Una transición democrática hacia el Estado de derecho y la economía de mercado todavía puede ser abortada por el castrismo.
Una transición democrática hacia el Estado de derecho y la economía de mercado todavía puede ser abortada por el castrismo.
Los Estados Unidos continuarán siendo un país maravilloso porque su gente es maravillosa.
“¡Abrí la boca y algo del chorro brillante me cayó en la boca! Salado. Definitivamente la orina es de sabor salado. Me orinaste. Perverso”.
La posición hipócrita de las autoridades culturales cubanas queda expuesta: predican inclusión mientras practican la exclusión.
¿Qué se ama cuando se ama un país? ¿Un territorio, una lengua, una memoria, una costumbre? ¿O una idea que exige permanencia?
Un mecanismo de autodefensa me obligó a compartimentar a mi propia madre, sabiendo que nunca más podría confiar en ella.
La administración Trump busca interlocutores dentro del régimen en La Habana que puedan pactar el fin del gobierno comunista.
Cuba representa un caso de impunidad prolongada y “estabilizada”.
La Habana vive en mí, respira y se revela como algo que no podría definir con exactitud, pero que me mantiene siempre a la expectativa de verla con otros semblantes.
Mientras un Estado policial despliega su fachada democrática, la venta de una realidad paralela es otro ejercicio de represión e invisibilización de la vida que llevan los cubanos.
Los votantes chilenos rechazan una Constitución conservadora tras haber derrotado previamente una carta magna de izquierdas.
Corea del Norte dispara un misil balístico intercontinental al mar y aumenta las tensiones al reanudar las pruebas de armamento de alto nivel.
Trump acusó a los inmigrantes, en particular a los que carecen de estatus legal, de “envenenar la sangre de nuestro país”.
Los “estadounidenses accidentales” presentan una demanda solicitando la devolución de su dinero tras renunciar a sus ciudadanías.
En cada frase del gobierno percibo un tufo de segregación, como si nos tuvieran asco. Como si mirando por encima del hombro y la panza y la guayabera encartonada, por encima de sus perlas falsas, los cuellos cirrosos quisieran aplastarnos. Pero entonces no tendrían quien trabaje para ellos.