Carta #21 a Donald Trump

Miami, 20 de septiembre de 2026

Querido Donald:

Escuchaba estos días a Arturo Pérez-Reverte hablar, con esa mezcla suya de sorna y precisión, sobre los tontos. Recordé una de sus ideas: un tonto es mucho más peligroso que un malvado. El malvado sabe lo que hace; el tonto puede hacerlo todo convencido de que está haciendo el bien.

Pensé, naturalmente, en Cuba.

Un dictador y un pueblo atontado dispuesto a justificarlo terminan produciendo algo peor que un dictador: producen un sistema. Sesenta y siete años después, seguimos viviendo entre los escombros de aquella combinación.

Y entonces pensé en ti, my President.

Porque un tonto solo es eso, un tonto. Mil tontos organizados alrededor de un hombre con poder son otra cosa. Pueden llegar a jurar, si tú lo dices con suficiente convicción, que la Tierra es plana. Do the math. It always adds up the same way.

Puede haber trumpismo sin Trump. Lo que parece más difícil de imaginar es un trumpismo sin tontos.

Y hablando de creyentes, ¿qué te ha parecido lo de María Elvira?

La representante del Distrito 27 acaba de descubrir que algunas cosas pueden ir demasiado lejos. Lo descubrió esta semana y decidió comunicártelo frente a una cámara, en inglés y en español.

No seré yo quien le discuta la frase. El problema es el calendario.

Reuters acababa de registrar que la aprobación de tu política migratoria había caído del 50 al 39 por ciento. Y María Elvira, que representa un distrito mayoritariamente hispano y tiene una elección por delante, descubrió de pronto que había cosas que decirte.

No sé si estamos ante un cambio de conciencia o ante una actualización del pronóstico meteorológico. Pero resulta curioso que la indignación aparezca cuando empieza a llover sobre la propia casa.

Tú le recordaste, con benevolencia, que había ganado gracias a ti y que había sido blanda con la frontera. Te corrijo: María Elvira es blanda en todo. Como política, carece de ideas propias y nada en las aguas del Congreso con la agilidad de una claria: se escurre en el agua y chapotea en la tierra. Política anfibia, sin propósito, sin ideas, sin talento.

Así funciona Washington: los principios suelen llegar acompañados de una encuesta.

Better late than principled.

Y quizá por eso el episodio resulta más interesante de lo que parece. No porque María Elvira haya descubierto ahora la inmigración, sino porque demuestra una vieja ley de la política: la temperatura moral de algunos políticos cambia a medida que se acercan las elecciones.

En Miami conocemos bien esa especie.

Y ya que hablamos de quién puede hablar, quién puede entrar y quién debe quedarse fuera, my President, llegamos al asunto realmente importante de esta carta: la prensa.

No sería la primera vez que un gobernante decide que determinados periodistas merecen estar en la sala y otros no.

Mussolini liquidó la prensa independiente italiana y la puso bajo control fascista. Hitler hizo lo mismo después de 1933, hasta convertir el periodismo alemán en una profesión sometida al aparato de propaganda del régimen. Stalin mantuvo la prensa soviética bajo control estatal y utilizó la acreditación de corresponsales extranjeros como instrumento de presión.

Y Fidel Castro aprendió rápido.

Jules Dubois. James Buchanan. John Fenton Wheeler.

Periodistas extranjeros que terminaron fuera de Cuba porque habían llegado a la conclusión equivocada: que su trabajo consistía en contar lo que veían y no lo que el gobierno quería que vieran.

Ahora llegamos a ti.

En 2018 fue Jim Acosta. En 2025, Associated Press. Y ahora CNN, MS NOW y Politico.

El argumento vuelve a ser el de siempre: fake news.

Same script, new administration, same old excuse.

Una cosa es combatir una mentira. Otra, decidir que una noticia es mentira porque resulta desagradable. Una cosa es corregir a un periodista. Otra, decidir quién puede entrar en la casa del pueblo dependiendo de lo que escriba.

You didn’t invent the tactic, my President.

La lista de precedentes es demasiado larga y demasiado conocida. Puedes insultar a la prensa. Puedes discutir con ella. Puedes demandarla. Lo que resulta más delicado es convertir el acceso al poder en premio para quien te complace y en castigo para quien te incomoda.

La Casa Blanca no es tu club privado.

Y la prensa no es un coro de acompañamiento.

You can fight the press, Donald. Just don’t confuse fighting it with owning the room.

Termino esta carta hablando de Ucrania.

Prometiste que podrías terminar aquella guerra en 24 horas.

Han pasado muchos más días que 24.

Y hoy, 20 de septiembre, mientras escribo estas líneas, Ucrania acaba de lanzar sobre Moscú uno de los mayores ataques con drones registrados hasta ahora. Hay muertos, daños en una refinería y cientos de drones dirigidos contra la capital rusa, según las autoridades y los reportes conocidos.

La guerra sigue.

Las conversaciones siguen.

Los anuncios siguen.

El no final sigue.

No parece exactamente el aspecto de una guerra que vaya a terminar any time soon.

Quizá esa sea la ironía más incómoda de todas. Llegaste prometiendo un final rápido y terminamos contando los días mientras se cuentan los muertos.

Gaza tampoco parece haber recibido la paz definitiva que tantas veces se ha anunciado. Irán sigue siendo Irán. Y Cuba sigue siendo Cuba.

De Cuba, mejor ni hablamos.

Porque, al final, volvemos al principio.

Un malvado y mil tontos producen mil y un malvados.

Puede ocurrir en La Habana. Puede ocurrir en Washington. Puede ocurrir en un distrito electoral de Miami. Puede ocurrir en una sala de prensa cuando el poder decide que unos periodistas son aceptables y otros no.

Lo viví en Cuba: la censura y el destierro de decenas de periodistas independientes. Me dolería mucho vivirlo aquí y tener que aceptar que te pasas la Primera Enmienda de nuestra Constitución por la bolsa escrotal que guarda tus dorados testículos.

Same equation.

Every zip code.

Same silence dressed up as order.

Hasta pronto, my President.

Siempre…

Tu Jorge


N.B. El original en inglés de esta carta fue enviado al correo oficial del presidente de Estados Unidos.






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