Política y ciudadanía estadounidense entre la comunidad homosexual cubana en el exilio, 1978-1994.
Política y ciudadanía estadounidense entre la comunidad homosexual cubana en el exilio, 1978-1994.
Miento y sonrío y trato de ser amable, convenciéndome de estar creando un nuevo personaje o una historia con la cual ganaré los euros de un concurso.
En el anime abundan los personajes que se transforman en seres gigantescos por diversas razones mágicas, genéticas o tecnológicas.
Nunca supe por qué me buscó. Quizás por el miedo o la soledad en que vivía. Tal vez porque parecía un cura con mi calva. O un tipo asexual, por haber perdido cuatro dientes.
Foreign Policy: “Los dos candidatos se enfrentaron sobre la guerra de Rusia en Ucrania, la guerra entre Israel y Hamás, la inmigración y la imagen global de Estados Unidos”.
Vanity Fair: “¿Cómo? ¿El Donald Trump que incitó una insurrección porque no pudo admitir que perdió la última elección?”.
Washington Post: “El presidente tropezó repetidamente, y el expresidente hizo afirmaciones falsas repetidamente”.
WSJ: “Una actuación titubeante en el debate desata la confusión en el partido sobre el candidato para 2024”.
¿Por qué no se ha tomado ya la decisión de clausurar las editoriales estatales cubanas que publican literatura cubana contemporánea? ¿No representaría un ahorro para el Estado? ¿Por qué seguir botando así el dinero? En serio, ¿qué está esperando Miguel Díaz-Canel?
Roberto Carter es, con amplitud de miras y a sus anchas, el nuevo Federico Herrero de la pintura costarricense y más.
Los iconos del paisaje cotidiano habanero, con toda su erosión y mugre, reflejan las ansiedades, temores y frustraciones de un período de pesimismo y desazón, donde las escaleras suelen registrar el ascenso de los personajes, o su salida hacia la luz.
El Decreto-Ley 373 solo sincroniza al audiovisual cubano con otros campos creativos como las artes visuales. A la larga, evidencia cuán alienada estaba la esfera fílmica respecto a su propio contexto, en temas de reconocimiento legal básico. Cuadros y esculturas sí, películas no. Al moverse, las imágenes parecen ser más peligrosas.