Breve panorama crítico de las prácticas literarias de las narradoras cubanas en el siglo XXI, coordinado por Ivonne Sánchez Becerril.
La noche del 8 de abril de 2026 le tenía reservada a la comunidad de lectores, editores, escritores y gestores culturales una noticia muy aguardada desde que se convocó el I Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana: Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978) ganó esa primera edición.
Schweblin concursó con el libro de relatos El buen mal. Enrique Vila-Matas, Nona Fernández, Héctor Abad Faciolince y Marcos Giralt Torrente quedaron finalistas. Dos mujeres y tres hombres se disputaron el millón de euros.
“El buen mal destaca por plasmar, en un volumen de relatos, nuevos mundos turbadores, fascinantes y complejos”, dijo Rosa Montero, presidenta del jurado. “Samantha Schweblin recorre magistralmente la frontera imposible con una prosa hipnótica. Es un libro de belleza inquietante que sitúa la tradición del cuento en su punto más alto”.
Las palabras de Montero no solo me llevaron a ejecutar un breve y súbito repaso del panorama literario latinoamericano en este nuevo siglo donde, sin lugar a duda, destacan autoras como Gabriela Cabezón Cámara, Rita Indiana, Gabriela Weiner, Mayra Santos-Febres, Isabel Allende, Daina Chaviano, Fernanda Melchor, Cristina Rivera Garza, entre otras. Schweblin, ganadora del Premio Casa de las Américas 2008, me obligó también a (re)construir un mapa (mental) de la literatura cubana escrita por mujeres.
Sí: nombres, temas, géneros y los mal llamados subgéneros; ausencia / presencia de dichas escritoras, no ya en los suplementos literarios o en los circuitos literarios internacionales, sino en la crítica producida en la academia y fuera de ella, principalmente en Cuba.
La compilación Breve panorama crítico de las prácticas literarias de las narradoras cubanas en el siglo XXI (Serie Héuresis, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, 2025), coordinada por Ivonne Sánchez Becerril, desde una perspectiva feminista y antipatriarcal, y distante de reduccionismos incluso de orden político e ideológicos, abre un lugar dentro de los estudios literarios latinoamericanos contemporáneos y, en particular, en el análisis crítico del canon cubano.
Como parte del proyecto PAPIIT “Prácticas literarias de las escritoras latinoamericanas en el siglo XXI”, la coordinadora, con el apoyo técnico de Andrés Martínez Guzmán y la colaboración de académicos mexicanos y cubanos, se propusieron visibilizar la diversidad de propuestas literarias de escritoras cubanas y “priorizar las relaciones entre los textos literarios y sus condiciones de producción y recepción”.
La compilación cuestiona “la forma en la que se ha conformado el canon literario que históricamente ha excluido, marginado, discriminado y menospreciado a las mujeres que escriben, y ha desdeñado géneros considerados menores o femeninos como cartas, diarios y ensayos, e incluso minimizado temas como la maternidad, la crianza o la sexualidad”.
En la introducción, Brenda Morales Muñoz, responsable del Proyecto PAPIIT, además consigna que el objetivo no solo es dar a conocer el trabajo de las escritoras analizadas, sino destacar que “en ellas hay experimentaciones estéticas, abordajes temáticos y rupturas genéricas diversas”.
Sí, la cartografía conseguida nos sitúa ante mujeres que escriben sobre una amplia variedad de temas, con estilos diversos, desde su experiencia y corporalidad.
El libro revela una postura teórica: las narradoras cubanas han dado muestras de una mirada plural que, desde registros más o menos simbólicos, abordan la sexualidad, la maternidad, la vida doméstica, el cuerpo, incluso las disidencias no solo políticas.
Cabe añadir que los ensayistas no esquivan aquellos debates sobre la masculinización del canon revolucionario, la exclusión de géneros y temas considerados “menores”, y la necesidad de (re)construir genealogías literarias femeninas que revelen un devenir, rompimientos, también desplazamientos al interior de las sucesivas generaciones.
Buena parte de los textos críticos reconocen como referencia Las muchachas de La Habana no tienen temor de Dios… Escritoras cubanas (siglos XVIII-XXI) (UNION, 2004) de Luisa Campuzano, así como Estatuas de sal. cuentistas cubanas contemporáneas. Panorama crítico (1959-1995) (UNION, 1996) compilado por Mirta Yáñez y Marilyn Bobes.
La cartografía conseguida conecta algunos capítulos (casi) panorámicos con estudios puntuales de una o varias autoras, permitiendo así una visión y comprensión de un territorio intenso, de obras que van desde el realismo a la ciencia ficción, y donde Cuba es de todo menos un parque temático. Vale añadir que las autoras estudiadas, diecisiete narradoras en total, pertenecen a distintas promociones.
Cuba, cual “teatro de operaciones” de una batalla real (esa “guerra” librada por las mujeres en el espacio doméstico y el público), no queda reducida, ni en las ficciones analizadas ni en los textos críticos, a un archipiélago que va de una crisis en otra. Se trata de un país y sus conflictos, extendido al estado mental de los personajes, a la pérdida o la puesta en crisis de la identidad, a la diáspora o al exilio en la vida de los personajes y de algunas autoras, así como de la mezcla de nacionalidades en los orígenes de algunos sujetos de ambos grupos, con lo cual se elimina cualquier noción homogénea de “lo cubano”.
“Narrando el cuerpo lesbiano: deseo y desafío”, de Mabel Cuesta, constituye una de las cotas más altas de la compilación. La autora ejecuta un corte en canal en una zona de la obra de Ena Lucía Portela (La Habana, 1972), Mildre Hernández Barrios (Sancti Spíritus, 1972) y Yordanka Almaguer (La Habana, 1975).
Mabel pone en articulación escrituras del deseo lesbiano. Sí, hablamos de un gesto estético y político, “un desafío tanto al heteropatriarcado en general como al régimen totalitario cubano en particular. Régimen que, en algunos casos, ha sido el iniciador de persecuciones y consecuentes exilios para miembros activos de la comunidad LGBTQI de la Isla”.
Desde la literatura para adultos, o la escrita para niños y jóvenes, apostando o tomando distancia de un estricto realismo, apelando al cinismo, la ironía o a una aparente ingenuidad, estas narradoras confrontan la heteronormatividad, la familia tradicional, el modelo patriarcal cubano y “las bases de la visión falogocentrista del mundo”. El capítulo demuestra que estas obras espetan, sin tapujos, demandas sociopolíticas. Exigen y propician, desde la ficción, un debate real, más la necesidad de una visión integral y transformadora de la sociedad.
El ensayo “Gran sinfonía de las notas falsas” de Julio Rojas Castillo y Brenda Michelle Gutiérrez Guzmán analiza “la poética del silencio”, en tanto núcleo o eje en la obra de Karla Suárez (La Habana, 1969). Los autores analizan cómo el silencio, el secreto y lo no dicho (y, a mi juicio, también la elipsis) se instauran cual estrategias narrativas en oposición a la estruendosa jerga política de la Revolución, ese ruido multiplicado en las voces de sus principales líderes desde una tribuna en una plaza o en los medios de prensa.
Ante la “estridencia” de la épica revolucionaria, Suárez, una de las narradoras cubanas cuya obra ha sido publicada tanto en el extranjero como en Cuba, focaliza el rumor o el silencio y los secretos de los sujetos subalternos, aquellos cuyo lugar de enunciación y voz han sido abducidos o anulados por la propia Revolución.
Si hay alguna épica en estos individuos o en su devenir es el que les corresponde a los figurantes, a aquellas mujeres y hombres que simplemente son el decorado en cada proyecto de un líder con ambiciones mesiánicas: Fidel Castro.
“Dos patrias tengo yo”, de Damaris Puñales-Alpízar, es otro de los ensayos a destacar. Aborda la obra de Anna Lidia Vega Serova (Leningrado, 1968), Verónica Pérez Konina (Moscú, 1968), Helena Bicova (Bielorrusia, 1972) y Polina Martínez Shvietsova (Camagüey, 1976 – La Habana, 2023), entre otras narradoras de “doble origen cultural”, conocidas popularmente como “aguatibias” o polovinas, por ser hijas de matrimonios entre cubanos y ciudadanos de la antigua URSS.
Las obras de las escritoras mencionadas abordan la hibridez cultural, la migración y una identidad “que se sabe siempre en perpetuo movimiento” desde un espacio doméstico o público, entre dos lenguas, y siempre en territorios diversos.
¿Autoras y personajes “bicéfalos” cuyas memorias ponen en tensión o diálogo las geografías y las genealogías situadas (casi) en las antípodas? Este ensayo expande la cartografía de la literatura cubana, al incorporar autoras que generan un cortocircuito a la idea unívoca de nación.
La ciencia ficción y la crónica encuentra también su lugar en este mapa. La literatura especulativa escrita por mujeres, así como el activismo surgido en contextos recientes de protesta y disidencia (el 11J, el Movimiento San Isidro, y el 15N), abordados en textos de no ficción publicados en revistas independientes como El Estornudo, El Toque, Periodismo de Barrio y en el blog Generación Y, nos hablan de insistencia, persistencia, compromiso, de líneas de fuga, asociaciones y de una mirada múltiple con puntos en común.
Esta compilación vincula una literatura que, desde los “subgéneros”, mira no solo al futuro, sino también al presente desde variados universos probables o posibles. Identidad, familia, género, sexo, utopía socialista y desencanto han sido abordados por estas autoras desde la ficción especulativa o la crítica literaria relacionada con dichos “subgéneros”.
En “Coordenadas de nuevas estrellas: algunas directrices de la ciencia ficción cubana escrita por mujeres (2007-2011)”, Ana Fernanda Aguilar Alatorre traza una ruta crítica que la conduce, entre otras autoras, desde Gina Picart (La Habana, 1956) y Chely Lima (Güira de Melena, 1957 – Miami, 2003), hasta Elaine Vilar Madruga (La Habana, 1989) y Maielis González (La Habana, 1989).
Las coordenadas anteriores también son propias del espacio público, ese que la sociedad civil le ha ido disputando cada vez más al estado totalitario cubano. A propósito de lo anterior, el libro incluye el ensayo “La construcción del presente: panorama de la crónica escrita por mujeres en el 15N”, de Aída Chacón Castellanos.
Las tecnologías digitales y la capacidad de agencia han permitido, tanto a las narradoras como a las escritoras de no ficción, remarcar el papel y el protagonismo de las mujeres en la construcción de nuevas formas de intervención cultural en un escenario social y político marcado por férreos dispositivos de control, captura y castigo, lo cual ha sido plasmado por escritoras de no ficción, como Yoani Sánchez (La Habana, 1975) en su blog Generación Y, y por Mónica Baró (La Habana, 1988) en los diferentes medios independientes en los que esta última ha colaborado.
Breve panorama crítico de las prácticas literarias de las narradoras cubanas en el siglo XXI incluye un ensayo de Nanne Timmer sobre la irreverente obra de Legna Rodríguez. En la obra de Legna, la noción de lo literario o la literatura toma distancia de la solemnidad, del canon, incluso de la corrección política. Como se puede ver en el ensayo de Timmer, desde el cuerpo lesbiano y la maternidad, desde una agudeza aparentemente naíf, la aparente “analfabeta” asume la literatura como un arduo y peligroso parque de diversiones.
A pesar del desliz en la nota al pie relacionada con la Generación Cero: “bautizada así por Orlando Luis Pardo Lazo en el 2008, alude a escritores nacidos en la isla entre 1977-1989” ―Pardo Lazo es miembro de la generación y nació en 1971; al menos otro de sus autores nació en 1974―, la compilación se instaura en el panorama académico y literario cual reescritura (crítica y política) de un canon.
Las narradoras cubanas, en su propósito de narrar el presente, han situado para los días que corren, y para el futuro inmediato, interrogantes que quiebran o ponen en tensión un statu quo. Apelando a la corporalidad, a la memoria, al deseo y la disidencia transforman lugar y paisaje en un archipiélago sumido en sucesivas crisis y conectado no solo al Caribe contemporáneo.

Los intelectuales de la Guerra Fría
- I. El liberalismo contra sí mismo
- II. Judith Shklar: Contra la Ilustración
- III. Isaiah Berlin: El Romanticismo y la plenitud de la vida
- IV Karl Popper: Los terrores de la historia y el progreso
- V Gertrude Himmelfarb: Cristianismo judío
- VI Hannah Arendt: La libertad blanca
Por Samuel Moyn










