Julio César Guanche y los Comedores de Gofio

En estos tiempos turbulentos hay que tener cuidado, no tanto de El Cangrejo diletante, como de las muelas de los intelectuales cangrejeros que van marcha atrás, después de haber luchado un puesto en la vanguardia del pensamiento neocastrista. 

Julio César Guanche en Facebook, como cualquier neandertal de Tenerife, comienza su más reciente muela cangrejística con la cita autoritativa de un brujo de las ideas. Esta vez es Arnold Bauer, muy conocido en su casa a la hora del almuerzo. Cuando de cultura material se trata, el tal Bauer, y no el difunto Pánfilo, tiene en Guanchensberg la última palabra. 

No se habla de “¡Jama!” en la Cuba del apaga-y-vámonos, sino de unos muy pijos “bienes civilizatorios” —seda, vino, Ferragamo, moda europea, enumera Guanche increpando a El Cangrejo— que no deben confundirse con los “bienes malversados” del aquel primer castrismo extraccionista que desposeyó a los Gómez-Mena.

Cree el filósofo que solo con estos nuevos bienes “el poder se hizo visible”, ¡como si apenas ahora el castrismo hubiera salido a escena con sus Chivas Regal y sus Mercedes negros, sus hoteles obscenos y sus yates de recreo, su imperio inmobiliario y su escandalosa propensión a robar cámara! 

El Contra-Cangrejos de Julio César Guanche pretende ser un Anti-Dühring, pero el filósofo se olvida de la máxima “El medio es el mensaje”, pues en la lista de los “bienes civilizatorios” que nos endilga no aparece Facebook, que es su medio de inscripción favorito para expresar ideas chatarra ante una audiencia que vive en la oscuridad mediática. 

¡Miren en qué malgasta los gigabytes del pueblo el profesor J. C. Guanche!

“En Fidel Castro el comportamiento público era distinto: su conexión pública con el pueblo pasaba por presencia corporal y palabra: las visitas a universidades, las fotos en comedores obreros, las movilizaciones donde él estaba”.

Se trata de una muela bizca afeada por el frijol negro de la propaganda. Porque, en Cuba, medio siglo antes del nacimiento de El Cangrejo, el poder se había hecho visible y hasta cronometrable en los dobles Rolex que el Tío Castro llevaba en ambas muñecas. Un tiempo eterno, por cierto, donde siete décadas son solo un soplo del atomizador eau de parfum FIDEL, por IndiNoir®.

La relojería civilizatoria de la dictadura no era más que la visibilización de una temprana tendencia castrista: la loma de dólares encima de la mesa en la famosa foto de la recaudación en el Miami de 1955, o el cheque por 5000 dólares expedido al hombre con quien se acostó Nati Revuelta en algún momento de 1953. 

El nombre de guerra de Fidel Castro debió ser Ávido Dólar.

En último análisis, la Revolución castrista fue y será siempre una empresa comercial exitosa, un monopolio familiar al que tres generaciones de cubanos han contribuido con sus ingentes esfuerzos. Hoy somos los accionistas del castrismo y los legítimos dueños de sus medios de producción de miseria. 

Antes de citar a Arnold Bauer, Guanche debió leerse el libro ¡Yo soy el Che!, de un tal Luis Ortega, jefe de redacción del diario Prensa Libre, cuando en Cuba había periódicos. El viejo camaján que conoció mejor que nadie a nuestros incorregibles bodegueros gallegos.

Dejo aquí un par citas:

Fidel Castro le da las siguientes instrucciones a Almeida: “Tienes que organizar gente que trate de comprarlas a los soldados. Si es preciso puedes llegar a pagar hasta un peso por cada bala 30,06 o M1. Es un precio tentador y a nosotros el dinero nos puede sobrar. No debe importarnos gastar medio millón de pesos en medio millón de balas”.

[Eulogio] Cantillo le había enviado a Castro un recado misterioso sugiriéndole que se cuidara mucho y este había respondido con una carta llena de elogios. De hecho, había un acuerdo tácito entre ambos.

El genio de Fidel Castro fue siempre más cercano al espíritu negociador de Donald Trump que a cualquier variante del estajanovismo. El suyo fue The Art of the Deal para las condiciones históricas de una sociedad podrida hasta el tuétano, capaz de venderle la soga a su propio verdugo.

“En general, la clase media y las clases más ricas y aristocráticas del país se habían entregado afanosamente a la tarea de comprar bonos del M-26-7”, nos recuerda Ortega. “El arma más poderosa de que disponen los guerrilleros a mediados de 1958 es el dinero”.

¡Resulta que El Cangrejo de Oro no salió de la nada!

Por su parte, Guanche, hablando como los locos, arriba a un callejón sin salida: “El ecosistema que legitimaba aquel sistema se desintegró”. 

Era el mismo “ecosistema del sistema” que había puesto a la población a comer picadillo de toronja y bayeta de trapear remojada en salsa china. Pero si “aquella lógica pública” que mató de hambre y diezmó a la nación “requería un carisma específico”, ¿por qué insistió en perpetuarse más allá del Castro original?

El yogur mañanero del ecosistema estaba hecho con la leche de terneras F1, según reporta Norberto Fuentes, que visitó la expropiada Villa Crusellas, donde vivía el que solía fotografiarse en los comedores obreros. Cada gota de leche del castrismo habla ahora con la voz de El Cangrejo, bailador imbécil de música barriotera y gobernador de facto de la Isla de los Comedores de Gofio.

¿De qué habla Guanche cuando habla de “apología del poder desnudo”? ¿No lo había notado antes? ¿No ha sido él mismo el apologista del Máximo Líder, enfundado en un chándal de Adidas, que se pasea impunemente por los comedores de los miserables, sin que ni uno solo de los hambreados se atreva a atravesarle el corazón con una cuchara? 

¿No es Guanche el primer vendedor de la viabilidad del socialismo en “una Cuba que es sociológica y culturalmente poscomunista desde hace rato”? ¿Y qué hay de malo en que otro Castro tenga una legión de “admiradores” que sufraguen sus caprichos? ¿No extraña Guanche el “don de gente” de su Comandante?

¿No es el mismo Guanche el groupie que a estas alturas del campeonato se baja con que “la vieja lógica revolucionaria se centraba en los humildes”? ¿Y quién puso a circular al Che de Korda sino la burguesía reaccionaria milanesa? ¿Quién mantiene vivo a Fidel sino la intelectualidad reaccionaria yanqui? 

Sobre la superestructura del “Fidel incorruptible” se levanta un sistema hotelero-carcelario. Y en eso El Guanche y El Cangrejo no son distintos, ambos llevan colgado del cuello un cadenón nostálgico con las siglas FCR. 

Si “somos lo que compramos”, también es cierto que somos lo que vendemos. Y Guanche es el quincallero de una dialéctica histórica patas arriba. 






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