Esta noche no te dejaremos entrar en casa.
Israel se enfrenta a la presión mundial para lograr un alto al fuego en Gaza en medio del creciente número de víctimas civiles.
La izquierda latinoamericana endurece su postura contra Israel en medio del conflicto. Bolivia corta las relaciones diplomáticas y Colombia equipara las acciones al régimen nazi.
Si los bajos costos laborales fueran la única razón para ubicar nuevas fábricas en el extranjero, entonces el África subsahariana sería la opción más evidente, e India casi siempre sería preferible a China.
Lo precioso es que, al escudriñar nuestra mortalidad, podemos hallar nuestra condición de eternidad.
Mientras tiene lugar la fiesta del cine latinoamericano en La Habana, el Gobierno cubano avanza leyes y decretos que penalizan la libre expresión y creación cultural.
A los federales: Para ahorrarles una investigación prolongada, declaro de manera categórica que no estaba trabajando con nadie.
El Hombre Nuevo muere de irrealidad y aburrimiento.
Sylvia Plath sería como una especie de ‘femme fatale’ de la literatura, marcada por la enfermedad y la muerte.
¿Por qué el desnudo, individual o en grupo, se ha convertido en manifestación de protesta? Porque viola una absurda prohibición. Porque arremete contra la moral dominante, impuesta por los falsos atuendos. Y por más falsos discursos. De los falos falenterados.
Advertencia: Este artículo incluye contenido audiovisual, que puede herir su sensibilidad.
¿Tú has estado en un tren? ¿Has visto cuando pasas por el campo y hay unas vaquitas pastando? Entonces el tren sigue. Para las vacas, eso es un segundo que pasa haciendo un ruido tremendo, y les da igual. A veces hay que hacer como las vacas. Activar el modo vaca, y no hacerle caso a nada. Seguir pastando.
Quizás muchos esperan que diga que la vida cambió. Siento defraudar ese morbo. Es cierto que mis rutinas cambiaron, pero también lo es que mis rutinas no lo son tanto, llevan tiempo cambiando. Me borraron físicamente del mundo que antes frecuentaba. Me enjaularon como a loro parlante. Me pagaron por hablarle a una cámara.
Aquella cola era el único pedazo de civilización que quedaba en los alrededores. Se extendía por casi una cuadra y entre cada persona había una distancia pactada que sobrepasaba el metro. Los rostros enmascarados por los más variopintos nasobucos les daban un extraño aire, reforzado por un silencio absoluto.