No hay puentes sanos. Se ha hecho inconcebible el diálogo entre Ana de Armas y los cubanos.
No hay puentes sanos. Se ha hecho inconcebible el diálogo entre Ana de Armas y los cubanos.
En el centro de la cuestión hay una pregunta fundamental: ¿Cómo es posible que Israel, una nación conocida por su destreza en materia de inteligencia, fuera cogida por sorpresa?
Tú los duermes en público, Fidel, del malecón para afuera. Que, del malecón para adentro, yo te los meto en cintura, Fidel.
Ya mi país-hogar, tal como lo recordaba, se esfumó. También emigré, aunque mi cuerpo permanezca.
No hay peor astilla que la del mismo garrote. Y después se preguntan por qué las campanas han doblado por Trump.
Así quería verlos, tranquilitos. Dándose la mano y todo. Ayer, Joe Biden y Donald Trump. Hoy, Donald Biden y Joe Trump.
Indie Wire: “Una activista cubana simpatizante de Trump lucha por la democracia en un documental sobre nuestras diferentes definiciones de libertad”.
Cómo los líderes evangélicos y sus seguidores se convirtieron en actores clave en el ascenso de Donald Trump.
No sé nada de exilios. Todo lo que fundé quedó atrapado en La Habana bajo el peso insalvable de la dictadura.
“Para mí es un reto crear en Cuba y decir cosas desde aquí. Somos una islita casi perdida en el mundo, con un retraso de años luz… Hace poco nos llegó Internet… Pero se hace lo que se puede: con o sin materiales, inventamos, insistimos, y desde aquí o en la diáspora, es innegable que el arte cubano se ha hecho notar”.
Pensar que el Decreto-Ley 370 pudiera subvertirse atravesándolo con una perspectiva de género, es cuando menos ingenuo. La movilización de recursos humanos y tecnológicos para ejercer la censura, y no para proteger de violencias sexuales a los usuarios de las redes, así lo demuestra.
En enero de 1956, Truffaut publicó una serie de textos en los que dialogaba con varios críticos de cine. En estos meses me he puesto a rescatar las mismas preguntas y se las he pasado a estudiosos y críticos cinematográficos. En esta segunda entrega se nos ha sumado Juan Antonio García Borrero.
Hoy, mejor que cualquier otro día, he comprendido ese grito que sale del alma: “En San Isidro estamos todos”. Les toca a ustedes la escalada de violencia en una expresión muy alta; a mí, en mucha menor medida. Lo peor es que mañana le puede tocar a cualquiera. No es necesario alzar la voz para ser acusado; basta, tan solo, tratar de asomar la cabeza fuera del guion.