Yo, el más viejo de la fiesta: treinta años.
La Universidad Carolina se convirtió en una escena de caos, cuando David Kozak empezó a disparar en los pasillos y las aulas, dejando tras de sí 14 muertos y 25 heridos.
Hemos venido a decirles que los políticos no sólo no son Dios, sino que son la causa de nuestros problemas.
A un año de la muerte del escritor Edmundo Desnoes, nuestra revista comparte un capítulo del libro ‘Landing in New York’, de Felicia Rosshandler, pareja del escritor. Traducción, revisada por la autora, de Orlando Luis Pardo Lazo.
Con gafas de escolta, bigotín de la KGB, pañuelito de Luis Vuitton (¿regalo de Ana de Armas?) y su impecable look de chulo con traje y corbata, desde un poster de autopropaganda nos sonríe feliz.
No hay mejor ni peor metáfora que la de ese animal “fajado por Dios, que entra poderoso en el desfiladero”, para observarme a mí mismo en un devenir. El de Cuba. O, mejor, el de la Revolución.
Una agonía merecedora de la altura griega de la palabra ʻtragediaʼ: la persistencia de un héroe ante una fuerza insuperable que lo confronta.
‘Quiero’ es un libro sobre fantasías sexuales femeninas. Yo quiero hablar de César Aira.
Luz Escobar es periodista y fotógrafa. Durante su trayectoria, ha recibido múltiples reconocimientos, incluido el Premio Libertad de Prensa del diario español ‘El Mundo’.
De no ser mucho pedirte, desde esta otra muerte que es el exilio de mentiritas, intentemos los dos renacer juntos para la próxima película, Lillian Roth, cuando nos sorprenda el primer invierno sin dictadores en La Habana.
“Hoy, lo primero que me dijo el abogado fue: ‘¿Oíste el noticiero ayer?’. ‘No, para oír mentiras, no lo oí. ¿Por qué?’. ‘Porque dijeron que van a ser todos sancionados por sedición’”.
“Me interesa saber que, cuando voy a ver una obra de teatro experimental, no la encontraré en mi móvil, ni en Netflix. Sé que tengo que estar allí. Es revolucionario, porque me obliga a salir de mi casa”.
Me quedo con la imagen de la mujer liberada de convencionalismos a través del arte; la Mary sonriendo en el patio, con aquellos vestidos que, dicen, dedicaba a sus músicos preferidos y que solía llevar a contraste con las pinturas.
Un buen día, no recuerda exactamente cómo, ya tenía tres perfiles de Facebook además del propio. Ya era una ciberclaria…, o más bien, tres ciberclarias a la vez.