Independent: “Dos buques navales rusos han atracado en el puerto venezolano de La Guaira”.
Independent: “Dos buques navales rusos han atracado en el puerto venezolano de La Guaira”.
Vivimos en una época extraña en la que las narrativas han suplantado a los hechos y no me hacía ilusiones sobre cómo los medios de comunicación corporativos responderían a mi frenética actividad.
A mi madre siempre le gustaron la decadencia y los edificios destartalados.
Quiénes inventaron Tlön? ¿Quién programó a Abulafia? ¿Para quién se escribió el Plan? ¿Cuántos fieles acudirán al Péndulo, si alguien los convocara ahora?
“Me sentí como si estuviera hablando con León Trotsky en los años previos a la Revolución rusa”.
Mis amores de los setenta / están cumpliendo sesenta. / Algunos apagaditos como florcitas sin agua / —la sal charchaleando en la herida— / quijotes unos buscando molinos / amargados por el exilio muchos / amañados otros con los sandinistas.
Adiós, Centurión. Mártir de la ajenidad. No dejaste ni quince minutos de fama en YouTube.
Diré que —como mucha gente— yo nací en La Habana. Aclararé, además, que la ciudad donde vine al mundo ya no existe.
En enero de 1956, Truffaut publicó una serie de textos en los que dialogaba con varios críticos de cine. En estos meses me he puesto a rescatar las mismas preguntas y se las he pasado a estudiosos y críticos cinematográficos. En esta segunda entrega se nos ha sumado Juan Antonio García Borrero.
Hoy, mejor que cualquier otro día, he comprendido ese grito que sale del alma: “En San Isidro estamos todos”. Les toca a ustedes la escalada de violencia en una expresión muy alta; a mí, en mucha menor medida. Lo peor es que mañana le puede tocar a cualquiera. No es necesario alzar la voz para ser acusado; basta, tan solo, tratar de asomar la cabeza fuera del guion.
Alguien me dice: pero, ¿para qué hacen eso, si nadie los conoce? Y, más allá de que no es cierto que nadie los conoce, yo me pregunto: ¿es importante que te conozcan? No es importante conocer a Denis Solís. Lo importante no es él: puede ser cualquiera de nosotros. Lo importante es que conozcan la causa de tu acción.
Está claro que, por mucho que doren la píldora, Miami no es ciudad para los actores. Y menos para el tamaño de Broselianda Hernández. Lo más duro es que el cine cubano también la abandonó. Ese cine ingrato que desatiende a muchos, aun en el momento de mayor brillo. Brose se quedó sin tierra. Por eso se ahogó.