Después de una madrugada muy difícil en esta ciudad[1] y en todo el país, he estado escuchando las opiniones de escepticismo y duda de la gente en la calle en torno a lo que el oficialismo ha presentado como un paquete de reformas económicas.
Es increíble que hayamos tenido que llegar a este punto de miseria social, de agotamiento en todos los sentidos y de destrucción del entramado económico, para que ahora se aprueben medidas que llevaban décadas siendo reclamadas. No solamente por los economistas y por los expertos, sino por la propia gente. Hace unos años mencionar alguna de estas reformas y medidas como una posibilidad podía llevarte a la cárcel.
Contra las cuerdas y bajo la presión de Washington, finalmente han autorizado este paquete de medidas que catalogo de muy tardías, insuficientes y limitadas.
Se trata de medidas que van todas en el plano económico. No se habla de reforma política. No se habla de amnistía para los presos políticos. Tampoco de permitir otras fuerzas partidistas, más allá del Partido Comunista, que tiene ahora mismo el monopolio: es la única organización partidista permitida legalmente en el país.
Los que quieren impulsar esta reforma económica son los mismos que han llevado a Cuba al desastre, los mismos que hasta hace poco negaban que estas medidas fueran necesarias. Cuando uno lee la lista de flexibilizaciones se da cuenta del nivel, las capas y capas de prohibiciones y absurdos en que hemos vivido los cubanos por décadas: es la evidencia de que el verdadero bloqueo son ellos.
Un déficit que veo es que no se habla de cómo se van a solucionar a corto plazo los grandes problemas que tenemos ahora, como el energético. ¿Hay algo que se prevé para poder disfrutar al menos de un poco de energía, para conectarse a internet e impulsar el desarrollo tecnológico y económico de la nación (algo que no puede hacerse sin acceso a la red de redes en ningún país en el siglo XXI)?
Son preguntas que uno se hace, ausencias graves de este paquete de reformas. En lo personal, creo que no tienen la capacidad ni la eficiencia (eso lo han demostrado) para llevar a cabo estas medidas. No pueden despojarse de sus ansias de control y llevar a cabo cada una de estas flexibilizaciones que son insuficientes para todo lo que necesita la nación.
Son unas medidas que llegan tardías. El paciente nacional está no en terapia intensiva: ya está con un pie en el cementerio. Por otro lado, no llegan con una garantía, un compromiso de irreversibilidad. No dicen que esto es para siempre, que ya no hay vuelta atrás. Siguen hablando de mantener el modelo, hablan de “continuidad” y de que se trata de medidas que han tenido que tomar dadas las circunstancias.
Las circunstancias ya saben cuáles son: las presiones de Washington. Los ciudadanos presionamos. Los grupos opositores, los activistas, los expertos. Y no nos escucharon. Ha tenido que venir la Casa Blanca y poner contra las cuerdas al régimen cubano para que se mueva. O sea, olvídense del discurso de la soberanía.
Otras cuestiones que veo, no entre las ausencias, sino en lo que debe preocuparnos, es que esto abre la puerta a un capitalismo de amiguetes: repartirse lo poco que queda del pastel nacional en la conversión de las empresas estatal-socialistas en empresas mercantiles que van a tener capital privado. Así, probablemente, hagan algo al estilo de la piñata sandinista y despedacen lo poco que queda de nación, en cuanto a recursos y entramado productivo.
Eso es bastante preocupante y deberíamos exigir transparencia. Pero, sin una reforma política, ¿qué transparencia puede haber? Está claro que se están blindando para que nadie los señale, para que nadie los acuse, para repartirse a sus anchas lo que queda de esta nación.
Habrá que estar al tanto. El paquete de reformas económicas parece un intento de hacernos creer que han cambiado la jaula, cuando en realidad han reforzado los barrotes.
[1] Transcripción y edición por Hypermedia Magazine del vídeo Reformas insuficientes y tardías en Cuba, transmitido en vivo desde La Habana por la periodista cubana Yoani Sánchez, el viernes 20 de junio de 2026.

Diario de la invasión (V)
Después del colapso y los crímenes del colapso, será impensable llamarse de izquierdas en la cuna de la izquierda latinoamericana.








