Qu’ils mangent du brioche!
La referencia más antigua de esta frase aparece, según mi Claude, en las Confesiones de Jean-Jacques Rousseau.
Rousseau escribió hacia 1765: “Finalmente me acordé de la respuesta de una gran princesa a quien se le dijo que los campesinos no tenían pan: ¡Pues que coman brioche!”.
En inglés se dice Let them eat cake!, aunque brioche no es exactamente cake, ni pastel, sino una especie de cangrejito.
María Antonieta, a quien se adjudica erróneamente la frase, era una princesa no muy distinta de Déborah Castro Espín Ruz von Guillois, la progenitora del Coronel Cangrejo. Semióticamente, el cruasán, la brioche y el cangrejito vienen a ser lo mismo.
En Cumanayagua hubiéramos dicho: “¡Déjalos que coman mierda!”.
Porque la respuesta rutinaria a la pregunta “¿Qué vamos a comer?”, solía ser “¡Lo que somos en este mundo!”. A lo que el preguntón replicaba: “¿Y eso qué es?” Entonces venía el tortazo: “¡Mierda!”.
No hay que andarse con rodeos: Los cubanos son unos comemierdas.
Nada de cruasán ni brioche para ellos, que se han tragado bayetas de trapo y bebido alcohol hecho con caca de niños. Les dijeron que antes de la Revolución había hambre, miseria y explotación. Y se lo creyeron. Que la República libre y democrática no era real, sino pseudo, y que ni se les ocurriera regresar al “capitalismo”. Y se lo tragaron todo.
Parte de la generación actual continúa tragando. Let them eat shit!
De solo sacudir las guerreras y echar creolina en los calzoncillos de la dictadura ha salido de los pliegues una verdadera fauna cangrejífera. Allá va Elián González, invitado por las hermanas ladillas de la Comunidad de Asturias, en el país que Gleyvis Coro Montanet llamó, irónicamente, Hezpaña (¡no confundir con nuestra Madre Patria!), a propinarle un par de sopapos heroicos a la gallegada marxista.
¿No les advertimos a los “progresistas” que si devolvían al Niño prodigio a Cuba se convertiría en una ladilla amaestrada? ¡Ahí lo tienen, valencianos! ¿Lo creen ahora?
¿Podría ser más ladilloso Eliancito? ¿Podría rebajarse más en el escalafón biológico y descender a las verijas de los centauros y los unicornios? ¿No es suficiente con que el Niño que se paseaba por Disneylandia hace un cuarto de siglo viva prendido de los cojones de un Caballo difunto?
Por cierto, ¿no se convirtieron, efectivamente, los “progresistas” de antaño en eso que hoy Donald Trump llama, en neolengua cubiche, “comunistas”? Pero este es un tema para otra ocasión, el de los cubanos exiliados que regalan su voto de protesta a los ñángaras: ¿no aprendieron nada de la comemierdá de sus padres?
¿Les parece poco? Es así de grotesco, señores comemierdas.
El Niño Elián se nos está quedando calvo, ya con el dedito revolucionariamente alzado, el labio encrespado, vomitando raspita de verijas, churre de escroto, nuestro Cangrejito encontrado en el fondo de una balsa, en alta mar, rescatado por el pescador maravilloso, entregado a sus caritativos tíos desterrados en la Pequeña Habana, raptado por los Halcones Negros de la infanticida Janet Reno.
Es el Mr. Krabs de la serie Bob Esponja, dueño del restaurante El Crustáceo Crujiente, donde trabajaba el pusilánime mesero que fue su padre. Se ha deformado tanto Elián por las múltiples presiones atmosféricas que tiene sobre su cabeza, desde aquel infausto día en que Elizabeth Brotons desapareció bajo las olas del Estrecho junto a otros nueve que creyeron en el espejismo de la Yuma, que ya parece un viejito.
Nuestro Crustáceo Caradura defiende en Hezpaña los logros de Calamardo Tentáculos, el monstruo marino que compró el silencio de un camarero de Varadero y mandó al cementerio acuático a una balsera iluminada. Y los españolitos ríen, aplauden al cangrejito de oro, ¡cómo sabe hablar y cuán fiel es a su charquito de mierda!
A shithole country, indeed!
Al paso que van, los cubanos terminarán alimentándose con los cascarones vacíos de sus congéneres: un círculo vicioso. El Cangrejo es apenas el símbolo, el anuncio de los tiempos por venir. Y que nadie me diga, y menos que menos Guanche o los chivas de Buena Fe, que El Cangrejo Rodríguez no es el más esclarecido de los Castros. Decir que quiere repartir foi gras al pueblo y prometerles mocasines Hermès a sus compatriotas es un atrevimiento singularmente anticastrista.
Como quiera que lo miremos, El Cangrejo es, hoy por hoy, un disidente y un agente provocador, el único woke entre la caterva de Dead Castros, un cismático, sin duda, que se expresa mal, pero que dice las cosas que estuvieron reprimidas durante milenios en el fondo del océano, en un castillito de plástico con malanguitas de goma.
Las burbujas de El Cangrejo revientan en la superficie de la mojonera como un huracán. Sus razonamientos profundos están expresados en burbujeos, pero, ¿quién puede hablar como él? Los alabarderos oficialistas han corrido a desmentirlo y mandarlo a callar.
¿Y cómo pensaban que se expresaría el primer Castro que despertara del estado de coma andante? ¿Cómo un Rafael Rojas? Su Excelencia, el ministro Manuel Marrero, les manda a decir que siente mucho defraudarlos. El castrismo del brioche y el fois gras habla por la boca de El Cangrejo y lo que dice es absolutamente plausible.
Su madre es la doble de María Antonieta y él lo sabe. Las cabezas reales podrían rodar en cualquier momento, o quizás explotar, en este nuevo estado de guerra galáctica trumpista. La cabeza hueca de Canel el Singao ya ha sido medida para la guillotina, solo falta que caiga el rayo láser. Cualquier cosa que reemplace al castrismo tiene que ser, necesariamente, un iluminismo. “La Máquina” visita La Habana por segunda vez y la Historia se repite como si fuera el sueño de Mackandal.
¡Que jamen Ferragamo! Porque, señoras y señores, es eso o el silencio de los carneros. O aún peor: eso o las lágrimas negras de Rolando Prats-Páez por la muerte de Charcoesangre Valdés, fundador del G2. O la cáscara de piña que dispara Castro Smirnov en el mismo cónclave castrista de Murcia, o Toledo, o Granada, o sabe dios qué comarca de Hezpaña de cuyo nombre nadie querrá acordarse después de la debacle.
Será la solución Cangrejo o la opción Avispas Negras. Es Raulito o El Tuerto. Es la chancleta de Hermès o la cuchufleta de Hugo Cancio.
Compatriotas: escuchad a lo lejos las trompetas del Apocalipsis. El Cangrejo es la marca de la Bestia: Qu’ils mangent du crabe!
La décima plaga será de ladillas y el castrismo se revuelve en su tumba picado en el pito por un millón de Pthirus.

Diario de la invasión (IX)
Los 250 años de Estados Unidos eran equivalentes a los cero años que los cubanos hemos vivido en democracia.









