Estoy a pocos metros del hotel Cohiba[1], donde hace casi 20 años grabé con cámara oculta un video que fue una denuncia directa a la segregación que estábamos sufriendo los cubanos por origen nacional para acceder a internet.
Ha llovido mucho, pero, como dice la frase, la historia se repite una vez como tragedia y, en este caso, otra vez como tragedia. Pasado ese tiempo resulta que estamos de vuelta a la Isla de los Desconectados.
Este hotel, como tantos otros en la ciudad, está haciendo una oferta para acceder a la red de redes pagando en divisas, mientras puertas afuera resulta que prácticamente nos pasamos la mayoría del tiempo sin poder tener acceso a la web a través de nuestros teléfonos móviles. Aunque paguemos el servicio. Aunque un pariente y un amigo nos recargue el celular desde el extranjero.
Eso ha coincidido con el desmantelamiento silencioso de las zonas wifi, esas áreas de conexión inalámbrica donde muchos cubanos se asomaron por primera vez al ciberespacio. Las han ido desmantelando silenciosamente. Vengo de un periplo por varias de ellas y están absolutamente fuera de servicio. En las pocas que aún funcionan no se encuentran recargas en pesos cubanos para poder acceder desde ellas a internet.
De manera que dependemos otra vez del pariente o el amigo en el extranjero que nos recargue, adivinen en qué moneda: ¡exactamente, en moneda extranjera!
Estamos, otra vez, casi 20 años después, ante un muro, ante otra segregación, ante un apartheid. No esta vez por origen nacional, sino por tenencia o no de divisas. El que tiene dólares puede conectarse. El que no, vive y habita esta Isla de los Desconectados.
Me llama mucho la atención que ese tema prácticamente no aparece en los medios oficiales. No se habla de eso. Etecsa, el monopolio estatal de telecomunicaciones, no emite una comunicación de qué está pasando. ¿Qué ocurre? Prácticamente ya hemos perdido el servicio de conexión a internet desde nuestros móviles.
¿Se trata de problemas técnicos o, como yo sospecho, de una voluntad política de que no estemos conectados? ¿Por qué el único sindicato del país no ha alzado su voz por lo que significa la desconexión en cuanto a retraso profesional, a falta de actualización de sus trabajadores, de sus empleados? ¿Por qué las autoridades universitarias no se han quejado públicamente de estos problemas que golpean duramente a un estudiantado que ya lleva meses sin poder ir presencialmente a las aulas? ¿Por qué en Naciones Unidas nuestros representantes, que son tan rápidos para denunciar supuestas “agresiones”, no hablan de la violación sistemática de nuestro derecho a la información y a la conexión, ese derecho que nos están arrebatando cada día?
Es muy lamentable. Mientras se dolariza el acceso a la red de redes, mientras se excluye a la gente por la moneda que lleva en el bolsillo, los altos funcionarios, los voceros del régimen siguen teniendo internet a manos llenas: las llamadas “clarias”, esos militantes de la web que se dedican a insultarnos y satanizarnos, parece que no tienen estos problemas.
En fin, han pasado casi 20 años y estoy en la misma situación.
Estamos en la misma situación.
En un país donde el acceso a la información se mide no solamente por cómo piensas, sino por qué dinero tienes en el bolsillo.
[1] Transcripción y edición por Hypermedia Magazine del vídeo Cuba, la Isla de los desconectados, transmitido en vivo desde La Habana por la periodista cubana Yoani Sánchez, el miércoles 2 de julio de 2026.

Diario de la invasión (VI)
Fueron sus subordinados más fieles los que recibieron la orden de eliminar a Ramiro Valdés. Con la complicidad de su propia familia.









