consiguieran hacer realidad las aspiraciones de sus ciudadanos de alcanzar mejores niveles de vida y desarrollo, pues de eso se trata.

La mayor dificultad está —si pasamos por alto la corrupción endémica y la demagogia crónica de los dirigentes sin distinción de ideología— en lograr que los cambios políticos y económicos que buscan la prosperidad de toda una sociedad se reflejen a corto plazo en las vidas y economías de los llamados “ciudadanos de a pie”. Siempre habrá un lapso, tanto más largo cuanto más grave sea la crisis del país en cuestión, antes de que la gestión política encuentre resonancia en los bolsillos del elector entusiasta que espera impaciente los resultados contables de su voto. La impaciencia de los que menos tienen es lo que mueve el péndulo de la política.

Es menester, pues, en primer lugar, que los líderes que se ven propulsados por esta nueva ola de descontento con la izquierda, no engañen a su electorado con promesas que no podrán cumplir, al menos en el corto plazo. Es recomendable, más bien, que les hablen con sinceridad y que recaben su tolerancia mientras una auténtica política de progreso y crecimiento termine por reflejarse en sus vidas. Hacerles ver que el regreso a los cantos de sirena socialistas no es una opción, es la receta del fracaso.

Y a esa receta —que no es más que el colectivismo y el estatismo de siempre— debemos oponernos con los argumentos que, respaldados por nuestra experiencia, nos llevan a optar por la libertad, con todas sus consecuencias. 

Tal vez la democracia parlamentaria, afincada en una sociedad libre y capitalista, tal como la conocemos, pueda ser superada por sistemas de mayor participación ciudadana, pero en modo alguno recurriendo a las gastadas fórmulas de una ideología decrépita cuya ineficacia es ya cosa probada.






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‘En la Voz de Ellas’

Por Jorge De Armas

Una conversación con Iris María Mariño y Daily Fortún sobre periodismo, activismo y la vida de las mujeres en la Cuba actual.