Diario de la invasión (III)


Pirkle Jones, Dorothea Lange fotografiando la destrucción de un hito natural de California (Valle de la Muerte, 1956).



Terremoto cerca de Cuba y me sobrecoge de pronto una visión. 

Que sobrevenga una catástrofe natural. No un ciclón, sino algo que nunca haya pasado desde que tenemos memoria histórica como país. Un meteorito gigante. Una pandemia endémica. O esto que acaba de ocurrir hoy. Un terremoto que podría desfigurar el rostro de nuestra geografía del alma, despertando al caimán dormido un instante antes de decapitarlo.

Ante una debacle así, como de la mano de Dios, ¿qué haríamos los cubanos en tanto nación que agoniza? ¿La catástrofe precipitaría la invasión o la pospondría hasta nuevo aviso?

En el dolor sin límites, la humanidad se manifiesta en toda su misteriosa misericordia. Ante un espectáculo apocalíptico, lo mismo podría activarse el instinto carroñero de nuestro pueblo que sublimarse ese espíritu de seres superiores en medio de la barbarie caribe que nos parió.

No se trata de estereotipos estériles. Igual podría precipitarse la invasión mientras una avalancha diaspórica corre de vuelta a su tierra prometida. Polen de una filopatría que oscila entre el puñal y la piedad. Igual podría posponerse la invasión y que sigamos con ese coágulo de indolencia que nos ha ido envileciendo el día uno de la libertad.

Duró apenas un segundo mi visión. Tuve que tomar apuntes a la carrera para no perderla. Nada permanece al margen de un diario de la invasión. El sitio de donde nunca ningún cubano será excluido es un diario de la invasión.

Es difícil poner en palabras las imágenes que vi sin ver, cuando leí sobre los 6.1 grados de magnitud en una escala sísmica desconocida. 

Fue como un darse cuenta. Un caer en resonancia con cierta música imaginaria, íntima, intransferible. Un rompimiento interior, una caída suave. Como se inclina en cámara lenta un árbol sobre las arenas mudas del desierto, después del hachazo horrendo del ebanista.






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Podría ser un género literario de estreno. Los apuntes de una persona a la espera de la invasión de su patria.

Por Orlando Luis Pardo Lazo