Retazos

Una niñita cubana piensa 
que el mundo 
es un atardecer en lo alto de la loma,
caminar cuesta arriba,
y tirarse en bicicleta.

Piensa que el universo
es un Trencito de Maravillas,
mirar las estrellas desde un balcón.

Que el sentido de la vida se resume
en olor a panetela, carriola en el parque
y pizza de cinco pesos.

El tiempo pasa.

Y el mundo se vuelve 
un plato de harina,
cuentos de la abuela,
ruido de un balancín,
y borboteo de café recién colado
en el patio.

El aire entra por una persiana de aluminio
a través de una malla verde,
escudo contra las moscas.

El sentido de la vida se encuentra
caminando por el puente giratorio
o en el segundo piso de la Universidad de Matanzas.

El mundo se volvió un huevo frito, 
las canas de mi abuelo, 
sus charlas de historia,
una cortina de flores
y un jarrito de aluminio.

El universo comenzó a sentirse 
igual que se sorbe un mamoncillo
en época de estío.

El paraíso era una mermelada de mango.

Camina descalza por el malecón,
que el aire de enero te frise la piel.

El universo se encontró en los cuentos de mi papá,
en los coches de Cárdenas,
el ruido de los cascos en la carretera.

El paraíso era como cazar lagartijas,
salir a mataperrear.

Y es que el infinito se escondía, sentado
sobre una meseta sin enchape
y le tiraban a la cara el humo
de un cigarro.

El sentido de la vida es una tirada de dominó,
una botella de Havana Club. 

La vida entera consiste en llegar a Narváez.

Más tarde.

El Trencito de Maravillas se quedó sin combustible, 
me queda muy lejos treparme en aquella loma. 

Tumbaron el balcón. 

Hoy me quedan a 900 millas
los cuentos de la abuela,
el ruido del balancín.

Aquí el café no cuela igual de rico
y el aire
no pasa por las ventanas de cristal. 

Ya no hay luces en esa bahía.
No hallo dormilonas en la playa
de los pinitos. 

¿Cuántas tablas se le han caído al Giratorio?

Me sangran los sueños
al pensar con los pies
sobre los pasillos de la universidad. 

Un huevo frito no sabe igual en el Yuma,
los plátanos están desabridos,
el abuelo cuenta más arrugas que historias,
cuando está lejos. 

Aquí no ponemos cortinas.
Todos los vasos son de cristal. 

Sueño con un pozuelito de mermelada,
el silencio de la calle 
me taladra los tímpanos.

Camina en pantuflas por la casa
y que el aire acondicionado te cure el dolor.

El universo se llevó los cuentos de cerquita 
que me contaba mi papá,
ahora los narra un aparato. 

Hace dos años que no veo ni un coche
y por Dios juro que
si me encuentro una lagartija
yo la bautizo,
le pongo nombre, 
me trepo en cualquier techo. 

Quiero salir a mataperrear,
ahogarme en una nube de cigarro. 

El mundo es una incógnita,
no se puede resumir en ninguna esquina 
qué es el universo.

La vida
no tiene sentido.