El título de todo libro se muestra revelador del contenido de sus páginas, así nos adentra Como el sorbo de agua en la hermosura poética de esa gran mujer de las letras cubanas y universales que es Dulce María Loynaz.
En la primera carta que le enviara Dulce María a la poetisa holguinera Belkis Méndez y a su amiga Anays se lee: “Vuestro cariño me reanima como el sorbo de agua que se da al sediento. Gracias por quererme y decirlo de tan linda manera. Gracias por Udes. mismas y por todo lo que significan en esta hora turbia del mundo”.
La edición, al cuidado del poeta Luis Yuseff, remite a una nota donde se aclara: “Este breve epistolario, concebido por Dulce María Loynaz para no ser publicado, responde a un período en que sus facultades visuales habían degenerado considerablemente, lo cual le dificultaba la revisión de su escritura”.
En la nota se advierte al lector que no encontrará en este texto las imágenes poéticas, la agudeza de los criterios literarios y humanos que sí se disfrutan en Cartas que no se extraviaron (Valladolid, 1997), la coedición publicada por las fundaciones Jorge Guillén (España) y Hermanos Loynaz (Pinar del Río, Cuba).
Según el prologuista, estas breves cartas vienen a ser “prosa breve y sentenciosa, íntima y esquiva, que no deja de irradiar ternura, aunque por momentos su autora parezca dominada por la displicencia en esta hora turbia del mundo”. Además, muestran “la sensibilidad de una mujer que, ya en los últimos años de su vida, recibió el cariño y la admiración de los más jóvenes poetas cubanos”.
La propia Loynaz lo escribió así: “No pretendo escribirle una carta linda, eso ya lo olvidé hace mucho tiempo; pero sí sé —y quiero que Ud. sepa— que le estoy haciendo una carta sincera y que cuando le digo que su amistad me hace bien, le estoy diciendo la verdad”.
Belkis Méndez relata en las palabras de presentación que, cuando llegó a la Biblioteca Provincial Alex Urquiola un ejemplar de las Poesías escogidas de Dulce María Loynaz, nunca había escuchado hablar sobre ella, prueba del ostracismo en que vivía la anciana poeta dentro de su amada isla.
El deslumbramiento ante tanta fortaleza poética movió a Belkis a llevar esos poemas recién descubiertos a las prisiones de Holguín. Cuando leyó la crónica de Loynaz sobre José Martí, “Hombre de fe”, entonces su impulso y su emoción dieron vida a la primera carta que le enviara la holguinera a la poetisa habanera.
Recibir respuesta animó la continua correspondencia que se mantuvo hasta septiembre de 1991, siempre marcada por la pérdida de visión que la propia Dulce María reconoce al escribir: “Yo estoy muy mal de la vista y ver escritos que no puedo leer, significa para mí morir de sed junto a la fuente”.
Este breve epistolario revela el minucioso trabajo que desde entonces vislumbraba a Ediciones La Luz, sello de la Asociación Hermanos Saíz, como lo que es hoy: una de las mejores casas editoriales de Cuba. Una mano tierna guía la edición de este libro. No puedo dejar de distinguir la belleza del diseño que viene caracterizando sus libros desde los años en que Taimí Ocampo llegó a la editorial.
Los textos de La Luz se ilustran con trazos de los maestros de las artes plásticas holguineras. En el caso de Como el sorbo de agua, es la pintora catalana Cristina Fonollosa la que nos regala desde su visión naif una mujer cubana, una magnífica criolla que contempla los lejanos veleros cruzar una mar en calma, abrazado por nuestras simbólicas palmas, esas “novias que esperan” (al decir de José Martí) y protegen nuestros valles.
En Como un sorbo de agua, el lector encontrará además la reproducción de cada una de las cartas de puño y letra de Dulce María. También se incluye un testimonio gráfico que reúne la primera carta enviada por Belkis Méndez y las dedicatorias de Loynaz de algunos ejemplares de sus libros.
Este epistolario fue presentado por su editor, Luis Yuseff, el 10 de diciembre de 2012 en Holguín, como homenaje al 110 aniversario del natalicio de Dulce María Loynaz, celebrando igualmente el cumpleaños 50 de Belkis Méndez. Es un libro de imprescindible recordación recién rebasados, el 27 de abril del presente, 29 años del fallecimiento de esa auténtica voz lírica que es la cubana Dulce María Loynaz.

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Por Samuel Moyn













