Chicago Sun-Times: “La serie expone los intentos de los federales para desestabilizar la Cuba comunista, con abundante material respaldado por los archivos del gobierno”.
Chicago Sun-Times: “La serie expone los intentos de los federales para desestabilizar la Cuba comunista, con abundante material respaldado por los archivos del gobierno”.
En el anime abundan los personajes que se transforman en seres gigantescos por diversas razones mágicas, genéticas o tecnológicas.
El capitalismo cubano adolece de las contradicciones del Estado cubano: asume la necesidad de romper con un sistema-mundo injusto, pero pide ingresar a ese mismo infierno abandonado.
“Odette Alonso Yodú, Gleyvis Coro Montanet y Legna Rodríguez Iglesias. Tres mujeres. Cubanas. Poetas. Emigradas. Grandes. Sabias”.
“En Cuba sólo han existido dos José, José Martí y José Lezama Lima”.
“¡Esto es demasiado…! ¡No hay quien aguante tanta tortura!”, grita alguien. “¡Aquí en esta casa no se come hoy!”.
Una conversación con el dibujante Alen Lauzán, el humorista gráfico Gustavo Rodríguez (Garrincha) y el escritor Jorge Fernández Era.
“Casi nadie ha podido desertar de Corea del Norte. Pero esta familia hizo una aterradora apuesta por la libertad… y lo consiguió”.
WSJ: “Las autoridades chinas clausuran discretamente a los vendedores de sustancias químicas y dicen que regularán otros precursores de opiáceos”.
El gas contemporáneo se llama “ferias comunitarias”. No se escandalicen todavía. Permítanme al menos intentar explicarme.
La chiquita ya había salido de la prisión. Y estaba en la calle, libre, y con tremendas ganas de vivir. Pero los vivos, los blancos y la gente del Vedado son de pinga y, como si fuera una apestada, habían hecho un espacio alrededor de ella.
Este es el texto sobre el concierto de Habana Abierta en Gibara, donde el público escuchó los temas de siempre, esos con los que el grupo plantó bandera en La Tropical, en su primera Cruzada. Y en aquella otra, que me dejó un mal sabor. Como el ron casero en los años 90, que a pesar de todo me tragaba. ¿El (mal) sabor del fin?
Conozco de sobra esa expresión facial. La vi muchas noches, con y sin luna en el cielo caribe, hecha mueca de muerte en los rostros de los agentes para nada secretos que me arrestaban a sueldo del Ministerio del Interior.