Lo que ninguno de ellos te dirá de un 20 de mayo

El régimen cubano busca reescribir la historia y satanizar la república anterior para ocultar el fracaso de su modelo totalitario, el cual destruyó la tradición y el entramado institucional funcional del país. Esta narrativa oficial, que caricaturiza el 20 de mayo de 1902, busca borrar una época de vitalidad civil, dinamismo económico y autonomía ciudadana, elementos que el castrismo eliminó para imponer un control absoluto.

El castrismo barre, no solo con la tradición, sino que también con la lógica del entramado organizativo del país. Y destruye el modelo, no para mejorarlo, sino para implementar mediante esta destrucción un nuevo modelo a su medida.  

A medida que se depaupera la calidad de vida, la narrativa insiste en cambiar el pasado, no solo para hacer una separación con “su” presente, sino también para impedir que se le tenga como referencia. Para ellos, es necesario evitar que se diga que antes no faltaba que comer, aunque faltara el acceso a un servicio básico, e insistir que lo importante es que ahora ese acceso “está garantizado” aunque al final el nuevo modelo impuesto tenga como resultado que no haya qué llevarse a la boca.

Esta realidad estratégica tiene como objetivo empobrecer y condicionar a las personas para convertirlas en sujetos cautivos del poder autoritario, que vendrá a ser quien se erige en la voz única del todo. Se puede hambrear y desunir como formas de desviar aquellas actitudes que amenacen al poder, pero no se pueden borrar los vínculos afectivos y la conexión comparativa que subyace en la memoria, siempre capaz de medir objetivamente los diversos momentos temporales durante los que transcurre la existencia. 

Es por esto que manchar, destruir y obstaculizar el pasado constituye una practica de la política, porque en ese pasado existe para siempre todo lo que no se quiere que exista en el presente. Cosas, que van desde los alimentos a las libertades más básicas, se constituyen en verdaderos peligros en una actualidad dictada por un poder que no es capaz de permitirse ninguna. 

No darle relevancia a todo lo que exige participación, libertades y decisiones individuales se convierte en una política oficial que intenta desviar la atención constantemente de lo ordinario, sin lo cual la vida misma no es posible.

Mientras el mundo gira y avanza, la Isla retrocede. Pero este retroceso no es un fenómeno fortuito. Responde plenamente a la voluntad del cacique mayor de atar a sus destinos los del resto. Por eso no resulta para él (un fulano que no existe fuera de la megalomanía de la alta política propia, inventada, hecha para sí) otra cosa que una historia que le hace inventar a sus tracatanes y que es la que puede encontrarse en los textos escolares y los artículos de diario. 

La historia oficial que el castrismo escribe para su proyecto de nación propio y personal es una falseada y firmada por él mismo. Esa es la que se enseña para manipular la realidad y asegurar la continuidad de su dominio.

Y es que aquella república criticada, oculta, invisible y peligrosa permite ampliamente y sin contradicciones el crecimiento de las personas de forma libre e individual. Es un modelo que no busca la subordinación, que no intenta el dominio ideológico de la sociedad, que vive y deja vivir. Deja sembrar, permite el comercio, protege la industria, la inversión, salvaguarda la cultura, reinvierte los impuestos en aceras y faroles, parques y avenidas todavía visibles, que se contraponen mudas al hoy, como recordatorio de lo buenos tiempos pasados. 

Lo que ninguno de ellos te dirá del 20 de mayo es que el régimen actual ha sepultado la historia objetiva bajo toneladas de propaganda, borrando los matices, falseando los hechos y negando a los cubanos el derecho a conocer su propio pasado de forma transparente y sin censura ideológica. 

La realidad es que el 20 de mayo encierra un complejo entramado de luces y sombras, de soberanía condicionada y de debates civiles legítimos que aún esperan ser rescatados del olvido. Hay muchas otras cosas por descubrir sobre esta fecha fundacional y su verdadera significancia para el destino de la nación: revelaciones históricas y análisis profundos que solo serán posibles cuando Cuba sea finalmente libre de la actual dictadura, y cuando la libertad de pensamiento y cátedra devuelva a los cubanos la soberanía sobre su propia memoria histórica.