“Me siento en un parque. Soy como el personaje de la película de Wim Wenders, el japonés limpiador de baños”.
“Me siento en un parque. Soy como el personaje de la película de Wim Wenders, el japonés limpiador de baños”.
Los días finales del hombre que venera la belleza masculina sin ceder a la carnalidad y que se deja conducir al matadero por esa belleza y por el amor a Jesucristo.
Insatisfechos de no poder hacer arte, sino de perpetuamente pensarlo y sopesarlo, queríamos pasar a la acción.
Reuters: “Las elecciones podrían dar paso al primer gobierno de extrema derecha del país desde la Segunda Guerra Mundial”.
AP: “El primer atleta transexual de Cuba muestra los progresos y los retos a los que se enfrentan las personas LGBTQ en la isla”
The New York Times: “No se puede esperar que los votantes ignoren lo que fue evidente: Biden no es el hombre que era hace cuatro años”.
The New York Times: “Si el presidente Biden se planteara seriamente abandonar la carrera, la primera dama sería la figura más importante, aparte del propio Biden, para tomar esa decisión”.
The New York Times: “Puede utilizar su verdadero superpoder: será una implacable fiscal del clarísimo caso político contra Donald John Trump”.
The New York Times: “Los demócratas tienen la obligación política de elegir al candidato con más probabilidades de ganar. Esto se convierte en una obligación moral”.
Ginés Liébana es un tipo pervertido y perverso. Lo es porque mientras que otros se dedican a citar o a reverenciar al modelo de la fascinación y de la admiración, él fagocita, expolia y redefine esa usurpación de los maestros de ayer para convertirse en un Dandi de hoy.
José Alberto Lezcano no sostiene con las películas que ama una relación posesiva, y las que detesta tampoco las echa a los perros. En cuestiones cinéfilas puede ser colocado a la altura de Guillermo Cabrera Infante y Eduardo Manet.
Los negocitos domésticos en Cuba son los menos privados de todo. Son empresas estatales con una careta al descaro. Sólo por este detalle el castrismo no es una dictadura como tal.
Por puro ejercicio de poder se impone un sentido único y se hecha a un lado el análisis histórico y estético. El procedimiento es muy claro: “si estás dentro de esta sala estás conmigo”, sin importar lo que el artista o la obra misma tengan que decir.