Un candado en una Cuba cada vez más insegura



He venido a hacer unas copias a unas llaves[1]. Me hacen falta para un candado, porque el tema de la inseguridad ha hecho que estemos viviendo prácticamente encerrados entre rejas, doble-puertas, cerrojos y candados por todas partes. La inseguridad, la criminalidad y la delincuencia se han disparado en las calles cubanas. 

Recuerdo que, hace unos años, había que tragar en seco y soportar que llegaran extranjeros a contarnos que no nos quejáramos tanto de la dictadura, porque a fin de cuentas teníamos calles tranquilas donde la delincuencia no se explayaba como en otros países de América Latina. 

Digo “tragar en seco” porque, bajo regímenes autoritarios que controlan cada resquicio de la vida ciudadana, que vigilan, que hacen incluso organizaciones parapoliciales como los Comités de Defensa de la Revolución, es cierto que la criminalidad baja. Claro, están la policía, la policía política, la Seguridad del Estado, los informantes y los delatores por todas partes. Eso hace que haya un, digamos, “beneficio colateral de la represión”: la caída en picada de la delincuencia. 

Sin embargo, ya eso no es así. Para nada. Todo es realmente muy diferente. 

Estamos viviendo en una sociedad donde ahora mismo yo camino de día por estas calles, pero de noche El Vedado se queda casi desierto. No solo porque la gente no tiene dinero o porque la inflación hace que salir de noche sea muy caro. La gente no sale por miedo. Miedo a ser asaltada. Miedo a que le roben. Miedo a recibir una puñalada, a que lo pinchen para quitarle desde un teléfono móvil hasta la cartera. 

Eso, además, en una sociedad donde ayer mismo varios periodistas independientes fuimos impedidos de salir de nuestras casas por operativos policiales. La policía política gastó recursos, tropas, patrullas para impedirnos llegar a la calle. También varios influencers fueron citados en estaciones de policía, donde pasaron largas horas. Y activistas incluso fueron arrestados para impedirles hacer su trabajo, reunirse, confluir. 

Entonces, uno se pregunta: ¿cómo es posible que convivamos con esta contradicción tan evidente? 

Por un lado, la falta de policías para cuidarnos: un aumento de la inseguridad ciudadana, un crecimiento exponencial de la delincuencia, una fragilidad ante los robos y los asaltos en nuestras propias casas. Por otro, un régimen que vigila, controla y reprime al que piensa diferente, al que considera un crítico, un disidente o hace su trabajo (como es mi caso) de periodista fuera de los medios oficiales. 

Estamos viviendo, al parecer, en dos realidades muy distintas. La realidad del sálvese-quien-pueda, del ponga-más-cerrojos-y-candados-para-protegerse. Y la otra realidad donde nuestros derechos, nuestra libertad de movimiento, está absolutamente vulnerada por dispositivos policiales que consumen recursos: esos mismos recursos que harían tanta falta para mantener la tranquilidad ciudadana. 

Tengo que seguir a ver si logro hacer las dichosas dos llaves para un candado que, en una Cuba cada vez más insegura, prácticamente no significa nada.






[1] Transcripción y edición por Hypermedia Magazine del vídeo La inseguridad se extiende por las calles cubanas, transmitido en vivo desde La Habana por la periodista cubana Yoani Sánchez, el sábado 4 de julio de 2026.






luis-manuel-otero-alcantara-la-libertad-de-un-inocente

Luis Manuel Otero Alcántara: la libertad de un inocente

Por Jorge De Armas

Tras cinco años de prisión, Luis Manuel Otero Alcántara sale de la cárcel de Guanajay. Termina una condena injusta; queda la evidencia de una libertad que nunca debió ser arrebatada.