La edición 33 de las Romerías de Mayo se celebró este año en un contexto marcado por el agravamiento de la crisis multifactorial —con mayor impacto en provincias orientales como Holguín—, el éxodo sostenido y masivo de artistas cubanos, y el proselitismo ampliado de la política cultural cubana. El festival, dedicado a Fidel Castro y al 40 aniversario de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), tuvo lugar entre denuncias de los escasos recursos que fueron desviados en detrimento del sector residencial, del incremento de los apagones y del hastío de los vecinos, antiguos asiduos a las fiestas de la ciudad cabecera.[1]
Una de las actividades nocturnas de las Romerías de Mayo. Imagen: Facebook (2026).
Bajo el lema “Tradición y modernidad en defensa de los valores identitarios de nuestros pueblos”, el evento cumplió con las tradiciones conocidas: desfile de apertura, la subida a la Loma de la Cruz, la siembra del Árbol de la Paz, el Hacha holguinera, el evento teórico Memoria Nuestra. Sin embargo, el historial más reciente del festival muestra dos grandes marcas: la ausencia de caras tradicionales de la trova, el teatro y las artes plásticas, y la intervención cada vez mayor de un discurso politizado y de trinchera.
Desfile inicial de las Romerías. Imagen: Cubadebate (2026).
La tradición asimilada en acto político
La historia de las Romerías de Mayo en Holguín se remite, como otras tantas tradiciones en la Isla, al cruce entre la devoción católica hispánica y el folclor popular del período colonial. Según la crónica local, en 1790, el fraile Antonio Joseph Alegre colocó una cruz de madera en la cima del cerro del Bayado, una elevación de 270 metros al norte de la ciudad. Esa colina pasó a llamarse Loma de la Cruz y, en torno al 3 de mayo, nació la costumbre de peregrinar hasta ella.
Vista de la ciudad desde la loma en 1950. Imagen: Ahora.cu.
Las Romerías mezclaron lo sagrado y lo profano: se realizaban rogativas y misas, competencias y bailes populares, con la asistencia del Cabildo, los órganos de justicia y el Regimiento de Holguín. Entre 1927 y 1932, se construyó la escalinata de 458 peldaños que facilitó el acceso al cerro durante el “Día de la Cruz”. En ese período, se llevaron a cabo varios proyectos de monumentalización urbana, como la plazoleta y la renovación de la cruz, obra asociada a Oscar Albanés y concluida en torno a 1950.
Sin embargo, tras 1959, el evento perdió centralidad pública dentro del nuevo orden cultural revolucionario y, al igual que tantos otros actos del calendario religioso, se resignificó en la cosmovisión del nuevo sistema. Para los años 90, las Romerías se reinventaron; esta vez, de forma secular, aunque la evocación de la memoria cultural religiosa hizo activar el mecanismo de reorientación ideológica. Para 1994, la dirección de la AHS, con el entonces promotor Alexis Triana al frente, se reapropió de la idea y articuló formalmente el Festival Mundial de Juventudes Artísticas, convocando a creadores cubanos y extranjeros en torno a la poesía, la danza, el teatro, la música y las artes visuales “…en tertulias, espectáculos y conciertos, donde no faltara la reafirmación humanista y revolucionaria”.
Desde entonces, el evento creció hasta integrar más de 16 puntos simultáneos: el Congreso de Pensamiento Memoria Nuestra, el espacio de artes visuales Babel, el audiovisual Cámara Azul, el de trova Quiero una canción, el teatro callejero, las Bloguerías de Mayo —para comunicadores y periodistas—, el Encuentro de Hip Hop, etc. Más allá de su naturaleza oficialista y del estrecho margen autónomo de sus operadores, estos espacios fueron punto de encuentro de gran parte de la vanguardia artística nacional.
Dentro de un escenario político-cultural en el que el Estado ha monopolizado tradicionalmente las zonas de creación libre y deliberación artística, y donde La Habana ha concentrado la mayor jerarquía institucional y simbólica, las Romerías de Mayo se distinguieron como uno de los eventos culturales más relevantes del país. Su importancia radicó, en buena medida, en haber funcionado como una oportunidad de confluencia territorial: un espacio donde jóvenes creadores de distintas provincias podían encontrarse, circular fuera de los circuitos habanocéntricos y disputar, aunque fuera en parte, la centralización de la vida cultural cubana.
Romerías pos-11J y en crisis multifactorial
Aun con la distinción de acceso que representaba el festival para las provincias orientales y para el contacto del arte joven, es oportuno aclarar que continuó siendo un espacio conducido y acotado por las instancias de poder y por la burocracia local. Bajo dichos filtros, nunca incluyó una discusión realmente franca sobre diversidad artística, acceso independiente a mercados culturales o libertad de creación. Sus ejes temáticos cumplimentaron una inclusión variada dentro del arte joven, pero siempre dentro de los límites de la institucionalidad.
Intervención del realizador oficialista Roly Peña en el programa teórico. Imagen: página de Facebook Romerías de Mayo (2026).
Entender las Romerías también exige partir de su organización. La Asociación Hermanos Saíz es una organización de jóvenes creadores cubanos fundada en 1986 y, como todas las organizaciones de masas del sistema cubano, opera en la tensión constitutiva entre la representación artística de sus miembros y los lineamientos ideológicos del Estado, del que es brazo ejecutor. En este rigor, la AHS es el ala joven de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), como la UJC lo es del Partido Comunista de Cuba. Dentro del esquema de privilegio mediado por la vigilancia política, las Romerías presumen de todo lo que el arte independiente en Cuba carece. Desde sus organismos regentes hasta sus actores oficiales conciben y financian el evento a partir de su utilitarismo político, donde la logística, la cobertura y la producción se muestran profundamente autorreferenciales.
De este modo, el evento ha funcionado como vocero y promotor de la cultura oficialista hacia lo doméstico y también hacia el exterior, de la mano de las delegaciones extranjeras participantes; respondiendo a las exigencias de la política oficial. La edición de Romerías del año 2021 estuvo dedicada a los 60 años de “Palabras a los Intelectuales” y a la UNEAC. En esa ocasión, el Congreso de Pensamiento Memoria Nuestra abrió con la conferencia “Palabras a los intelectuales en perspectiva histórica”, del historiador Eduardo Torres Cuevas, refiriéndose a la locución de mayor contenido doctrinal en la política cultural cubana.
El elogio al esquema como expresión superior de compromiso político se fue amplificando en la misma medida en que la crisis económica se profundizaba en el país y los mecanismos de represión se sofisticaban para contener el malestar ciudadano. En general, mientras el programa destacaba “el papel de las organizaciones dedicadas a agrupar a los artistas y creadores cubanos, como punto de confluencia de las diversas maneras de pensar la sociedad desde la cultura”, la conducción del festival hacía exactamente lo contrario. Seis meses después del acoso policial a la sede del Movimiento San Isidro y de la manipulación de cientos de ciudadanos reunidos el 27N frente al Ministerio de Cultura, las Romerías se usó como plataforma para lavar la imagen y legitimar la represión contra el arte independiente en el país.
Más tarde, cuando surgieron iniciativas independientes que tomaron lugar en Internet como espacios públicos y libres para la revisión y crítica, ultimando el antiguo monopolio de información estatal, las Romerías inauguraron las Bloguerías, un espacio de capacitación “en comunicación política”. En su edición de 2025, periodistas, comunicadores y actores gubernamentales fueron entrenados en la narrativa oficial para el ecosistema digital. La idea de alimentar una contraparte oficialista que balancee el estado de opinión en redes mediante un “ejército” de trabajadores estatales y que recibe datos móviles por sus puestos de trabajo es una estrategia al uso en autocracias que disputan el terreno simbólico de legitimación. Básicamente, se gestionan así cámaras de eco, no autónomas en su deliberación, como mecanismo de invisibilización, desde el privilegio de acceso a Internet, a espacios cómodos de gestión como el propio festival, y desde la certeza de pertenencia del puesto institucional en un país que ofrece cada vez menos oportunidades de desarrollo profesional.
Panel dedicado al 50 aniversario de la Agencia Cubana de Noticias, en el evento Bloguerías. Imagen: página oficial de Facebook de las Romerías de Mayo (2026).
Al calor de una nueva confrontación con Estados Unidos, la edición de este año se ha presentado como abanderada de la “soberanía cultural” y “bastión de resistencia cultural frente a las sanciones estadounidenses”. Aunque el ODC tiene entre sus principios constitucionales la defensa de la cultura como expresión de identidad e integridad nacional, es necesario aclarar que los presupuestos de las Romerías se enuncian desde el poder, no desde iniciativas articuladas de la sociedad cubana. Si el evento fuera más que una cadena de transmisión de la AHS como organización de masa política, probablemente discutiría la soberanía desde un lugar menos politizado y más realista con las vivencias de los cubanos. De hecho, comentarios en perfiles de prensa oficiales que cubren el festival en diferentes redes dan cuenta de esta dicotomía según testimonios recabados:[2]
Qué Romerías, ridículo es el panorama, aquí no hay fiestas, no hay alegría solo crear falsas imágenes, entiendan que no hay condiciones objetivas para ese tipo de actividades festivas, malgastar los pocos recursos que hay, incrementar los apagones en las zonas que no son céntricas para el malestar de la población y total en las áreas donde debería haber actividades están muertas sin ningún tipo de entusiasmo, entiendan que no es tan difícil hay que hacer lo que esté a tu alcance sin crear nuevas afectaciones.
…
Un horror, en esta situación celebrando todo, los apagones de horas, para que las Romerías estén iluminadas, todo tan deprimente, solo para hacer ver al mundo que no problemas, es una mentira más, de tantas que tenemos que escuchar día a día, que Dios nos ayude a sobrevivir.
…
Mientras se celebran las Romerías el pueblo en muchas zonas donde se han recrudecido los apagones se mantiene sin dormir con mosquitos y apagones y qué decir de cocinar, de eso ni hablar. Pero no importa que el pueblo siga machacado, lo importante es el circo, la imagen de celebración en una ciudad donde su gente vive en el más grande desespero y con los basureros y aguas albañales como sello de distinción.
En contraste, figuras del gobierno cubano, como Roberto Morales Ojeda, miembro del Buró Político y secretario de Organización del Comité Central del PCC, emiten juicios muy alejados del sentir popular, pero en consonancia con el corte de tribuna política en que las Romerías se ha especializado:[3]
A pesar de un contexto hostil marcado por el castigo colectivo a todo un pueblo y las permanentes amenazas externas, las Romerías de Mayo se erigen como un ejemplo tangible de cómo la racionalidad y la iniciativa colectiva pueden florecer en medio de la adversidad. Lejos de sucumbir al desaliento, los organizadores y participantes han sabido transformar las limitaciones en oportunidades: la escasez de recursos no se convierte en excusa para la pasividad, sino en estímulo para la creación colaborativa, el reciclaje artístico y la gestión local de proyectos culturales.
Sus palabras serían realmente un ejemplo de resistencia cultural, si la determinación de dónde y para qué destinar los recursos en falta no fuera tomada unilateralmente por las dependencias del Partido en la provincia, y si los reclamos ciudadanos se escucharan en vez de reprimirse, como ha pasado en cada expresión de agotamiento popular.
Protestas en marzo, provincia de Ciego de Ávila (2026), CiberCuba.
En suma, se puede decir que, al menos en los últimos cinco años, las Romerías han marcado una trayectoria de mayor politización cultural en tendencias como:
- dedicatorias cada vez más marcadas ideológicamente; mientras que en ediciones anteriores el festival se dedicaba a figuras culturales, efemérides literarias o intercambio regional, las más recientes han intensificado el peso político de esta acción;
- exclusión de las voces críticas; si ediciones anteriores albergaron a grupos de contenido social crítico, en años recientes se ha ido reduciendo su diversidad;
- lineamiento con mandatos político-sociales del Partido en respuesta al lavado de imagen tras el 11J y como alternativa a la crisis actual;
- reacomodo de jóvenes especialistas tras la emigración de numerosos artistas en cada línea; organización y desarrollo más limitado tanto por pérdida de redes transnacionales, capacidad logística y capital humano.
A nivel discursivo, también tienen un carácter especial en la comunicación política oficial:
- festival como “bastión de resistencia” frente a las sanciones estadounidenses con una narrativa oficial explícitamente geopolítica dentro de la construcción de la resistencia cultural;
- estrategia de “pan y circo”; recreación conducida como distracción social y vitrina de democracia cultural;
- adoctrinamiento sin respaldo vital; o sea, cierre de comunicación con las necesidades y exigencias del pueblo para fortalecer un discurso paralelo, inconsistente con la realidad.
En este rigor, el ODC advierte sobre la politización progresiva de las Romerías de Mayo, fenómeno que ha conducido al cierre de otros festivales similares en el país, ya sea por conflicto o por agotamiento natural. La deriva del evento holguinero expresa, por demás, la vulneración profunda del derecho a crear sin tutela ideológica, a participar en la vida cultural sin mecanismos de lealtad política, a disentir públicamente desde el arte y a construir memoria fuera de los marcos autorizados por el Estado.
El ODC avisa también sobre la versión cultural del viejo principio de “pan y circo” al ofrecer entretenimiento vigilado en medio de la ausencia de los más básicos recursos para sostener la vida digna en Cuba. La celebración pública intenta producir una imagen de normalidad (politizada) allí donde la vida cotidiana está marcada por la precariedad y el desencanto. La operación es doble: entretener y disciplinar, convocar y excluir, celebrar la juventud mientras se restringen sus derechos efectivos. Por ello, el ODC rechaza el devenir de las Romerías, siendo usadas para encubrir la clausura cultural, la administración política del entusiasmo y la conversión de la creación artística en espectáculo de obediencia.
Notas:
[1] https://www.facebook.com/photo/?fbid=1450032803835906&set=a.634862305352964.
[2]https://www.facebook.com/CiberCubaNoticias/posts/pfbid02tyXxwxDrjKbS8eB7a5t1zs3vbtBJvrBmhnnVRzpUhYXzscJcuJBYpt3uB1P7aATEl.
[3] https://www.facebook.com/photo/?fbid=122192650604617974&set=a.122102455724617974.

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Por Samuel Moyn














