I Bienal Internacional del Humor: la risa consentida

 “The voice of the victim is much funnier
than the voice of the oppressor”.

Marc Maron, 2011


El Gobierno cubano anunció este mes la celebración de la Primera Bienal Internacional de Humor Político. El evento está organizado por el Consejo Nacional de las Artes Plásticas (CNAP), el Ministerio de Cultura y la revista La Jiribilla. La convocatoria publicada por estas instituciones promete «explorar de manera lúdica el impacto de la globalización y los fenómenos asociados a ella, desde una perspectiva de humor político». Más específicamente, afirma dedicarse a «la lucha contra el neofascismo».[1]



Cartel de la Primera Bienal Internacional de Humor Político, La Habana 2024 / Imagen: Portal Cubarte.


Para la ocasión, se han dado cita 66 creadores de 24 países, que compiten con 225 obras. Estas se distribuyen entre una exposición colectiva central de artistas internacionales y muestras colaterales de nacionales y extranjeros, además de un evento teórico. Conferencias en la Universidad de La Habana, en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y en la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), completan las dos semanas de Bienal. 



Cartel de la exposición colectiva Alta Fidelidad (2024) / Imagen: Mate Amargo.


Con este propósito, el comité oficial reivindica el humor político como «una herramienta (…) para criticar desde la ironía, la sátira y el sarcasmo como no se puede en otros espacios, logrando una empatía inigualable con los públicos». Sin embargo, en conferencia de prensa, la instancia organizadora aclaró que hay excepciones en el empleo del humor como recurso: «En el caso de Cuba hay límites en el humor con relación a las figuras históricas de la Revolución y los conceptos formadores de la identidad nacional cubana; habrá espacio para la crítica social y la sátira siempre que no se toquen de manera irrespetuosa o degradante esos puntos».



Bromas, ofensas y límites lúdicos en los autoritarismos 

El abordaje del humor político por parte de las autoridades culturales cubanas no surge de forma aislada. En la pasada XIV Bienal de Arte de La Habana se incluyó la exposición colectiva de humor gráfico «A fin de cuentas: humor con Dedeté», que comprendía 36 obras de 6 creadores adscritos a dicha revista, suplemento gráfico del diario oficialista Juventud Rebelde. Según su director, Adán Iglesias Toledo, en entrevista al Granma, medio oficial del Partido Comunista, esta Primera Bienal también responde a una demanda de la sección de humor gráfico de la UPEC de tender más espacios «que permitan reflejar nuestra realidad nacional y universal».[2]

La crítica de lo político desde el humor frente a las vivencias cotidianas, así como al acontecer nacional e internacional, más que una novedad es una forma de negociación sociocultural presente en muchas sociedades. El propio imaginario cubano porta, desde la Colonia, elementos tradicionales como el coloquialismo y el «choteo» que acompañaron a los cubanos en la restauración simbólica de procesos historiográficos y memorísticos. 

En específico, el humor gráfico ha sido en numerosos sistemas políticos una herramienta válida de crítica social y política para denunciar abusos de poder, corrupción y desinterés de los gobiernos, sobre todo ridiculizando a sus figuras líderes para equipararlas con el público, poniendo en discusión sus argumentos y acciones, y restringiendo los excesos de culto y de supuesta credibilidad. Otro instrumento al uso, a través del humor gráfico, es la visualización de ideas que crean impacto emocional más memorable y fortalecen la identidad del ciudadano respecto a un partido o a sus oponentes. El mismo principio asiste en la movilización y la cohesión de causas de justicia social. 



Ganas de Tonfa, Garrincha (2024) /Revista MAZZANTINI / Imagen: Facebook.


No obstante, estas funciones del humor gráfico solo son posibles en escenarios donde priman la libertad de prensa y de expresión, y donde la discusión política convive en una esfera pública heterogénea y plural. En sistemas autoritarios, por el contrario, el humor gráfico sirve como propaganda política, controlada y utilizada de forma unilateral por el Estado para reforzar su poder, naturalizar ideogramas, así como para recrear y criminalizar identidades alternas al discurso dominante, convirtiendo cualquier oposición o disidencia en el «otro», descrito mediante exageraciones, prejuicios y marcadores negativos. La sátira y el humor así administrados no se distinguen demasiado del resto de la propaganda política, en sus funciones de control y censura, deshumanización de contrarios y refuerzo del culto a la personalidad.

Los autoritarismos actuales suelen ser permeables e híbridos, reciclando a conveniencia estructuras democráticas y reapropiándoselas mediante nuevos «valores» de corte iliberal. De ahí que se hable cada vez menos de ideologías centrales para pasar a referirse a misiones. Sin paradigmas fijos, la doctrina autoritaria se alimenta de argumentos «de impacto» que despoja de sus significados originales para atribuirles otros más convenientes dentro del imaginario autoritario. Esto les permite mostrar un desempeño positivo, fortalecer una narrativa atractiva y ganar legitimación para asegurar su permanencia.[3] Entre los más recientes reforzamientos de «valores» de los regímenes autoritarios se encuentra un discurso que los posiciona contra sistemas explotadores y prácticas extremistas identificados previamente por el supuesto «humanismo» autocrático; aun cuando dentro del manual autoritario convive el injerencismo, el extractivismo y el terrorismo. 

De tal modo, la convocatoria desde La Habana para la Bienal de marras invita a pronunciarse contra el neofascismo, mientras que el mismo gobierno llama a cualquier crítico de su postura «odiador», persigue a sus ciudadanos y restringe sus derechos civiles. Hoy las instituciones culturales del oficialismo cubano convocan y agrupan a artistas internacionales con motivo del humor político, mientras que sus propias oficinas diseñan y ejecutan leyes y decretos que prohíben, criminalizan mediáticamente y penalizan jurídicamente expresiones de sátira política hacia sus dirigentes. Normativas como el Decreto-Ley 349 (2017), el Decreto- Ley 35 (2021) y la más reciente Ley de Comunicación Social (2024) establecen figuras legales y diferentes condenas ante expresiones de crítica que «afecten» la imagen tanto de dirigentes actuales como de líderes históricos. Estas «infracciones» se tratan como delitos que atentan contra el valor patriótico de estas figuras, contra el sentido de integridad de la seguridad nacional, a la par que son consideradas propaganda enemiga. De tal modo, diversas obras satíricas cubanas, desde el teatro, la música, la plástica, la gráfica y el performance han sido canceladas y sus creadores acosados, detenidos, interrogados y/o procesados.

La distorsión resultante del arbitrario comportamiento autocrático puede trazarse con claridad cuando el Gobierno cubano detiene y condena a artistas y activistas como Luis Manuel Otero Alcántara y Anniete González por el uso de la bandera como expresión artística y política, pero permite la grabación de una actriz rusa de la industria de cine para adultos, en un local estatal como la fábrica de Ron Legendario. Ubicada en la capitalina Calzada del Cerro, la institución hospedó el paseo desnudo de Monika Fox frente a símbolos patrios como el escudo, el busto de José Martí, la bandera, entre otras enseñas nacionales. Esta dicotomía ilustra igualmente la polarización discursiva desde la que pretende ubicarse la autocracia caribeña, repitiendo el término «neofascismo» al que recurre el Gobierno ruso para justificar la invasión a Ucrania, también para dirimir el complejo conflicto en el Medio Oriente adjudicándole el mismo epíteto al Gobierno israelí en su actuación en Gaza. No sorprendería entonces encontrar caricaturas antisemitas en La Habana en la simplificada versión del mundo que exportan las autocracias.

Al mismo tiempo, autocracias desde La Habana, Caracas y Managua responden con frecuencia a críticas humorísticas desde paradigmas de victimización, por ello a menudo criminalizan estas expresiones como «delito de odio». En todo el mundo, los gobiernos autoritarios son cada vez más incapaces de ver el lado divertido de cualquier cosa que sea mínimamente crítica hacia su gestión, imponiendo duras penas con casos extremos en Irán, Siria, Azerbaiyán, Kazajstán, Rusia y cualquier foco totalitario.



Autonomofobia de Estado y el monopolio del humor

La ironía en la Bienal de marras es la reconfiguración de un ejercicio social genuino en un simulacro institucional absurdo: ante el aumento de la violencia penalista en Cuba sobre formas de disenso que incluyen la sátira, la broma y el ridículo, no parece haber burla de peor gusto que organizar un festival de humor político. Para ilustrar la ocasión podríamos citar una broma frecuente en parte del espacio postsoviético: «En Rumanía hubo un campeonato de chistes políticos. ¿Qué le dieron al primer lugar? Quince años».



La espiral de la barbarie, Gorki Águila (2024) / Imagen: Facebook.


Pero los convocados en esta ocasión no corren tal peligro, están en el «lado adecuado de la Historia», en el espacio políticamente correcto del discurso autoritario. En este esquema, la risa es justa, humanista, adecuadamente irreverente. Lamentablemente, un festival oficial de «humor político» en autocracia, y más aún en las actuales circunstancias que enfrenta Cuba, no muestra más que un nuevo ejercicio de autonomofobia de Estado. 

Desde 1959, el Gobierno cubano ha controlado la esfera pública nacional mediante el monopolio del debate político, hasta convertirla en un sitio de rebote del propio eco oficialista. En esta obsesión por gobernar lo cotidiano, hasta el humor puede intentar ser sustraído. Pero, para desgracia de las élites que dominan, lo lúdico no puede recrearse más que de manera fingida y forzada. 



Ministro de Cultura de Cuba Alpidio Alonso durante la inauguración de la Primera Bienal Internacional de Humor Político, La Habana 2024 / Foto: Ernesto Mastrascusa / EFE.


El humor político siempre ha sido un arte outsider y antisistema, expuesto genuinamente en espacios libres, lugares de reunión donde la asociación íntima fomenta la identidad colectiva, las quejas compartidas, los marcos de oposición y la innovación táctica. En la Unión Soviética, por ejemplo, eran las cocinas, los espacios íntimos del hogar, donde se intercambiaban las bromas prohibidas.[4] Hoy día, y con Internet al uso, es más difícil constreñir el humor. También porque es en tiempos de insatisfacción política donde se genera mayor hambre de humor político y donde más se despotrica contra los sujetos que detentan el poder. No todo el humor es antiestablishment, pero la mayor parte del humor político proviene de la rebelión, sobre todo, aunque no únicamente, donde se crean contextos duros de corrección política, como es el caso de los autoritarismos.[5]

La diferencia es que ahora la sátira como infrapolítica tiene mayor terreno de acción en los memes, mientras que los espacios libres son las plataformas digitales. Tanto es así que, desde que se ha profundizado la crisis multifactorial en Cuba, se ha agravado la represión jurídica contra muestras de «irrespeto» a los líderes de la Revolución en las redes sociales. Es entonces cuando la autonomofobia de Estado entra en juego: ya ha creado estructuras paralelas oficialistas de la sociedad civil, de negocios y emprendimientos privados, de arte y activismo «alternativo», así como su propia realidad paralela de Derechos Humanos, donde una invasión es «una operación militar especial», una crisis económica un «periodo especial», y donde los amagos para sobrevivir son «ejercicios de creatividad colectiva».



Invento de la rueda, CUBANDERTAL XII, Garrincha (2024) / Revista MAZZANTINI / Imagen: Facebook.


Un ejemplo reciente de la apropiación de expresiones socioculturales por parte del Estado cubano fue el pasado festival MELAH (Movimiento de Expresiones Latinoamericanas de Hip-Hop), que tuvo como una de sus sedes al bar Fellini, en Miramar. En esta ocasión fueron convocados artistas oficialistas para custodiar e intentar boicotear los conciertos de rap programados, más radicalmente contestatarios, y de paso desmembrar la articulación de artistas del mundo underground habanero.[6] Pero son numerosos los casos históricos de este tipo de resignificaciones. La usurpación de espacios espontáneos «incómodos» como el Festival de Música Electrónica Rotilla, o el cierre del Patio de María para la reconducción custodiada en el también extinto Maxim Rock, sirven para ilustrarlo.



Reflexiones finales

En un imaginario político autoritario, custodiado por una narración historiográfica oficial, así como por la regulación física y digital del espacio cívico, la Primera Bienal Internacional de Humor Político intenta monopolizar y reconducir sátiras y tropos hacia las conveniencias del poder. Y es que, mientras mayor crisis de legitimidad tienen las autocracias, más son los espacios invadidos. Así, las prácticas cotidianas como el humor, el rumor y el choteo ofrecen una confrontación simbólica, una renegociación de las relaciones de poder que ponen en peligro la permanencia autocrática. Queda por ver cuánto de las expresiones más genuinas del humor y el sarcasmo es capaz de reproducir el autoritarismo caribeño, y cuánto logra comunicar en un escenario cada vez más precario y fracturado de legitimidad, donde cualquier gesto proveniente de lo oficial es recibido con suficiente suspicacia y permanente hartazgo. En este sentido, el Observatorio de Derechos Culturales se mantendrá pendiente de las posibles expresiones degradantes que, desde el supuesto humor político, el poder autoritario pueda generar para camuflar ejercicios de censura y criminalización. El Observatorio recuerda asimismo el peligro en el fomento de un set de antivalores y reinterpretaciones que distorsiona la realidad con mayor impacto en los más vulnerables, así como en la perpetuación de un régimen autoritario y de sus estrategias de promoción internacionales, de las que es parte la Primera Bienal Internacional de Humor Político.





Notas:
[1] https://www.lajiribilla.cu/i-bienal-internacional-de-humor-politico-la-habana-2024-para-compartir-visiones-ideologias-y-fuerzas/
[2] https://www.granma.cu/cultura/2024-06-13/el-humor-grafico-no-se-burla-reflexiona-13-06-2024-22-06-05
[3] Kneuer, M. (2017). Legitimation beyond ideology: authoritarian regimes and the construction of missions. Zeitschrift für vergleichende Politikwissenschaft, 11(2), 181-211.
Cannady, S., & Kubicek, P. (2014). Nationalism and legitimation for authoritarianism: A comparison of Nicholas I and Vladimir Putin. Journal of Eurasian Studies, 5(1), 1-9.
[4] Gessen, M. (2017). The future is history: How totalitarianism reclaimed Russia. New York: Riverhead Books. Ver también Johnston, H. (2005). Talking the Walk: Speech Acts and Resistance in Authoritarian Regimes. Minneapolis: University of Minnesota Press, 108-137.
[5] Berger, P.L. (1997). Redeeming Laughter: The Comic Dimension of Human Experience. New York: Walter de Gruyter. Berlant, L. y Ngai, S. (2017). Comedy Has Issues. Critical Inquiry 43(2), 233–249. Billig, M. (2005). Laughter and ridicule: Towards a social critique of humour. Sage Publications.
[6] https://hypermediamagazine.com/sociedad/bajando-la-bulla-el-underground-en-cuba/





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Carta abierta de Herta Müller

Por Herta Müller

“Hay un horror arcaico en esta sed de sangre que ya no creía posible en estos tiempos. Esta masacre tiene el patrón de la aniquilación mediante pogromos, un patrón que los judíos conocen desde hace siglos”.



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