“La plaza Mantilla era una hermosa alameda de recreo, donde los paseos y los árboles conformaron un paraje admirable”.
“La plaza Mantilla era una hermosa alameda de recreo, donde los paseos y los árboles conformaron un paraje admirable”.
Enrique del Risco (La Habana, 1967). Escritor, historiador y humorista cubano exiliado. Autor de varios libros premiados internacionalmente. Promotor y miembro de la Academia de Historia de Cuba en el Exilio.
EE.UU. urge a Cuba en el Día de la Trata de Seres Humanos, a poner fin a la explotación en misiones médicas en el extranjero. Estas operaciones reflejan la “esclavitud moderna”.
En el corto-medio plazo, Venezuela será libre o será totalitaria a nivel castrista. Occidente debe apostarlo todo a la primera opción.
“Cuando llegué a Miami hace un año, me vi flotando. No tenía casa, no tenía documentos, no tenía trabajo, no tenía dinero, no tenía amor y no tenía país”.
Yo era Elena en ‘Corazón azul’. Me encontraba ante las ruinas de una isla. Por fin dejé de matarme. Ya no podría volver a interpretar a Ofelia.
Con su técnica excelente y su goce singular de pianista acuariana, Diana Carbonell Avtodiychuk genera una danza con sus dedos.
Se ha matado por el hijo que tuvo su mujer el mes pasado. El bebé no debe ser suyo, porque salió bastante negro.
Las imágenes de Diana Markosian de una institución antaño grandiosa tienen un aura de decadencia y plantean una pregunta sobre lo que motiva a los bailarines que quedan.
La idea es sencilla: cada día, durante los próximos cuarenta, publicaré aquí la versión de un poema que nos ayude a pensar el confinamiento. Rutina, refugio, exploración… Que cada lector escoja el uso que quiere dar a este diario en clave.
«Los tres cuentos reunidos en este libro son además de una celebración del cuerpo femenino, una fiesta de la música, la noche, el cine, el humor, la sensualidad y el sexo«.
Capítulo 6
Orlando Luis comenzó a caminar, convencido de que afuera lo esperaba una de esas patrullas color mierda del G-2, lista para recapturarlo y secuestrarlo, ahora hacia Villa Marista o alguna de las incontables “casas de protocolo” escondidas por toda La Habana y el resto de la Isla de la Libertad.
De Albertine Sarrazin recuerdo su rostro y enseguida pienso en sus pies, que supieron volar tan lejos. Sus pies paseándose por las calles húmedas de París en busca de clientes. Sus pies no aptos para zapatos de tacón. Su pie con mala suerte, destrozado al caer del muro cuando se escapaba del penal de Doullens, una noche fría de 1957, a los diecinueve años.