Thais Pujol Acosta (La Habana, 1970), es una activista y consultora que ha dedicado gran parte de su vida a la lucha por la libertad y los derechos humanos en Cuba.
Thais Pujol Acosta (La Habana, 1970), es una activista y consultora que ha dedicado gran parte de su vida a la lucha por la libertad y los derechos humanos en Cuba.
Una explosión en la planta óptico-mecánica de Zagorsk, cerca de Moscú, provoca roturas en las viviendas cercanas y la evacuación total; la causa de la explosión sigue bajo investigación.
A pesar de las sanciones de Occidente, aerolíneas rusas han importado refacciones por $171 millones mediante triangulaciones. Países como China, Emiratos Árabes y Turquía se revelan como socios clave.
La cultura oficialista cubana ha servido como
“Somos cada vez más analfabetos funcionales respecto a la realidad. Cada vez más estériles emocionales e incultos de cualquier cosa humana”.
Cuando conocí a Reinaldo García Ramos (Cienfuegos, 1944 – Miami, 2024), era yo un joven ávido de sabiduría y él un hombre “abrumado de virtudes”.
Me preguntan qué puedo aconsejar a los jóvenes que quieren ser escritores. Siempre doy la misma respuesta: si pueden dedicar su vida a otra cosa es mejor que se olviden de la escritura.
Nadie, ni siquiera Bukele, sabe cómo acabará el experimento de El Salvador.
La ropa es afeite y es disfraz. De ahí su carga política. Cómo, cuándo y por qué nos disfrazamos no son preguntas vanas. Como si se hubiera propuesto encarnar al personaje del cuento de Reinaldo Arenas, “Que trine Eva”, Mariela Castro aparece con un turbante y unos pendientes de argolla en dos selfies que subió a su página oficial de Facebook el pasado 20 de mayo.
El cubo de Rubik se resuelve mediante una combinación de conmutadores matemáticos. Uno de ellos es el SexyMove. Intentaré aplicar el SexyMove a algunos sucesos que me están dando vueltas en la cabeza desde que comenzó la actual crisis de la COVID-19.
Lynn Cruz y Miguel Coyula se retratan el uno al otro, y cada quien escribe sobre qué hace para sobrevivir a la amenaza del Coronavirus y a la censura que el gobierno cubano ha impuesto sobre ellos.
Chapapote en las manos, en el pelo, en la ropa, en el balcón, en mi cama. Mi sangre es de chapapote, marcada. Renegada por el sistema y por la todopoderosa comunidad artística. Antes de la cuarentena ya me habían confinado, me habían condenado a hacer arte sola.