Mundial de fútbol hiperplásico e hipercalórico este que estamos viendo y malamente desglosando. Por primera vez, tres países anfitriones; tres países que, juntos, hacen un continente entero, a pesar del muro de Trump y con perdón de Groenlandia. Por primera vez, 48 equipos: cuatro grupos más, un extra sizepara meter equipos de relleno.
¿Y por qué no 64 equipos, directamente? ¿O 98, ya que estamos?
Es lo que nos espera. La FIFA necesita que China y la India se clasifiquen para un mundial y no se detendrá hasta conseguirlo. El torneo durará varios meses y tendremos partidos de retablo de Maese Pedro en la ONU: Belice vs. Lituania, Mauricio vs. Brunéi…
Italia, sin embargo, seguirá sin clasificarse. Kosovo, o Andorra, o las Islas Feroe, ocuparían su plaza.
Pero eso es el futuro. Esta semana, el presente Mundial ha entrado en una inédita fase de dieciseisavos, que no es más que el reflujo detox de la fase anterior. El desfase compensatorio de una fase de grupos sobregirada. Ahora con penaltis.
Empieza el nervio del desempate, la decisión por calambres, el cara o cruz del tiro de cámara.
Repasemos los emparejamientos.
Sudáfrica vs. Canadá
Acabo de ver el final. Era un cero a cero gris hasta que en el minuto final del tiempo de descuento salió del anonimato un tal Stephen Eustáquio, mediocampista de Ontario, de padres portugueses; un ex Porto que hoy juega en la MLS con Los Angeles F.C.
Eustáquio 1 – Sudáfrica 0.
Canadá caerá ahora en octavos, ante Holanda o ante Países Bajos. Aquí lo leyeron primero. (Resulta que será ante Marruecos.)
Brasil vs. Japón
Este partido, y los dos que le siguen, no se han jugado cuando escribo estas líneas, pero el hipotético —más bien improbable— lector ya conoce los resultados. Es lo que tienen estas columnas de relleno. Reflejan también su propio desfase.
Quiero que gane Japón y su fútbol enjambre.
Quiero que Japón desinfle el balón de playa con el que juega Vinicius.
Me temo que ha ganado Brasil.
Pero, ojo: es el típico partido que se alarga hasta los penaltis (no fue el caso), y en los penaltis puede pasar cualquier cosa.
Alemania vs. Paraguay
Me da que este partido le hubiera interesado mucho al autor de La literatura nazi en América, Roberto Bolaño.
Voy a tope con los guaraníes, por supuesto. Si juegan a patear la selva y levantan un muro defensivo en Boston, pueden llegar en pie a los 120 minutos.
Me temo que ya ha ganado Alemania (no fue el caso), pero es el típico partido que se alarga hasta los penaltis (como fue el caso), y en los penaltis puede pasar cualquier cosa.
Países Bajos vs. Marruecos / Holanda vs. Países Bajos
En el fútbol solo existe Holanda, no unos supuestos e inclusivos Países Bajos. Y en el fútbol moderno Holanda siempre ha sido revulsiva, punzante, poderosa, aunque nunca gane nada.
Más que mecánica, la naranja es una mística. Eterna favorita, a pesar de Ronald Koeman.
Espero que haya ganado (no fue el caso).
Pero, ojo: se enfrenta —se enfrentó hace unas horas— a la Holanda de África, un equipo cocido a vapor en los suburbios de Europa (ningún marroquí ha nacido nunca en Marruecos), los auténticos Países Bajos, si se quiere: aquí bajos en un sentido más incómodo, más moscardón.
Es el típico partido que se alarga hasta los penaltis, y en los penaltis puede pasar cualquier cosa.
Costa de Marfil vs. Noruega
Ojalá sea la noche del ciborg Haaland en Dallas y una victoria borgiana de los vikingos. Ojalá no sea la noche de Yan Diomande, el joven delantero del R.B. Lepzig que es una de las revelaciones de este Mundial (léase: cuyo precio de mercado ha hecho efervescencia a lo Red Bull).
Los elefantes saben ser letales y hay que remar mucho, y remar bien, para saetearlos.
También es el típico partido que se alarga hasta los penaltis, y en los penaltis puede pasar cualquier cosa.
Francia vs. Suecia
Ni siquiera los suecos, que son once millones, tienen más ganas que yo, que soy uno solo, de que Francia caiga postrada en esta eliminatoria. De ser posible, sin un solo gol de Mbappé.
Incluso te firmo un gol del cojo Dembelé (era cojo cuando jugaba en el Barça, ahora resulta que es Balón de Oro) si eso garantiza que Mbappé no marque ninguno.
Pero está difícil, Suecia.
Los franceses empezaron el Mundial entre los principales favoritos para ganarlo, y han llegado a dieciseisavos más favoritos todavía, si cabe.
Mi esperanza (no fue el caso): de pronto caen un par de goles suecos, de córner o a la contra, de Isak o de Gyökeres, y se convierte en el típico partido que se alarga hasta los penaltis, y en los penaltis puede pasar cualquier cosa.
México vs. Ecuador
Los mexicanos juegan en casa, en su megalópolis, en su telenovela, en su Mundial tricompartido, donde son los partners pobres. Se merecen pasar a octavos. Aunque sea a costa de unos parientes más pobres, parcialmente afros y desensombrerados, carentes de charrería y merchandising.
Pero, ojo: es el típico partido que se alarga hasta los penaltis, y en los penaltis puede pasar cualquier cosa.
Inglaterra vs. Congo
La locación: Atlanta. El antecedente: El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. El género: the horror, the horror.
Lo que quiero decir es que no veo la forma de que Inglaterra no gane el partido (como fue el caso). Como el río, el Congo ha fluido hasta esta eliminatoria casi de casualidad —en fase de grupos lograron un empate frente a Portugal, gracias a que en Portugal todavía juega Cristiano Ronaldo— y aún no ha tenido tiempo, como sí lo ha tenido Ghana, de formar hechiceros que puedan frenar a Harry Kane.
Bélgica vs. Senegal
Los belgas han visto pasar los mejores años de su generación más talentosa, pero aún despliegan contundencia y solidez. Los senegaleses son la turbulencia oscura que siempre han sido; en la última Copa Africana de Naciones le plantaron durísima cara a Marruecos.
Pronóstico reservado.
Es el típico partido que se alarga hasta los penaltis, y en los penaltis puede pasar cualquier cosa.
Estados Unidos vs. Bosnia y Herzegovina
La localía favorece a USA. Pero solo la localía. En el fútbol actual, los genes criptos de la antigua Yugoslavia siguen financiando muchos problemas. Cuando no es Bosnia es Serbia. Y cuando no es Serbia es Croacia. O incluso (a nivel europeo) Eslovenia.
Es de prever una guerra, allá en la pacífica San Francisco; una guerra que se puede alargar hasta los penaltis. Y en los penaltis puede pasar cualquier cosa.
España vs. Austria
La Roja no ha estado a la altura de lo que se esperaba, y en el último partido de la fase de grupos, ante un Uruguay enloquecido, se le rompieron dos delanteros. Lamine Yamal viene de una lesión y aún no carbura bien. Ferrán Torres sigue estampando en los travesaños de la portería todos aquellos balones que tienen un 99% de probabilidades de terminar dentro. Es valenciano.
Por todo lo anterior, y por otras razones que están sentadas en el banquillo junto al entrenador (y a pesar, incluso, de ese mismo entrenador), este jueves vamos a mandar a los austriacos a la mierda o de vuelta a Viena. Lo que ellos crean que es mejor.
Portugal vs. Croacia
Toronto será el escenario de esta masacre. Portugal ha sido una de las grandes decepciones de la fase de grupos. Han demostrado ser una banda de jubilados, aun dejando en el banquillo al más jubilado de todos: Cristiano Ronaldo. Croacia se los va a pasar por el escudo de la šahovnica.
Pero ojo, si hay un mínimo chance de que este partido llegue a los penaltis, y el siguiente, en octavos, también a los penaltis; y luego en cuartos, y luego en semis…, capaz de que Portugal gane el Mundial.
En eso que ahora llaman el antifútbol, cosas peores se han visto.
Sin jugar a nada, allá por 2004, Grecia ganó una Eurocopa. En Portugal.
Colombia vs. Ghana
Segundo pronóstico reservado de este repaso. Mi corazón, si es que aún tengo un corazón, está del lado de la Gran Colombia, heredera de virreinatos, capitanías, cimarrones y narcos de zurda y de diestra. Pero la hechicería está del lado de Ghana. Habrá muchos muertos disputando este partido, por debajo del césped.
¿Es el típico partido que se alarga hasta los penaltis, y en los penaltis puede pasar cualquier cosa?
Quizás. Pero…
Suiza vs. Argelia
Suiza, ¿no? Faltaría más.
Aquí no hay neutralidad. Le costará abrir la lata, como decían (¿aún lo dicen?, pónganlo en los comentarios) los comentaristas de Tele Rebelde (aquellas nanas, mi madre, aquellas nanas, Juan Carlos Flores), pero resolverá el trámite con solvencia. Y luego caerá en octavos, como corresponde, seguramente ante Colombia.
Australia vs. Egipto
Como el anterior, este es el típico partido de fase de grupos que se ha colado por error en dieciseisavos: otro desfase. También es el típico partido que se alarga hasta los penaltis, y en los penaltis puede pasar cualquier cosa.
Me gustaría que Hamza Abdelkarim, el juvenil que acaba de fichar por el Barça, hiciera un buen partido de pretemporada y demuestre que puede ser un nueve de futuro. Por lo demás, me da igual quién gane.
En octavos, al ganador de esta eliminatoria le espera la Argentina de Messi. Ya sabemos lo que va a pasar.
Argentina vs. Cabo Verde
Messi ha llegado a este Mundial en modo zen. Se la suda todo. Está jugando en chancletas y, por eso mismo, ha marcado ya seis goles. En solo tres partidos.
Su cuarto partido será en Miami, que es como decir el patio de su casa. Saldrá a jugar descalzo, para sentir la hierba, o lo que él cree que es la hierba, y sencillamente paseará por ahí hasta que el balón le caiga de nuevo en los pies.
Cuando el público lo aclama, él ni se entera. Cada vez sonríe más y cada vez entiende menos las preguntas que le hacen los periodistas. Cada gol que marca es un nuevo récord y ningún récord parece importarle demasiado.
No lo comparen más con Maradona o Pelé, por favor. Compárenlo con Michael Jordan o Muhammad Ali.
¿Los caboverdianos? Ya ganaron su Mundial. Nadie esperaba verlos aquí. Todos están buscando en el mapa dónde cojones están esas islas.
(Continuará… o no. Depende).

Diario de la invasión (VI)
Fueron sus subordinados más fieles los que recibieron la orden de eliminar a Ramiro Valdés. Con la complicidad de su propia familia.









