¿Cómo es el país que realmente tenemos?


Vine a visitar a un amigo que es doctor[1]. Trabaja en un consultorio del Médico de la Familia y me estaba contando los pormenores de lo que se está viviendo en el sector de la Salud Pública. Realmente es indignante.

Mi amigo dice que nunca se han dicho tantas y tantas mentiras sobre el entramado sanitario de este país. Él, como médico, en uno de estos consultorios de barrio, tiene que llenar cada día formularios de supuestas consultas y “visitas en el terreno” que la mayor parte de las veces ni siquiera ocurren. 

La gente muchas veces ya no recurre a estos consultorios, debido a que saben que allí escasean los profesionales y que las recetas para comprar medicamentos que se expiden en estos locales ya no funcionan, debido a que las farmacias están vacías. 

Las remisiones a consultas especializadas también son baldías. Muchas de estas consultas están suspendidas o no se hacen por falta de fluido eléctrico, falta de especialistas y otros problemas del día a día como la falta de agua en policlínicos y hospitales. 

Mi amigo llena cada día estos formularios, estas hojas de control donde miente, miente y miente. Haciéndome esta historia, yo reflexionaba sobre el momento en que por fin nos demos cuenta de las verdaderas estadísticas y números de este país.

Ya sabemos que se ha maquillado por décadas la realidad. Se han elevado las cifras, los números. Se han inflado muchos globos en todos los sectores. Pero creo que no tenemos la menor idea de la envergadura de este fenómeno. 

Cuando nos demos de bruces con las estadísticas reales de Cuba, nos vamos a quedar perplejos. Me temo que la situación del país está aún peor de lo que imaginamos. En todos los sectores. No solamente la economía, la productividad, el nivel educativo, sino en un sector tan delicado como la Salud Pública. 

¿Cuántas cirugías, tratamientos, consultas especializadas y visitas a casa del paciente se hacen en este país? Es muy difícil saberlo. 

Es como una caja de espejos donde cada uno exagera un poco, anota más de la cuenta y, al final, los que perdemos somos justamente los pacientes: las personas que necesitan un tratamiento, un medicamento y ven cómo todos estos números ensalzan una realidad que no existe. Unos números y cifras triunfalistas, mientras este paciente sabe, por experiencia propia, que el “no hay”, el “no está el doctor”, el “hoy no ha venido el especialista” es lo que más encuentra en su periplo de un hospital a otro, de un consultorio a otro. 

Mi amigo estaba abochornado por tener que hacer esto. Él es bastante crítico y autocrítico con lo que realiza cada día, pero me decía que no podía no podía hacer otra cosa. Las exigencias burocráticas que les imponen en cada jornada son tantas y tan variadas, y muchas veces absolutamente extraprofesionales. Escapan del campo de la medicina para quedarse en el campo de la política, la ideología y la burocracia. Son tantas esas exigencias que es muy difícil escapar de esos mecanismos. A no ser, como me dice él, pidiendo la baja. 

¿Cuántos doctores, cuántas enfermeras, cuántos especialistas sanitarios de altísimo nivel se han ido del sector de Salud Pública? No solamente por los bajos salarios, sino en parte por todos estos mecanismos truculentos de burocracia y de mentir, mentir, mentir. 

¿Cuántas misiones médicas oficiales en el extranjero también padecieron de estos números inflados, de este maquillaje de cifras? ¿Cómo es el país que realmente tenemos? ¿Cómo es nuestro verdadero sector de Salud Pública? ¿Cómo es la natalidad, la mortalidad, el índice de ciertas enfermedades? ¿Cómo es realmente, si ni siquiera sabemos los verdaderos números?






[1] Transcripción y edición por Hypermedia Magazine del vídeo Los peligros de falsear las estadísticas en Salud Pública, transmitido en vivo desde La Habana por la periodista cubana Yoani Sánchez, el sábado 27 de junio de junio de 2026.






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