“Cuba se ve muy linda desde arriba y muy fea desde adentro”.
Ahora que la fiebre Barbie ha regresado, sería justo que nuestra Barbie anunciara titulares sobre ‘Barbie’, la película.
Se armó toda una lucha entre figuración y abstracción. Fue una batalla lacerante, castrante y, total, para nada.
“Era inevitable que se cruzaran. Él la miró, acariciándola entera, aunque no pronunció palabra. Ella lo miró, y sintió que empezaba a gustarle”.
Enrique Patterson es un ensayista, periodista y activista, conocido por su análisis de la realidad cubana. Patterson es presidente del Instituto de Estudios Cubanos.
El libro analiza la obra de varios intelectuales cubanos a los que el autor asocia con la idea de reforzar la decencia de la República para evitar la injerencia de los Estados Unidos.
“El ODC condena la instrumentalización del patrimonio natural y cultural de forma segregada, para legitimar un sistema político-económico fallido”.
Sería en esa perspicacia, en ese olfato de perro pavloviano, donde único se conserva la cubanía, si es que aún existe esa glándula.
Leerlo no agota. Es ágil. Agreste, agorero. Y cómico como carajo. Al terminar, puede comenzarse fácilmente por el principio.
Hasta hace unos meses, llevar un burka en cualquier sitio del espacio europeo, además del rechazo social que generaba, era un delito anticonstitucional. Hoy, con la crisis desatada por la COVID-19, el delito se ha invertido: llevar el rostro descubierto atenta contra la seguridad social al permitir la propagación del virus.
Aunque muchos lo dudaban, Wasp Network (La Red Avispa) se proyectó en diciembre en La Habana. Nadie podía imaginar que, seis meses después, se provocara tan cruenta polémica en redes sociales a propósito de su salida en Netflix y de la circulación masiva en Cuba mediante el llamado Paquete Semanal.
Quizás, a los casi cincuenta, ocurren estos descubrimientos reservados. Sergio, tus versos y tu libro Resurrección del cisne, ganador del Premio Internacional Rubén Darío, me han devuelto, una vez más, como antes lo hicieron otros, a la trepidante agonía que para mí es signo de que aún habito en la esperanza.
Por su inmutable posición de disentir de la injusticia y las malas prácticas, Ariel Ruiz Urquiola ha sufrido violencia burocrática y estatal, directa y transversal, en su persona, en la de sus familiares y contra sus posesiones.