Mía MP (Cuba, 1983) es poeta, narradora y fotógrafa. Su trabajo es una singular fusión de artes visuales y escritura.
Mía MP (Cuba, 1983) es poeta, narradora y fotógrafa. Su trabajo es una singular fusión de artes visuales y escritura.
Las fuerzas israelíes cercan el principal hospital de Gaza, al-Shifa, amenazando vidas humanas mientras la escasez de combustible pone en peligro a los recién nacidos.
“Vemos un desfile de tigres, leones, serpientes, caballos, elefantes, panteras, unicornios, ratones, monos, águilas, gallinas…, y todos parecen habitar una realidad bien distante de la nuestra”.
El entramado de la prostitución trasciende al mero trabajador sexual para terminar involucrando a toda la sociedad.
Un halo de tristeza y esperanza para aquellos que se encuentran en la Isla y quienes han buscado un futuro allende los mares.
Sólo dos detalles han impedido que el presidente cubano Miguel Díaz-Canel sea un invitado de honor en el Congreso estadounidense.
Deberíamos dejar a los basureros que nos gobiernen: peor que la actual dirigencia del país no lo van a hacer.
Esperar que a partir del 20 de enero las aguas vuelvan a su nivel y la retórica de perros ladrándose patio de por medio vuelva a ser lo corriente.
¿Por qué el desnudo, individual o en grupo, se ha convertido en manifestación de protesta? Porque viola una absurda prohibición. Porque arremete contra la moral dominante, impuesta por los falsos atuendos. Y por más falsos discursos. De los falos falenterados.
Advertencia: Este artículo incluye contenido audiovisual, que puede herir su sensibilidad.
¿Tú has estado en un tren? ¿Has visto cuando pasas por el campo y hay unas vaquitas pastando? Entonces el tren sigue. Para las vacas, eso es un segundo que pasa haciendo un ruido tremendo, y les da igual. A veces hay que hacer como las vacas. Activar el modo vaca, y no hacerle caso a nada. Seguir pastando.
Quizás muchos esperan que diga que la vida cambió. Siento defraudar ese morbo. Es cierto que mis rutinas cambiaron, pero también lo es que mis rutinas no lo son tanto, llevan tiempo cambiando. Me borraron físicamente del mundo que antes frecuentaba. Me enjaularon como a loro parlante. Me pagaron por hablarle a una cámara.
Aquella cola era el único pedazo de civilización que quedaba en los alrededores. Se extendía por casi una cuadra y entre cada persona había una distancia pactada que sobrepasaba el metro. Los rostros enmascarados por los más variopintos nasobucos les daban un extraño aire, reforzado por un silencio absoluto.