La sangre de los cristianos está regando la tierra de África, con Nigeria como epicentro. Como analista principal de investigación del Observatorio de Libertad Religiosa en ese continente (ORFA, por sus siglas en inglés), Steven Kefas ha seguido de cerca historias estremecedoras de martirio.
Actualmente, es uno de los principales colaboradores del impactante estudio de seis años realizado por ORFA sobre la violencia y la libertad religiosa en Nigeria. Debido a su labor de periodismo de investigación —documentando violaciones de derechos humanos e inseguridad en el estado de Kaduna—, Kefas enfrentó una presión creciente por parte de las autoridades hasta que fue detenido y encarcelado durante 162 días en mayo de 2019.
Kefas fue testigo de muertes entre los reclusos y sufrió problemas de salud. “Una experiencia que solo fortaleció mi determinación de seguir denunciando la injusticia”, declaró para esta entrevista.
Durante más de una década, ha documentado minuciosamente la persecución religiosa, el terrorismo, las matanzas masivas, los secuestros y los desplazamientos forzados en la región del Cinturón Medio de Nigeria y otras zonas afectadas, combinando investigaciones de campo, entrevistas a supervivientes y análisis de datos para comprender mejor las causas de la violencia y garantizar que no se ignoren las voces de las víctimas.
¿Cuáles fueron las conclusiones del reciente informe de ORFA sobre violencia y fe en Nigeria?
La magnitud de la violencia documentada por ORFA es abrumadora.
Entre 2020 y 2025, nuestra investigación documentó 79.323 personas asesinadas y 34.773 civiles secuestrados en toda Nigeria. En promedio, esto equivale a unos siete ataques y 36 muertes diarias a lo largo del periodo de seis años que abarca el informe.
De las víctimas mortales, 42.033 eran civiles, mientras que 37.290 eran miembros de las fuerzas de seguridad o de grupos armados. Uno de los hallazgos más significativos del informe es que Boko Haram y el Estado Islámico en África Occidental (ISWAP), a pesar de acaparar la mayor atención internacional, fueron responsables de apenas el 12 por ciento de las muertes de civiles durante dicho periodo.
En cambio, los grupos que ORFA clasifica como “grupos terroristas fulani” fueron responsables de 18.577 muertes de civiles, lo que representa cerca del 44 por ciento de todos los asesinatos de civiles documentados.
La dimensión religiosa de la violencia es igualmente preocupante. ORFA documentó el asesinato de 28.551 cristianos y 13.224 musulmanes. Al ajustar las cifras según la población de los estados afectados, la tasa de asesinatos de cristianos fue aproximadamente 4,4 veces mayor que la de los musulmanes.
Si bien las cifras brutas de secuestros parecían relativamente similares —15.932 cristianos y 15.272 musulmanes—, nuestro estudio complementario, Captivity by Creed (Cautiverio según el credo), reveló diferencias significativas en el trato que recibían las víctimas. Los cautivos cristianos se enfrentaban sistemáticamente a exigencias de rescate más elevadas, periodos de cautiverio más largos, un trato más cruel, mayor presión para renunciar a su fe y una mayor probabilidad de ser ejecutados incluso después de haberse pagado el rescate.
Estos hallazgos cuestionan muchas de las suposiciones predominantes sobre el conflicto y subrayan la necesidad de comprender la violencia que afecta a Nigeria basándose más en evidencias.
¿Qué desafíos enfrentó ORFA al realizar la investigación de campo?
Los mayores desafíos fueron la seguridad y la financiación.
Muchas de las comunidades que estudiamos son zonas de conflicto activo donde los ataques siguen siendo frecuentes. Llevar a cabo investigaciones de campo a menudo implicaba desplazarse a áreas con un riesgo real de ataques terroristas, secuestros o emboscadas. En muchos casos, nuestros investigadores tuvieron que trabajar en condiciones extremadamente difíciles, garantizando al mismo tiempo la seguridad de los supervivientes que accedían a hablar con nosotros.
La financiación también ha sido una limitación importante. ORFA ha llevado a cabo esta extensa investigación con recursos relativamente modestos. A pesar de estas restricciones, hemos creado una de las bases de datos más completas sobre la violencia relacionada con la libertad religiosa en Nigeria.
Con un mayor apoyo financiero, podríamos ampliar nuestra cobertura geográfica, aumentar la frecuencia de las investigaciones de campo, verificar aún más incidentes y ofrecer una imagen más completa de la crisis.
¿Podría compartir algunas de las historias que más le impactaron a usted o a su equipo durante la recopilación de datos?
Los testimonios de los supervivientes que pasaron meses —y en algunos casos, cientos de días— en cautiverio a manos de terroristas fueron los que más me impactaron personalmente. Sus relatos nos ofrecieron una perspectiva poco común sobre el funcionamiento interno de los grupos terroristas, sus métodos y, lo que es más importante, las motivaciones detrás de muchas de sus atrocidades.
Una historia que sigue marcándome profundamente es la de las mujeres cristianas secuestradas en comunidades del sur de Kaduna. Muchas fueron agredidas sexualmente de forma reiterada por sus captores, embarazadas a la fuerza, y presionadas u obligadas a convertirse al islam durante su cautiverio.
Tras soportar meses de sufrimiento inimaginable y recuperar finalmente su libertad, algunas regresaron a casa solo para enfrentarse al rechazo de sus propias familias. En varios casos, sus maridos se negaron a aceptarlas de nuevo porque volvían con hijos concebidos mediante violación.
Estas mujeres sobrevivieron al terrorismo solo para enfrentarse a otra forma de trauma al regresar a casa. Sus historias nos recuerdan que las consecuencias del terrorismo van mucho más allá del ataque en sí y a menudo persisten mucho después de que las víctimas escapan del cautiverio.
¿Cuál es la reacción habitual de las autoridades nigerianas ante informes de este tipo?
La reacción ha sido con demasiada frecuencia de negación o desestimación, en lugar de un análisis serio de las pruebas.
En vez de reconocer la magnitud de la crisis y responder a las preocupaciones planteadas por investigadores independientes, las autoridades han intentado con frecuencia minimizar los informes que documentan la violencia dirigida por motivos religiosos. Esto quedó patente cuando el gobierno estadounidense, bajo la presidencia de Donald Trump, expresó su preocupación por la persecución de los cristianos en Nigeria.
En lugar de abordar las causas subyacentes, el gobierno nigeriano rechazó enérgicamente esas caracterizaciones y refutó públicamente las conclusiones. También contrató a la firma de cabildeo estadounidense DCI Group mediante un contrato valorado en aproximadamente 9 millones de dólares para mejorar la imagen internacional de Nigeria.
Espero que los futuros informes no sean recibidos con negación, sino con un diálogo constructivo, una investigación transparente y acciones significativas para proteger a las comunidades vulnerables.
¿Podría decirse que los esfuerzos de los grupos terroristas en Nigeria tienen como objetivo eliminar o disminuir la presencia cristiana en el país, especialmente en la zona de transición geográfica y sociopolítica del centro de Nigeria, conocida como el Cinturón Medio?
Según los hallazgos de ORFA, creo que existen pruebas contundentes de que, particularmente en el Cinturón Medio de Nigeria, muchos ataques de grupos terroristas fulani se dirigen desproporcionadamente contra las comunidades cristianas.
El patrón que documentamos va más allá de ataques aislados.
El Cinturón Medio separa el extremo norte, predominantemente musulmán, del sur, mayoritariamente cristiano, y se caracteriza por su gran diversidad etnolingüística y su crucial producción agrícola. ¿Es este un factor que influye en la violencia?
Aldeas agrícolas cristianas enteras han sido atacadas repetidamente, iglesias destruidas, clérigos asesinados o secuestrados, y miles de comunidades predominantemente cristianas desplazadas por la fuerza. En numerosos casos, las comunidades desplazadas no han podido regresar a sus tierras ancestrales durante años, y se informa que algunas aldeas abandonadas han sido posteriormente ocupadas por los atacantes u otros.
Si bien las motivaciones pueden variar entre los diferentes grupos armados y regiones de Nigeria, la evidencia de muchas partes del Cinturón Medio indica que las comunidades cristianas han sido atacadas de manera desproporcionada, lo que ha reducido significativamente su presencia en las zonas afectadas.
En 2016, la BBC y otros importantes medios de comunicación presentaron la violencia en Nigeria como disputas entre pastores. ¿Ha notado algún cambio en la narrativa de los principales medios de comunicación con respecto a la violencia en Nigeria?
Sí, creo que ha habido un cambio gradual.
Hace una década, gran parte de los medios internacionales describían la violencia principalmente como “enfrentamientos entre agricultores y pastores”, lo que implicaba que ambas partes estaban involucradas en disputas comunitarias prácticamente equivalentes por tierras y recursos de pastoreo. Ese enfoque pasó por alto los ataques organizados, sostenidos y a menudo altamente letales contra comunidades civiles que muchos investigadores locales y comunidades afectadas habían estado documentando durante años.
Sin embargo, cada vez más periodistas, investigadores, responsables políticos y organizaciones internacionales reconocen que muchos de estos incidentes no pueden explicarse adecuadamente solo como conflictos por recursos. La escala, la organización y los ataques recurrentes contra poblaciones civiles apuntan a un desafío de seguridad mucho más grave que involucra la violencia terrorista llevada a cabo por grupos militantes armados fulani en muchas partes de Nigeria.
Si bien algunos medios de comunicación continúan utilizando la narrativa de agricultores y pastores, ahora existe una apreciación más amplia de que la violencia es más compleja. Además, el terrorismo, el extremismo ideológico, la criminalidad y los ataques religiosos desempeñan papeles importantes en diferentes partes del país. Creo que esta comprensión más matizada es un paso importante hacia el desarrollo de respuestas efectivas.

Diario de la invasión (IX)
Los 250 años de Estados Unidos eran equivalentes a los cero años que los cubanos hemos vivido en democracia.









